En medio de distorsiones, como consecuencia directa de congelamientos de precios clave de la economía, la profunda recesión económica, y la incapacidad de relevar parte de la información oficial en medio de la cuarentena obligatoria, la inflación se desaceleró en abril.

El Indec informó hoy que la suba de precios del mes pasado fue 1,5%, sumó un 9,4% en el primer cuatrimestre y acumula 45,6% en doce meses. De esta manera, el índice de precios al consumidor (IPC) no sólo mostró su variación más baja en el año, luego de la ralentización en enero (2,3%), febrero (2%) y marzo (3,3%), sino la menor desde 2017.

Sin embargo, y pese a los férreos controles que impulsa el Gobierno, el aumento en el precio de los alimentos duplicó al nivel general de inflación: en abril avanzó 3,2%. Por eso, la suba de precios núcleo, sin valores estacionales y regulados, avanzó 1,7%.

Justamente, la mayor suba del mes estuvo concentrada en los valores que integran ese capítulo del IPC. También avanzaron: Prendas de vestir y calzado (1,5%), Restaurantes y hoteles (1,5%), y Bebidas alcohólicas y tabaco (1,4%). En los dos primeros, no obstante, el Indec debió aclarar que tuvo que «imputar» esas variaciones en base a la metodología vigente por la inactividad de esos rubros durante abril. Marco Lavagna, director del Indec, ya había anticipado esa situación a través de los medios y de un comunicado enviado semanas atrás.

«Se excluye todo lo que está cerrado y toma la variación de lo que está abierto, y se pesa lo que está abierto. Hay que tener en cuenta que en el cálculo se imputa la variación del nivel general para los rubros que no tienen transacciones, de forma que no distorsione el índice. Lo que está abierto se calcula con su propia variación», aclararon hoy desde el Indec a los medios.

Pero además se registraron bajas dentro del índice, como por ejemplo, las registradas en Comunicación, que cayó 4,1% y Educación, que retrocedió 1,5%. El primero se había disparado en marzo un 17,5% como consecuencia de las subas de las cuotas de los colegios, entre otras cosas. Sin embargo, retrocedió gracias a algunos recortes de las mismas tras la suspensión.

El Gobierno mantiene congelados dos precios determinantes: el del dólar comercial, que se mueve muy lentamente, presionado por los alternativos, y el de los servicios públicos, como gas, agua, transporte y electricidad. Por otra parte, la recesión -que profundizó la cuarentena obligatoria como causa de la pandemia- clausuró la posibilidad de aumentos de sueldos.

La desaceleración se da en el contexto de una fuerte emisión monetaria impulsada por el Ejecutivo con la necesidad de inyectar liquidez en medio de la crisis económica. Pese a eso, el Banco Central (BCRA) decidió una esterilización de ese circulante que logró, hasta ahora, que ese incremento no fuera a los precios. Sin embargo, le puso presión al dólar alternativo, que ya muestra una brecha cercana al 80% y amenaza con impactar en los precios a mediano plazo.

Por otro lado, el Gobierno congeló además los precios de 2300 productos de la canasta básica (cerca de 23.000 variedades) durante los últimos meses. La referencia son los valores que tenían esos productos el 6 de marzo pasado. A fin de mes, vencerá el programa llamado Precios Máximos. Tal decisión no sólo frenó, en parte, los aumentos sino que provoca una distorsión en el relevamiento, ya que sin encuestadores en las calles, al Indec se le dificultó medir pequeños almacenes y establecimientos, aquellos en los que no se focalizó el programa oficial y que obligaron a Alberto Fernández a fortalecer los controles a través de la Ley de Abastecimiento ejecutada por la Secretaría de Comercio Interior, que conduce Paula Español.

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