Por Luis Jacobi (*).- En la percepción de algunos, un aniversario cierra un ciclo y abre uno nuevo, otros creemos que por el vértigo de los nuevos tiempos, los ciclos ya no reconocen la formalidad de fechas. Como sea, este lunes 23 cumpliremos 30 años en Victoria superando ciclos, y tantos hemos cumplido que en poco o nada nos parecemos a nuestros inicios. Lo que se mantuvo invariable son nuestros principios; la ética no puede licuarse, debe conservar su solidez.

A lo largo de tres décadas hemos actuado en el marco de los más diversos escenarios políticos y económicos, que en la Argentina suelen ser tormentosamente cambiantes y lo ha sido en gran manera desde 1989 a esta parte, de tal suerte que hoy podemos decir que nos satisface haber mantenido la coherencia.

Nunca hicimos periodismo oportunista. Nunca periodismo a la carta. A eso le llamamos coherencia histórica y honrar el mandato que hemos escrito bajo nuestra marca: “Una tribuna abierta a todos los pensamientos”.

Otro objetivo cumplido es la integración regional que nos habíamos propuesto. En marzo del año próximo se cumplirán 25 años de nuestra presencia activa en Nogoyá, con el propósito de integrar a dos ciudades cercanas que reconocen tantas características e intereses en común.

Pasado el tiempo, frente a este aniversario decimal es difícil eludir la nostalgia, siempre presente cuando nos interpela la historia, a cuyo sortilegio cederemos. Sobre todo porque los inicios de Paralelo 32 en Victoria estuvieron cargados de una mística que a la distancia nos hace parecer que aquel tiempo fue mejor. Lo cierto es que fue una sucesión de sacrificios. Tuvo la belleza del sueño cumplido, pero la aspereza de enormes esfuerzos mal pagos, en tanto costaron salud y horas que pertenecían a la familia.

Fueron días y noches que hoy, a la distancia, las vemos gloriosamente soleadas u estrelladas, porque el tiempo nos ha librado de sus cansancios y dificultades.

Así es la nostalgia; a las luchas más sudorosas las hace ver como románticas epopeyas. Será por eso que se nos hace imprescindible. Nostalgia es el deseo de volver a abrazar a aquellos con los que hemos compartido parte de los once mil días transcurridos.

Conocí a José Antonio “Yule” Pirro y a esta encantadora ciudad de Victoria en 1973 (perdón por conjugar en primera persona, pero era inevitable) y supe que mi vida había cambiado; como volvió a cambiar para todos los que hacemos Paralelo 32 y para su familia y sus amigos, en aquel doloroso marzo de 2014 en que Yule sonrió frente a ese Jesús al que honró en sus últimos años de vida.

Dieciséis años después de aquel lejano 73, para la fundación del periódico bastó y sobró la confianza mutua para unirnos en una sociedad sin conflictos. Nada fue escrito. Tardamos unos diez años en admitir que somos mortales y que sería prudente formalizar aquel acuerdo amistoso bajo la figura de una SRL.

Es cierto que nos queda su recuerdo vivo, pero nos falta el abrazo, la ligera palmada en la espalda, la carcajada liberadora en cualquier momento de tensa labor.

Los primeros años fueron enriquecidos con valiosos amigos que se sumaron entusiastamente a la aventura como colaboradores espontáneos, hoy en el memorial de los buenos recuerdos: José María Aranguren (padre), Víctor Elizalde, Carlos Banchero, Rubén Darío Oberti, Ovidio Minaglia, Tito Oberti, y en Nogoyá otro amigo entrañable, un hombre cabal, don Pedro Humaran.

Otros hombres y mujeres con vocación han sido parte del camino que hoy encarnan estos periodistas y diseñadores con los que formamos equipo para que el semanario esté cada sábado en manos de los lectores de Victoria y Nogoyá. A ellos, como a nuestra productora, los vendedores de calle que lo hacen llegar a sus destinatarios, al personal de taller que también sabe de noches interminables sin claudicaciones, a nuestros anunciantes, colaboradores, lectores, a todos muchas gracias en nombre de la familia Pirro y de quien suscribe. Y gracias al Altísimo, a quien encomendamos la misión y cada edición.

 

(*) Director

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