La enseñanza de la historia, y la formación de la conciencia nacional de los inmigrantes

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Por Jorge Argüello (Miembro de Archivo Historiográfico de la República Argentina, 1860-1930)

Los festejos del primer centenario de la Patria proyectaron al mundo, la imagen de un país que en muy pocos años, -exportando fundamentalmente trigo y carne-, se había se había convertido en el granero del mundo. Como contrapartida de lo que exportaba, recibía fuertes inversiones extranjeras. en ferrocarriles, puertos, frigoríficos, y servicios asociados a la actividad agropecuaria.

Se vivía en un clima de prosperidad y progreso que parecía no tener límites., Mientras tanto se forjaba el mito de que Argentina era una tierra prometida que atraía a millones de inmigrantes de todo el mundo.

Desde el punto de vista político, los gobernantes, que venían conduciendo este proceso de desarrollo económico y social , desde la segunda mitad del siglo XIX, habían modelado un régimen de carácter oligárquico, al que importantes sectores de la sociedad le reclamaban desde 1890, el fin de las prácticas electorales fraudulentas y la implantación del sufragio universal, secreto y obligatorio.

Paralelamente el desarrollo vertiginoso, introdujo como es lógico la conflictividad social, y en el medio de la opulencia que mostraban los festejos del Centenario, el movimiento obrero llamaba a un paro general para festejar el centenario de la libertad con más libertad, y los anarquistas reclamaban la derogación de la ley de Residencia.

La reacción del régimen fue la represión de las protestas y el – incendio de locales y medios de prensa anarquistas y socialistas.

Ya desde los primeros años del siglo XX, la clase dirigentes veía con preocupación que los intentos de ¨argentinizar¨ a los inmigrantes a través de la enseñanza laica obligatoria que venía impartiéndose desde 1884, así como el servicio militar obligatorio implementado a partir de 1904, resultaban insuficientes.

Tanto la elite dirigente, como los recién llegados adoptaban y/o reproducían las pautas culturales europeas. El país que festejaba el centenario de su nacimiento, no estaba en condiciones de ofrecer valores que permitiesen reconocer una identidad nacional propia.

Mientras que en Europa o Asia, la nacionalidad se basa en la existencia de comunidades de raza, lengua, religión, antecedentes históricos, tradiciones y una experiencia histórica comunes, en países nuevos como el nuestro , en el cual todos estos elementos se mezclaban y confundían, el objetivo prioritario pasó a ser el de establecer una consciencia colectiva de nacionalidad, sobre la base del ideal que que movilizaba a millones de personas a elegir a la República Argentina como lugar para establecerse e integrarse de manera definitiva.

La clase dirigente, luego de realizar consultas a especialistas nacionales y extranjeros, y estudiar experiencias de otros países, consideró que la enseñanza de la historia y la liturgia patriótica, serían los dos nuevos s instrumentos que deberían ser aplicados para cumplir el objetivo de crear el sustrato nacional ausente.

El proyecto cuyo objetivo era crear un sentimiento nacional y difundirlo, es iniciado en 1908, por el estado liberal y continuado por los gobiernos radicales que lo sucedieron a partir de 1916.

La labor se llevó a cabo desde el Consejo Nacional de Educación y del Ministerio de Instrucción ¨Pública, sobre la base de una propuesta desarrollada por el Inspector General Eduardo Pizurno, poniéndose mucho énfasis, e interviniendo en los contenidos de los programas de enseñanza y sobre todo en los manuales de historia, geografía, instrucción cívica y otras materias.

Por esos años Ricardo Rojas sostenía: ¨Con la creación de las escuelas, salimos sin duda de la barbarie pero sin llegar a la civilización, Mas que instruir es necesario educar y elaborar una sustancia argentina».

De este modo, los manuales de historia, el calendario de festejos patrios y el culto patriótico dedicado a un conjunto de héroes militares y civiles que mediante su esfuerzo sobrehumano y heroico, entre los cuales se encontraban San Martín, Belgrano, Moreno, Rivadavia, Sarmiento, y Mitre, habían vencido a la barbarie, y construido una nación magnífica en un territorio que antes era un desierto.

La exaltación de este conjunto de próceres como hombres ilustrados, infalibles, perfectos y todopoderosos, tuvo como contrapartida el ocultamiento de importantes hechos del pasado nacional, y sobre todo la condena histórica a los caudillos provinciales y en especial de Juan Manuel de Rosas, que se presentaban como responsables de la barbarie y atraso del país, que según los liberales caracterizaron el período de vigencia de la Confederación Argentina.

La forma detallada en que debían proceder los maestros quedó reflejada en una resolución ministerial que establecía la elaboración de unas efemérides patria, la lectura diaria de anécdotas o actos patrióticos, el saludo inicial y final a la bandera nacional, la conmemoración de las fechas patrias con actos sencillos protagonizados por los alumnos. Las visitas a museos, o lugares significativos de nuestra historia.

Según señala la historiadora Diana Quattrocci Woisson en su obra ¨Los males de la memoria¨, ¨se otorgó al pasado un rol de honor en el presente¨

Esta exaltación patriótica primaria, y exenta de reflexión alguna, tuvo una incidencia espectacular entre los inmigrantes, y especialmente en la formación de una consciencia nacional vigorosa, y de carácter afectivo. en sus descendientes.

El logro de una identidad nacional intensa, -aunque sesgada por la falta de amplitud política y reflexión- , que se inculcó mediante el culto patriótico y la historia oficial, no resultaba un logro menor en un país en el cual la mayoría de la población era extranjera.
La enseñanza de la historia, continuo siendo un instrumento de formación de la conciencia nacional durante los gobiernos radicales que se sucedieron desde 1916, pero los contenidos se ampliaron y adquirieron mayor complejidad, que los exhibidos durante los gobiernos conservadores.

En las primeras elecciones en las cuales se implementó la ley Sáenz Peña, y gracias al apoyo masivo de inmigrantes nacionalizados y sus descendientes, así como de sectores rurales de tradición federal. Llegó al gobierno Hipólito Yrigoyen.

La corriente Yrigoyenista denominada personalista, simpatizaba con la figura de Rosas y hubo varios intentos de reivindicación de su figura, (cambio de nombre de la localidad de Caseros, y la repatriación de los restos de Rosas, estas iniciativas provocaron la reacción de los sectores liberales y conservadores, que para colmo habían sido desplazados del gobierno.

Para ese entonces y el marco del debate iniciado a fines del siglo XIX por Adolfo Saldías y Eduardo Quesada, verdaderos precursores del revisionismo histórico, los historiadores ya empezaban a reconocer que era necesario revisar la versión oficial de nuestra historia. Y lograr mayor objetividad y equilibrio en el tratamiento del período histórico transcurrido entre 1829 y 1852, así como la figura de Rosas. En ámbitos académicos, se destacó la labor en esa dirección tuvieron e Carlos Ibarguren, Emilio Ravignani, y Ricardo Levene.

No obstante estos esfuerzos, por lograr una síntesis, la vigencia del relato histórico oficial, generó el nacimiento de una verdadera contra historia, que construyeron y difundieron desde ámbitos académicos y políticos, un importante núcleo de historiadores profesionales, escritores, e intelectuales como los hermanos Irazusta, Ramón Doll, Manuel Gálvez, José María Ramos Mejía, y más tarde José María Rosa, Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arreghi, Arturo Jauretche, entre otros.

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