La neuromotricidad en los niños

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Colaboración Prof. Lic. Casiano Carballo

Las primeras experiencias de aprendizaje del niño se dan en el dominio de la coordinación motriz, adaptándose y explorando las nuevas y cambiantes situaciones que le rodea. Según Sugrañes y Ángels (2008): “el niño se adapta al mundo que le rodea desde que nace, a través de diversas acciones motrices, y explora, conoce, aprende y se conecta al mundo exterior a partir de esa necesidad de moverse que tiene, lo que hará que aparezcan aprendizajes presentes y futuros”.

En tanto que otros especialistas, añaden que el niño necesita moverse para desarrollarse, aprender a través de sus movimientos y controlar sus impulsos, siendo la motricidad uno de los aspectos de más influencia en los procesos de desarrollo y aprendizaje; influyendo en la vida cotidiana y en sus fines educativo.

Para producir un desarrollo integral y armónico del niño es de vital importancia la estimulación psicomotriz. El niño necesita moverse para canalizar su energía a través del movimiento, ya que se trata de un proceso dinámico de aprendizaje para el cerebro humano, en cuanto a su desarrollo cognitivo, social, afectivo y emocional.

Tan importante es la relación y conexión entre el cerebro y cuerpo (Jensen, 2008), que los mecanismos de aprendizajes primarios y básicos del niño como son la lectura y la escritura, se verán mejorados encontrándose implícitos en las diferentes áreas motrices, así como la simbolización y el lenguaje en un nivel superior cerebral.

El camino hacia el aprendizaje es activado por la emoción, de manera que los educadores lo primero que debemos establecer como objetivo no es la transmisión de contenidos, si no lograr captar la atención de nuestros alumnos, formando parte las emociones de la metodología de trabajo como reacciones psicofisiológicas, biológicas o/y de estados mentales ante diversos estímulos.

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