Lic. Noelia Gartner (*) para Paralelo 32.- Muchas personas son resistentes a los eventos estresantes y tienen las habilidades necesarias para salir ilesos de ello, pero también es una realidad de que es probable que la pandemia que se vive en todo el mundo afecte a otras personas de una u otra manera, en cómo nos sentimos, en lo que pensamos, en lo que nos encontramos haciendo y sin duda, en nuestras relaciones. Esto es debido a que todos diferimos en la forma en que reaccionamos a los factores estresantes psicosociales, que pueden variar desde el miedo, la indiferencia y el fatalismo.

Es necesario saber, que durante este período hay emociones que se intensifican, como el miedo, la ansiedad, la tristeza, entre otras. Emociones que suelen ser incómodas cuando aparecen, pero que son necesarias ya que traen mucha información para brindarnos. El miedo o la ansiedad puede motivarnos para hacerle frente a ésta amenaza “invisible” que hoy nos toca vivir, cumplir con el aislamiento, con los cuidados y medidas preventivas. La tristeza puede darnos la información de que algo no anda bien, que hay cosas fuera de nuestro control, que no tienen una solución obvia, y que necesitamos reunir las fuerzas para hacerle frente a lo que se viene. Como vemos, cada emoción nos dice algo y nos ayudan a hacer algo que pueda ser útil para nosotros, hacerle frente a esa situación de una manera que pueda servirnos.

El problema puede aparecer, cuando estas emociones se quedan a vivir con nosotros, porque nos enganchamos con los pensamientos que aparecen, preocupándonos por cosas que aún no sabemos si ocurrirán (¿y si pasa tal cosa o sucede tal otra?), o gastamos nuestro tiempo “rumiando”, recordando cosas que ya pasaron y/o lamentándonos, sobre una situación o sobre lo que fuimos anteriormente. Es inevitable que, de esta manera, las emociones incómodas crezcan aún más. Siempre les digo a mis pacientes que están alimentando a esa emoción, le están dando de comer y la hacen crecer. Pero también, otra manera sorprendente en que estas emociones pueden intensificarse, es cuando evitamos enfrentarnos a todo aquello que nos produce un malestar, por el miedo a que ocurra lo que temo, o porque si sucede no lo voy a poder soportar. En este momento podrías preguntarte: “pero si yo trato de esquivarle a eso que tanto miedo tengo, ¿cómo va a seguir creciendo ese sentimiento?”. Y es que cuando no le hacemos frente a ese “fantasma”, podemos idealizarlo, imaginándolo peor de lo que aún es, pero cuando le sacamos la máscara podemos ver que quizá no era tan terrible.

Pero volviendo a la problemática que hoy en día nos acecha, el miedo y la ansiedad se vuelven aún más frecuentes en medio de una pandemia, principalmente los distintos tipos incertidumbres (no saber lo que puede ocurrir), como: incertidumbre sobre la infección, la gravedad de la misma, si las personas de alrededor están infectadas, como también los objetos o superficies, sobre el tipo óptimo de tratamiento o medidas de prevención. Entonces, aquellas personas que no puedan o no quieran aceptar la incertidumbre, aceptar que hay cosas que están fuera de nuestro contol y que no podemos apostar 100% en saber si ocurrirá o no, se verán afectadas experimentando una angustia considerable y/o una ansiedad elevada, viviéndolo como un malestar intenso.

Hoy en día es común vivir el “contagio emocional”, las investigaciones han mostrado que el miedo se propaga al ver o escuchar a personas expresar su temor sobre un problema, ver rostros temerosos acompañados de posturas corporales al unísono, o al escuchar voces asustadas, lo cual puede llevarnos a imitar dichas conductas y donde todo esto puede desencadenar o amplificar el miedo, exacerbándose, y generando un problema.

Por otro lado, en cuanto al distanciamiento social general, el aislamiento físico puede ser un efecto adverso. Nos encontramos con el cierre de las escuelas, de los lugares de trabajo, cancelaciones de eventos sociales, el cierre de negocios no esenciales, entre otros; y esta imposibilidad de movilizarnos como habitualmente lo hemos realizado antes de esta pandemia, nos ve afectos al distanciamiento físico con nuestros seres queridos, como familiares o amigos, sin embargo, podemos obtener un contacto social y significativo a través de las redes sociales, que permitan continuar con dichas relaciones. De esto modo, el distanciamiento físico no nos impide el contacto social.

En opinión personal, dependiendo de la personalidad de cada uno, nos veremos afectados por el impedimento del contacto físico con las personas que tanto queremos, privándonos de los abrazos y besos que rodean los encuentros sociales, quizá en este momento comenzamos a recordar y prestar atención a aquellos detalles que con anterioridad formaban parte de lo habitual, podemos encontrarnos deseando volver al encuentro de aquellas personas que amamos y poder abrazarlas.

Generalmente en la rutina diaria que cada uno lleva, no contamos con todo el tiempo disponible que a veces quisiéramos para poder tener dichos encuentros sociales, por las obligaciones que nos vemos exentos en cumplir; pero con el período de aislamiento, dichas rutinas han cambiado en la vida de la mayoría de las personas, disminuyendo la actividad laboral o la movilización y nos encontramos con un mayor tiempo libre. Por esto brindaré diferentes estrategias que pueden ser útiles para que la cuarentena se vea más amigable:

  • Generar rutinas con horarios específicos para realizar actividades de ocio, actividad física, tiempos de limpieza e higiene, respetando horarios de almuerzo y cena que antes eran habituales, como así también los horarios de sueño.
  • Establecer un momento del día y horario para poder comunicarse virtualmente con seres queridos.

 

  • Realizar actividades placenteras para uno, como leer un libro, cocinar, dedicarse al cuidado de plantas, etc.

 

  • Establecer objetivos para cumplir en tiempos cortos de la cuarentena, y objetivos o metas para el tiempo luego de la cuarentena.

 

  • Utilizar pedidos positivos en la comunicación dentro del hogar, ya que al encontrarnos en el mismo ámbito las mismas personas por tanto tiempo, pueden generarse conflictos que antes no sucedían, entonces podemos utilizar estos pedidos positivos para solicitar algo a otra persona utilizando “me gustaría que…” y agregando el hecho de cómo nos haría sentir si eso se realizara; ej: “me gustaría que compartamos un momento juntos a la tarde hablando y tomando mate, eso me haría sentir importante”.

 

  • No esperar a “tener ganas” para hacer una actividad, la motivación no siempre es intrínseca, es decir, no siempre van a nacer de adentro “las ganas de”, siempre es fluctuante, es normal que haya días que nos encontremos con todas las energías para hacer lo que nos hemos propuesto y otros dónde preferimos estar más inactivos. En este caso, es bueno obligarse a cumplir con un mínimo de rutinas, aunque no tengamos ganas.

 

  • Cuando nos invadan los pensamientos negativos, preocupándonos o rumiando sobre algo, concéntrate en detectar qué es lo que estás pensando en ese momento (puede ser útil que lo escribas en un papel), piensa qué emoción estás sintiendo y en base a todo esto, qué es lo que estás haciendo (¿pasaste el día entero en la cama? ¿estás llorando más de lo habitual?, etc). Entonces evalúa ese pensamiento: ¿qué probabilidades hay de que ocurra realmente eso que tanto temo?, ¿podría haber alguna otra explicación para esto que me está pasando o estoy pensando?, y si pasara ¿podría sobrellevarlo?, etc.

Es importante entender, que tenemos miles y miles de pensamientos automáticos en nuestra cabeza, que vienen a nosotros sin un razonamiento previo, y no todos son ciertos, el problema es que le damos tanta importancia y dirigimos la atención exclusivamente en ellos, que lo vivimos como si fuera una avalancha enorme de nieve que sobreviene a nosotros.

Por último, recuerda que cada uno puede elegir qué hacer con el aislamiento obligatorio, lo que hagamos dependerá de que nuestras emociones incómodas (pero necesarias y útiles) se queden a vivir con nosotros, o que vengan a brindarnos información de lo que realmente nos está pasando y podamos hacer algo distinto pero útil para que “esa emoción o sentimiento” no nos atormente.

Si estas emociones ya se han quedado anteriormente con vos y les has hecho un lugar en tu casa, convirtiéndose en las compañeras de tu vida, y hoy en día continúas presentando dificultades o han empeorado, no dudes en buscar ayuda de un profesional.

 

 

(*) Psicóloga – MP 2017 – Terapia Cognitiva Conductual

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