La estatua viviente, quién es y qué hace en Victoria

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Victoria.- Quedarse quieto no es una tarea fácil. Es decir, estar quieto en serio. No moverse para nada. Ni siquiera para temblar de frío.

En la esquina del Banco Entre Ríos, a veces hay una estatua. A sus pies suele situar una caja, donde recibe ofrendas. Cuando alguien arroja un billete, la estatua se mueve y saluda. Los niños la miran hipnotizados. Los grandes la miden con malicia, casi juzgándola, esperando el error, a que parpadee o se le infle el pecho de aire. Y es que la estatua está viva y sus ojos necesitan humectarse y sus pulmones, oxígeno.

Teatro de la quietud

Mariano Cardozo interpreta la estatua viviente de Victoria. Es un actor de Paraná que hace tiempo vino a la ciudad con su arte al hombro. Practica estatuismo humano desde hace 17 años y se dedica al teatro desde hace 25 años.

“El teatro de la quietud es una materia más que se da cuando se estudia teatro. No cualquiera lo puede llegar a lograr”, nos dice Mariano con voz de estatua, grave y de cadencia pausada. El diálogo comienza con una seriedad ceremonial. “Gracias a Dios, con mis 87 años, todavía puedo realizar este arte”, añade. Por un momento reina el desconcierto, la descolocación y el silencio. Mariano logra inmovilizar la entrevista. Luego, de súbito, explota en una sonora carcajada. “Mentira, tengo 45 años”, aclara.

Desde ese momento el diálogo fluye de otra manera. Pero si bien la conversación se torna más amena, también crece la suspicacia ante cualquier frase pronunciada con tono severo. El humor de Mariano es bastante serio.

Para Mariano la calle es un gran escenario. Cuando llegó a la ciudad, hace casi dos años, eligió la Plaza San Martín como su lugar. La primera vez se paró debajo de la estatua del prócer y aguardó. Un anciano se lo quedó mirando, sin entender bien qué hacía ahí parado.

“Cuando llegué, la gente no entendía qué estaba sucediendo conmigo. Luego, estuve en varios escenarios y comenzaron a entenderme”, explica. “Ahora estoy trabajando, también, en cumpleaños, casamientos, divorcios…”, vuelve a bromear.

—¿Cómo es ser artista callejero durante la pandemia?

—Cuando comenzó la pandemia me dediqué a hacer comida, también me gusta la parte gastronómica. De a poco, con distanciamiento, me fui poniendo como estatua. A pesar de que no había contacto con la gente, la situación estuvo difícil. La situación económica depende, principalmente, de las distintas fechas. De todas formas, mal nunca me va.

—¿Cómo es realizar estatuismo humano en invierno?

—Hay técnicas que requieren mucha práctica y que consisten, principalmente, en controlar la respiración. Esto requiere de mucho entrenamiento. Quizá haya gente que piense que hacer esto es fácil, pero no cualquiera lo hace y en verdad se necesita mucha práctica.

—Y con respecto a la cuestión mental, ¿en qué pensás todo el tiempo que permanecés inmóvil?

—Es relativo. A veces hasta escucho música. No es algo fácil controlar la mente. Hay gente a la que le cuesta mucho y otros a los que nos cuesta menos. En una palabra, es levitar. Tu mente empieza a levitar y cuando la gente se arrima al artista callejero uno reacciona y le regala toda esa magia”.

La estatua viviente asegura que con todo lo que la ha pasado estando inmóvil podría, tranquilamente, tener material suficiente para escribir un libro. A pesar de su quietud, o quizá por ésta, Mariano observó innumerables situaciones.

“Mi público preferido son los niños. Ellos son genuinos por completo. Ellos están en plena inocencia y son un público exigente y complicado. Si les gusta lo que hacés, te lo van a hacer saber; y, si no, también. Entonces, el desafío es revertir la situación cuando no gusta”, desarrolla. Sumado a lo anterior, añade: “Me ha pasado que las madres asustan a los niños conmigo. Les dicen: «Si te portás mal, la estatua te va a llevar». No está bueno que les inculquen así el miedo. Hay que revertir eso y, cuando puedo hacerlo, me emociono hasta las lágrimas. De hecho, muchos chicos me gritan: «¡Estatua!», cuando voy por la calle y, entre saludo y saludo, tardo muchísimo en regresar a casa”.

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