La naturalización de la censura

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Sebastian Sarubi
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La censura como forma de control de los discursos circulantes tiene una historia muy larga, siempre ha formado parte de la vida de las sociedades, con distintos matices según el nivel de autoritarismo de los respectivos gobiernos.

Encontraremos cuantiosos ejemplos de esta práctica a lo largo de la historia de los pueblos, o de los que nos dejen indagar de ella. Algunos libros cuentan que el primer emperador de China, Qin Shi Huangdi, luego de que unificara el país en el año 221 antes de Cristo, suprimió el discurso intelectual, con el fin de unificar todos los pensamientos y las opiniones políticas. La justificación era que los intelectuales cantaban falsas alabanzas y hacían crecer la disidencia mediante la difamación. Así seguramente cada pueblo y nación tendrá sus propias historias de control y censura. En Argentina, durante el último gobierno de facto, cientos de libros fueron prohibidos, secuestrados y retirados de circulación, pero también se ejecutaron estrategias de control cultural muy severas, en distintos planos y expresiones, incidiendo en los modos de producción y circulación de música, arte, cine, literatura, etc.

En algún sentido podemos considerar que el primer país en el que hubo manifestaciones claras a favor de la «libertad de expresión» fue Inglaterra, incidiendo en la configuración de la misma como garantía institucional de la democracia, en siglo XVI. Esta idea considera una doble naturaleza de este término, como derecho subjetivo por un lado, y como garantía institucional de una opinión pública libre, por otro.

En principio, partiendo de uno de los argumentos a partir de los cuales se pretende justificar el control de la información circulante, tenemos que considerar el concepto “posverdad”, que podríamos definir como la situación en la que los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales.

El filósofo, humanista y pensador británico A.C. Grayling, que ha dedicado algunos escritos a este tema, afirma «Todo es relativo… ya no existe la verdad», y sitúa un momento clave de esta construcción la crisis de 2008, la disconformidad de la clase media y, de modo determinante, el avance de las redes sociales, en las que se evidencia, según sus palabras, un ‘Mi opinión vale más que los hechos’. Es sobre cómo me siento respecto de algo», explica el filósofo, destacando el aspecto narcisista, justamente exacerbado en las redes sociales, a partir de la experiencia de empoderamiento de cada sujeto, por el hecho de que todos pueden publicar su opinión. Grayling advierte que el problema es una cultura online incapaz de distinguir entre realidad y ficción.

Por otra parte, quienes manejan los hilos de este gran relato oficial, justificarán el control de la información bajo el argumento del riesgo a la población mundial que puede ocasionar la información incorrecta.

Si bien no es el tema específico de esta reflexión, no podemos dejar de decir que sería muy difícil pensar en un escenario como el actual sin considerar los procesos de globalización y concentración extrema del poder económico, siempre existentes, pero acentuados sobre todo luego de la segunda guerra mundial. Por otra parte, esta situación deriva casi automáticamente en la concentración de la propiedad de los medios de comunicación. Todas éstas, circunstancias que atentan fuertemente contra la posibilidad de una verdadera libertad de expresión y la pluralidad de voces.

“Chequeadores”

Todas las redes sociales grandes, como por ejemplo Twitter, Instagram o incluso Snapchat, limitan lo que se puede o no se puede publicar. Generalmente basan este control en criterios según los cuales se pretende «moderar» la información, según las políticas de contenido, «normas comunitarias», como podría ser, la prohibición de desnudos, incitaciones al odio, promoción del terrorismo, acoso, etc. Por supuesto, en cada medio, cada norma y su concreta aplicación, siempre enmarcada en un determinado modelo ideológico y de intereses. Sin embargo en los últimos años, incluso en países que podríamos calificar de «más democráticos», incluso, podemos observar, el control de los contenidos de los usuarios de un modo más contundente.

Ya antes de la pandemia, veníamos viendo el crecimiento de la red internacional de agencias de Fact-Checking o «verificadoras de contenido», financiadas en su mayoría por el llamado GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple), ampliamente denunciado en Europa y Estados Unidos, pero que en general siempre ileso, suponemos, gracias a un poderoso lobby, gracias al cual han escapado de las medidas antimonopolio, además de una enormidad de juicios sobre violaciones de la privacidad, entre otros.

En febrero de 2021, ya Adobe, Arm, BBC, Intel, Microsoft y Truepic institucionalizaban una coalición “para desarrollar un estándar abierto de extremo a extremo para rastrear el origen y la evolución del contenido digital”. Una suerte de gran coalición de «certificadores de la veracidad».

Referencia:

https://news.microsoft.com/2021/02/22/technology-and-media-entities-join-forces-to-create-standards-group-aimed-at-building-trust-in-online-content/

En este sentido, el Proyecto Origin, https://www.originproject.info/about, conformado a partir de una alianza entre la BBC, CBC/Radio-Canada, The New York Times y Microsoft, pretende “combatir la desinformación”. Esta iniciativa, en sus objetivos, declara “este proceso podría abarcar la publicación tradicional (electrónica e impresa), la tecnología de la información, las redes sociales y el software de consumo. Estamos planeando una colaboración interorganizacional de múltiples partes interesadas en torno a la lucha contra la desinformación”.

«Ministerio de la Verdad«

A menudo nos encontramos con personas cuyas publicaciones, incluso sus perfiles han sido bloqueados por las redes sociales. En diferentes escalas la ingeniería de control puede llegar a ser determinante para definir un estado de cosas. Un ejemplo claro es la expulsión de Donald Trump de Twitter y facebook, tras sus mensajes previos a los asaltos que tuvieron lugar en el Capitolio tras las elecciones presidenciales de 2020. Esta situación es aún más interesante a partir de la creación de una red social propia del ex presidente de Estados Unidos. Curiosamente denominada «Truth» (verdad), disponible en AppStore desde el 21 de febrero de 2022. No obstante, esta red, definida por los creadores como un medio «que fomenta una conversación global abierta, libre y honesta sin discriminar la ideología política«, en sus primeras horas ya suspendió cuentas de opositores que comenzaron tempranamente a criticar a su referente.

Algoritmos digitales y ejércitos humanos intensifican su acción para lograr la univocidad de los discursos, constituyendo un orweliano “Misterio de la Verdad”, en el que el lenguaje es un elemento determinante para construir “la realidad”. En la novela 1984, George Orwell, nos abría los ojos sobre el funcionamiento de los regímenes totalitarios. Un panorama oscuro en el que la pantalla de la televisión nos observa y todo el mundo espía a todo el mundo.

El doble pensamiento, mantener dos ideas contradictorias al mismo tiempo; La Policía del Pensamiento; el Ministerio del Amorque aniquila a todo disidente; el Ministerio de la Paz que desata la guerra; las máquinas dedicadas a escribir novelas que producen pornografía con la que sobornar a las masas. Todo parece resonarnos en esta ficción premonitora.

Sin embargo, la sociedad en general no parece llamarle la atención este nivel de control. ¿Cómo llegamos hasta acá? Quizás volvemos a vivir el síndrome de la rana hervida (cuando los procesos se dan progresivamente tan lentos que sus daños puedan percibirse como a largo plazo o no percibirse, la falta de conciencia genera que no haya reacciones o que estas sean tan tardías).

Para cerrar quisiera simplemente hacer referencia a una situación de candente actualidad, un capítulo aparte, que surge luego de la publicación de esta nota, y que ameritaría un tratamiento especial es, a partir del conflicto Rusia – Ucrania, la cuestión de la prohibición de los medios de origen ruso Sputnik y Russia Today en prácticamente todo el mundo, en el caso de la Unión Europea, argumentando «desinformación dañina». Plataformas como Twitter, Youtube o Facebook han bloqueado las cuentas de estos medios como así también otros de nacionalidad rusa, en todo el mundo. Incluso Telegram, aplicación de mensajería que mantiene una política de intervención bastante baja, ha decidido bloquear estos medios.

Por estas latitudes, es bastante habitual la condena mediática hacia Rusia por sus bloqueos a medios de comunicación y redes sociales, no obstante, está claro que no hay países limpios de estas prácticas.


Me pareció oportuno, compartir algunos medios y recursos digitales menos controlados.
(Fuente: https://elinvestigador.org/lista-plataformas-resistentes-censura/)

Buscador sustituto de Google:

https://duckduckgo.com

https://www.startpage.com

Mensajería instantánea sustitutos de WhatsApp:

Telegram, Signal. Threema.

(Con comunicaciones encriptadas para preservar la privacidad incluidas llamadas o videollamadas).

Plataformas de vídeo alternativas a YouTube y Vimeo:

Odysee.com , Bitchute.com , Rumble.com , Brighteon.com , brandnewtube.com , loveotv.com , lbry.tv

Plataformas para emisión de DIRECTOS, alternativa a YouTube o Twitch:

Odysee.com o Theta.tv (con tecnología Blockchain descentralizada no puede ser censurada).

Guardar archivos de forma privada en la nube, o poner enlaces que no los borren (alternativas a GDrive o Dropbox):

Mega.nz , Sync.com

wetransfer.com (una semana).

Emails que respetan la privacidad (alternativas a Gmail o Hotmail):

Protónmail.com , tutanota.com , criptext.com

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