(Hugo Schira – Paralelo 32). El conflicto desatado entre el gobierno de Crespo y el de la Provincia, cuando hasta la pasada semana había una total predisposición al consenso de medidas entre ambas gestiones, marca, más allá de los análisis partidistas (gobierno peronista en Paraná, radical-cambiemita en Crespo) un punto de inflexión en la sociedad.

Hasta acá, la población en gran medida acompañó la cuarentena. Los resultados obtenidos a escala nacional y la comparación con otros países de igual o mayor complejidad (Brasil, Chile, Estados Unidos, España, etc.) indican que el esfuerzo valió la pena. A Uruguay le va muy bien sin cuarentena, pero por la escala demográfica y por las características geográficas y culturales no sería justo comparar al entrañable paisito con Argentina, sino con Entre Ríos, donde con aislamiento obligatorio –hasta ahora y toquemos madera–, nos fue mejor; hasta ahora no se registró un solo caso letal para lamentar en nuestra provincia. El esfuerzo nos llevó a suspender gran parte de la economía argentina, entrerriana y crespense, para dar prioridad a la contención de la pandemia. Pero, al cabo de más de dos meses, el cansancio y el bolsillo pueden más. En un punto de esta larga senda, el miedo al contagio pierde la batalla contra la necesidad de trabajar.

Formas de enfrentar las plagas

Esta pandemia, por razones políticas internacionales demasiado complejas para explicar en una nota, se administró de una manera no habitual en la extensa historia de la Humanidad enfrentando plagas. Una forma que normalmente se ha usado es el testeo de la población (de acuerdo a los avances tecnológicos de cada época) y el confinamiento de los contagiados, con medidas de control sobre el resto que no implicaban prohibir completamente las actividades humanas, en especial las laborales.

Ahora, se decidió cerrar la economía, encerrar a la población en sus casas, prohibir el uso del espacio público a todos, sanos e infectados, dejando sólo actividades esenciales en los intersticios de las calles vacías.

Luego, se pasó a ‘administrar’ la lenta salida de esa drástica cuarentena. En esa segunda fase, larga para nuestras ansiedades, estamos en la Argentina y en muchos países. Y mientras los resultados epidemiológicos dan bien, los resultados socioeconómicos no pasan el testeo social: estamos llegando al 50% de pobreza/indigencia y al 15% de desempleo. El coronavirus actuó como disparador del ajuste tan temido que se viene posponiendo desde hace varios años y que amenazaba al país a fines de 2019. Precisamente a Fernández se lo votó para evitar ese ajuste. Ese es el conflicto congelado que se recalentará el día después de la última jornada de cuarentena. Y si el gobierno gestiona mal la salida, se reiniciará aún antes.

Comparaciones con dos años atrás

El ingeniero Ariel Gerold, en base a datos oficiales, realizó un análisis de la evolución de la enfermedad y la pandemia a nivel nacional; datos a los que tuvo acceso Paralelo 32.  En 2018 fallecieron 32 mil personas de neumonía y gripe. Si lo dividiésemos en 150 días de invierno serían 200 fallecidos diarios. Ese año también fallecieron 670 personas de tuberculosis, una enfermedad dominable y que debería estar extinguida. Esos casos superan largamente a los 416 fallecidos (al momento de hacer el análisis, alrededor de 500 en la actualidad) de Covid-19.

Los fallecidos diarios promedio son 10,2 en las últimas semanas; 20 veces menos que los fallecidos por gripe común en 2018. Previamente fueron 8,9; antes 7,4.

Si bien, los casos aumentan semana a semana a medida que nos internamos en el invierno, la estadística no es alarmante. Las camas de terapia intensiva del país exceden muy largamente a las, un poco más de, 170 personas internadas de Covid-19 en terapia intensiva. Muy reducido número de personas con esta enfermedad se deben internar. Hay entre 4.700 y 6 mil camas de terapia libres, según el Ministro de Salud. Por ahora estamos bien con eso, si no se producen picos.

Gerold asegura que es imposible que fallezcan miles de personas en los próximos días y semanas: no hay personas graves sin ir a un hospital. Dato importante: esta tendencia se mantiene estable desde hace dos meses sin ningún desborde y demostrando la capacidad excedente de camas disponibles. Además, señala Gerold, que la probabilidad de no morir de Covid-19 es 99,91% (cálculo sobre población total).

Conclusión

La conclusión del profesional es que hay que cambiar el enfoque de enfrentamiento de la pandemia: ir saliendo rápidamente porque no se dispararán los casos, porque el sistema de salud está en condiciones de atender los enfermos graves y porque la sociedad requiere ya un respiro en su situación laboral y económica.

Y un dato importante que agrega Gerold en su estudio: ‘reducción del pánico comunicacional’. Esto vale para los medios y para ambos bandos de esta nueva grieta. Para los anticuarentena, porque lo hecho hasta ahora no fue en vano y no se debe perder; para los procuarentena, porque hay que ir hacia la ‘normalidad’ y reiniciar la batalla contra nuestra crisis previa.

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