La industria entrerriana se encuentra con niveles interesantes de actividad pero con problemas de rentabilidad

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Este jueves 2 de septiembre se celebra el Día de la Industria, en nuestro país en conmemoración de aquel día de 1587, al inicio de la época colonial en el Río de la Plata, cuando se produjo la primera exportación argentina al exterior. Sector fundamental como termómetro de la actividad económica y como apuesta al desarrollo, la industria atraviesa un momento actual complicado, saliendo de una profunda recesión en 2020, producto de la emergencia sanitaria por la pandemia de covid-19, y tratando de remontar también la caída pronunciada de la actividad que se produjo entre los años 2018 y 2019.

El presidente de la Unión Industrial de Entre Ríos, Leandro Garciandía, describió a Paralelo 32 el panorama actual, saliendo de la recesión con baja rentabilidad y chispazos entre la conducción de la Unión Industrial Argentina y el gobierno del presidente Alberto Fernández.

– ¿Qué panorama nacional y entrerriano ve para la industria?

— Vemos recuperación heterogénea, particularmente en Entre Ríos, con su industria muy relacionada a la alimentación, junto a todas las industrias satélites como las del alimento balanceado, transporte, packaging, y toda la metalmecánica relacionada a ese tipo de actividades. Todo eso está funcionando, también la parte de jugos, conservas, harinas. En ese sentido, la industria entrerriana ha sufrido caídas menores respecto a otros lugares del país que tienen otro perfil. Vemos una recuperación en términos de actividad. Ya es anecdótico mirar y comparar con el 2020, porque el nivel de actividad cayó mucho. Algún que otro indicador de 2019, recién se está superando. En otros casos igual o por debajo. Recordemos que en 2019 el nivel de actividad fue muy bajo. Hablamos de recuperación porque venimos del quinto subsuelo, pero estamos lejos de niveles cómodos de actividad que permitan evolucionar y con dinamismo más robusto. El otro problema que vemos es que estamos en niveles de actividad interesantes pero con problemas complicados de rentabilidad. Hay una inflación de costos industriales muy fuerte, a pesar que el tipo de cambio se ha mantenido por debajo de la inflación. Pero hay variaciones en muchos casos de insumos, que han tenido variaciones a nivel internacional. El tipo de cambio se deprecia todos los meses, más la inflación general y la reapertura de paritarias que ha hecho que también todo sume costos. La energía también ha subido. Hay una inflación de costos industriales muy clara y hay una complejidad muy grande para trasladar esos costos a precios. Hay un mercado que está deprimido con pérdida de poder adquisitivo importante y eso hace que la evolución de precios sea distinta a la evolución de costos, generando problemas de rentabilidad.

– Hace meses atrás surgió una situación muy particular: empresarios más optimistas sobre su empresa que sobre el país a mediano plazo. ¿Sigue siendo así?

— Como predomina el perfil industrial agroalimenticio y se va evolucionando, entonces probablemente haya optimismo sobre el sector pero haya pesimismo sobre la situación general del país. Hay una pandemia que afectó mucho y claramente, no se sabe para dónde va a ir el país, qué va a pasar con la macroeconomía. Entonces, en el horizonte estamos en medio de una campaña electoral con fuertes incentivos para el consumo en un país deficitario. Por lo tanto, el incentivo al consumo sale de emisión monetaria. Claramente en un momento eso va a impactar en la inflación. En algún momento esto se tiene que frenar y ese freno, quienes tenemos algunos añitos arriba, sabemos que todo se paga. En este caso, con nivel de actividad.

– Argentina ha entrado en la última década en un sistema de reactivaciones artificiales en años de elecciones, pero al año siguiente vuelve la caída.

— Son momentos económicos incentivados por ‘anabólicos’ como se dice; cuando pasa el efecto del anabólico, volvemos a un punto más abajo de donde arrancamos. Esta falta de tener un plan integral, un horizonte claro a dónde vamos, de saber qué se pretende más allá de la discursiva política –y acá metemos a toda la clase política, sin distinción de partidos políticos– claramente la falta de saber a dónde vamos hace imposible. La industria pesada necesita horizontes de cinco o diez años. En el caso nuestro, tratamos de plantear inversiones en una multinacional, que me pide un análisis de mercados y de retorno de inversión, debemos mirar un escenario de cinco a siete años. Pero yo no sé cuál va a ser la inflación de agosto. Es muy difícil. El que no está tan estructurado hace un análisis más práctico, pero también la falta de horizonte hace imposible invertir o tomar un crédito, a menos que te regalen la plata con tasas de interés bajas. Tampoco son motor. Si uno mira la inversión respecto al PBI, nos estamos comiendo capital industrial o capital general del país. Deberíamos estar por encima del 20% de inversión y llegamos a 15 o 16%, en el mejor de los casos. Eso es falta de horizonte, porque la verdad es que hay una población que es un muy buen potencial de mercado. Pero vamos viendo que cada vez hay más pobreza. Entonces, cada vez hay menos clase media, que es el motor del mercado interno. Si para comprar electrodomésticos debemos irnos a 30 cuotas, es un indicador bastante interesante del nivel adquisitivo de la gente.

– ¿Cómo está el diálogo entre UIER y el gobierno entrerriano?

— Con el gobierno provincial siempre hemos tenido buen diálogo. Hace dos años que no tenemos una conversación oficial con el gobernador, lo hacemos a través de su ministro Juan José Bahillo. Pero los mayores problemas que tenemos son los de la macroeconomía, que tienen que ver con decisiones del gobierno nacional. Con el gobierno provincial estamos tratando los problemas de infraestructura. Ahora, están trabajando en un plan interesante de infraestructura de caminos rurales. Es un poco lo que estamos pidiendo. Empecemos a tener un horizonte más lejano que el día a día, si no, no hay forma en que podamos pensar en los cambios, y dónde vamos a estar en los próximos años. Para atraer inversiones, fuera del empresariado entrerriano, nuestra provincia va a tener que ponerse en línea con las provincias de la Región Centro: Córdoba y Santa Fe, en adecuación de infraestructura y tasas impositivas.

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