(Por Huho Schira).- El 18 de abril de 1955 moría a los 76 años el físico alemán Albert Einstein, considerado como uno de los científicos más conocidos del siglo XX, y uno de los más relevantes de la historia de la ciencia.

Su nombre ha quedado impreso en la memoria de la Humanidad junto a autoridades de la ciencia tan diversas como Isaac Newton, Charles Darwin, Sigmund Freud, Arquímedes o Galileo Galilei.

En 1905 publicó la Teoría sobre la Relatividad Especial que cambió las nociones de espacio y tiempo que el sentido común había aquilatado. Una consecuencia de su investigación fue la ecuación más famosa y misteriosa de la física: E=mc², que marca la equivalencia entre masa y energía, tan presente en las bombas atómicas.

En 1915, presentó la Teoría de la Relatividad General, en la que reformuló el concepto de la fuerza de gravedad. Una de las consecuencias fue el surgimiento del estudio científico del origen y la evolución del Universo a través de la cosmología.

En 1921 obtuvo el Premio Nobel de Física por sus explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico y sus contribuciones a la física teórica. No lo consiguió por la Relatividad, porque esa teoría aún estaba en discusión en cuanto a su validez.

En sus concepciones políticas y filosóficas abogaba por el internacionalismo, el socialismo democrático y el pacifismo. Se acercó al movimiento sionista en su condición de judío no creyente. La persecución del nazismo sobre su personalidad y su obra es otro blasón honorable en su biografía.

Su talante amable y descontracturado, su afición a la música, sus amoríos, le valieron fama y lo acercaron a la sociedad, que vio en Einstein un ‘genio’ que traducía en fórmulas lo incomprensible, pero con un costado humano y sencillo.

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