Victoria (Paralelo 32).- Tres, dos, uno: acción. Daniel Gómez sostiene la guitarra como lo hacen los concertistas. Está en su casa, atrás se ve un monitor, un cuadro que parece un daguerrotipo y un amplificador. Ése es el justo escenario para su recital en vivo. Los espectadores también están en sus casas mirando, escuchando.

Daniel está stremeando. Esto quiere decir que está transmitiendo en vivo. Lo hace desde Facebook. El público comenta, lo aplaude con emoticones, le escribe: “¡Genio!”.

Al principio se mostraba escéptico ante la advertencia de sus colegas: “Mirá que transmitir en vivo es como tocar en un escenario”. Pero luego, poco a poco un vértigo le recorre el cuerpo. “Tenían razón, al tocar se siente la energía del vivo”, reconoce después, en diálogo con nuestro semanario.

A Daniel se le ocurrió compartir su arte con la gente por varios motivos. Para visibilizar la situación de los artistas en el marco de la pandemia, para establecer una comunión con la gente a través de la música y como otra opción para adaptarse al aislamiento.

“El mundo de los músicos independientes viene sufriendo fuertes embates desde hace tiempo, por eso estamos acostumbrados a zafar”, señala. “Esta situación nos hace frenar el ritmo al que veníamos y nos da tiempo, por ejemplo, para escuchar un CD entero, hacer todo el ritual de escuchar un CD y analizarlo”, añade.

—¿Cómo fue tu experiencia stremeando?

—Hubo gente que se quedó los 43 minutos que duró el recital, cosa que no es habitual en los tiempos que corren. Cuando yo era adolescente había una especie de ceremonia a la hora de escuchar un disco. Además, también sirvió como una manera de conectarnos con las cosas que le hacen bien al alma. Por otro lado, queda la grabación del stream, por lo que hace el trabajo aún más comprometido. En definitiva, me pareció algo placentero, la gente que lo vio me comunicó que le gustó y que le hizo bien. Los músicos cumplimos cierta función social. Mi forma de ayudar es con la música.

Ahora el desafío para Daniel (y los músicos independientes en general) es adaptarse. El guitarrista explica que está intentando “reinventar” las clases para seguir dándolas de manera virtual. Se mantiene gracias a que le han encargado arreglos, pero debe acomodar el resto de las cuestiones.

Por otro lado, Daniel sostiene que este período de adaptación tendrá que hacerse sí o sí en el mundo de los músicos ya que, por más que la cuarentena concluya, no se sabe cuándo las actividades comunes se reintegrarán. Lo anterior supone un reto antes sugerido, brindado como una opción mediante la tecnología, pero que hoy se muestra como la única alternativa de trabajo.

“Mi anhelo es que vengan tiempos mejores, sobre todo desde la sensibilidad humana. Respecto a lo económico, aliento a los compañeros músicos a que sigamos resistiendo porque por algún lado lo vamos a resolver”, reflexiona.

Cuando el show terminó no hubo telón de cierre. En lugar de eso, la mano de Daniel se acercó al botón de la cámara y fin. Cientos de reproducciones, comentarios y veces compartidas. Los números en Internet siempre se modifican. La conclusión es clara: lo que antes era una invitación a la adaptación, hoy adquiere un tinte darwiniano.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here