El cebado de mate es una de nuestras tradiciones más distintivas de la cultura argentina, compartida con Uruguay, Paraguay y el país gaúcho brasileño, Río Grande do Sul.

Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate, en Argentina se consumen 6,4 kilogramos por habitante por año como promedio, y la yerba mate está presente en más del 90% de los hogares. Su consumo es altamente beneficioso para la salud, ya que contiene vitaminas del grupo B, posee un gran poder antioxidante, produce un efecto energizante, ayuda a reducir el colesterol malo y los triglicéridos, entre otros efectos, sobre todo sociales, por el hábito de la ´ronda del mate’.

Pero la pandemia de Covid-19, con sus exigencias de distanciamiento social y aislamiento sin compartir elementos de uso común, puso en la mira como sospechosa inevitable de contagios a la bombilla del mate. Y toda una tradición sociabilizadora de más de tres siglos de vigencia por estos pagos se vio bruscamente afectada. Muchas personas dejaron de compartir el mate y muchas rondas se redujeron a una bombilla y un mate por cada participante, enfriando en parte esos momentos de compañerismo, bien argentinos y rioplatenses, que solíamos vivenciar.

Crisis de vida

“La pandemia de Covid-19 puso en crisis los parámetros de la vida en su conjunto. En ese contexto, definido como un ‘hecho social total’,  ciertas prácticas sociales, como el cebado del mate (infusión de carácter comunitario de numerosas zonas de Argentina y la región) han sido puestas en observación respecto a su inocuidad. Estas restricciones son percibidas y reinterpretadas en formas diversas por la comunidad, y aunque los cambios culturales en general son lentos, las limitaciones a las actividades sociales y comunitarias que proponen los protocolos sanitarios implementados por covid-19 podrían generar una resignificación en la práctica del matear y así introducir nuevas interpretaciones respecto a la práctica tradicional”, resume un estudio realizado por un equipo de investigadores entrerrianos, liderados por la doctora en Derecho Norma Levrand.

El trabajo se detuvo especialmente en dos preguntas: ¿Cuánta gente dejó de compartir el mate? ¿Cuántos volverán a compartirlo cuando se termine la pandemia?

La investigación concluyó que antes de la pandemia el 96% de quienes tomaban la infusión compartían. Sin embargo, entre los consultados sólo el 50% volvería a los hábitos tradicionales de compartir el mate, finalizada la pandemia. La otra mitad no piensa volver a compartir la bombilla. En contacto con Paralelo 32, la doctora Levrand se refirió a la investigación y sus principales conclusiones.

– ¿Cómo se hizo la investigación?

— El análisis de las modificaciones de los hábitos de consumo del mate formó parte de la investigación realizada por un grupo interdisciplinario de docentes de UADER que, desde 2017, trabajamos en un proyecto de investigación para producir conocimiento y postular el mate como un elemento inmaterial a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de UNESCO. Con el advenimiento de la pandemia y las medidas sanitarias implementadas, se produjeron modificaciones en este hábito social. En virtud de las condiciones de aislamiento, durante el 2020 se desarrolló una encuesta virtual, que fue contestada por 1.191 personas de distintos lugares del país, acerca de su práctica en relación al mate y de los cambios (o no) que la misma había sufrido a raíz de la pandemia. Entendemos que la encuesta no es representativa, sin embargo los resultados obtenidos permiten dar cuenta de algunas interesantes modificaciones en la práctica.

Las conclusiones

– ¿Cuáles son las principales conclusiones del estudio?

— Las principales conclusiones indican que el 96% continúa con el hábito, y quienes no lo hacen aducen las razones tradicionales. La cantidad de ingestas diarias no varió considerablemente, bajando levemente el porcentaje de quienes tomaban dos o más veces al día. Otro cambio relevante es la incorporación de otras infusiones, que constituye el 20% de la población estudiada. Sin embargo, un cambio fundamental se da en el hábito de compartir la infusión: antes de la pandemia el 96% de quienes tomaban la infusión compartían, durante el aislamiento este porcentaje bajó al 71%. El 66% de los encuestados reconoce el consejo sanitario de no compartir el mate. Sin embargo, entre los consultados el 50% volvería a los hábitos tradicionales de compartir el mate, finalizada la pandemia.

– ¿Cree que no compartir el mate se va a extender como hábito dominante más allá de la pandemia?

— En una de las preguntas se indagó acerca del mantenimiento de la costumbre de compartir el mate una vez finalizada la pandemia. La mitad de las personas encuestadas respondió que volvería a los hábitos tradicionales, en tanto que la otra mitad indicó que no volverá a compartir el mate. Esto es un porcentaje elevado para nosotros, teniendo presente que según registros cualitativos anteriores en la investigación, la mayoría de las personas compartían el mate antes de la pandemia, incluso con personas poco conocidas. Considero que este cambio es uno de los más relevantes y requiere un seguimiento de la investigación a través del tiempo para poder documentarlo correctamente.

– ¿Se usa más mate que otras infusiones?

— En nuestra región el mate es la infusión preponderante en relación a otras como el té o café. Sin embargo, a partir de la encuesta realizada pudimos observar que un porcentaje de las personas encuestadas indicaron que reemplazaron el mate por otras infusiones en virtud de las recomendaciones sanitarias, por gusto o directamente porque no podían compartirlo. Evidentemente la infusión del mate está estrechamente asociada a la práctica de su consumo compartido, tanto con el grupo familiar como con grupos de amigos. Es decir que esta práctica cultural no es sólo la preparación de una infusión para calmar la sed, sino que incluye un conjunto de rituales o protocolos que forman parte de nuestra cultura y por ello sostenemos que forma parte de nuestro patrimonio inmaterial. Al alterarse estos rituales o protocolos por las condiciones sanitarias, también se afecta el consumo de la infusión y se modifican hábitos culturales.

Patrimonio Cultural Inmaterial

– Su equipo de investigación trabaja desde hace cinco años para postular la ronda de mate como representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. ¿Qué importancia tiene lograr ese reconocimiento tanto a nivel cultural como material o económico?

— El equipo de investigación se conformó en 2017 con el objetivo de generar el conocimiento necesario para completar los formularios y poder inscribir la práctica del consumo de mate en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de UNESCO. Esta lista fue instituida en 2003 por la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, que nuestro país aprobó en 2006.

A partir de entonces Argentina ha postulado varios elementos, y hoy se encuentran inscriptos el tango (postulación conjunta con Uruguay), el fileteado porteño y el chamamé. La inscripción en la Lista no otorga ningún beneficio económico directo por parte de UNESCO. Sin embargo el reconocimiento internacional genera más impulso a actividades ligadas al turismo, las artesanías, las fiestas asociadas al elemento cultural, entre otras.

En cuanto a la relevancia cultural de la inscripción, para UNESCO lo más importante es que la propia comunidad pueda valorizar sus prácticas tradicionales. Sin embargo, también hay un reconocimiento de otras comunidades hacia esta práctica del mate. En algunos países, genera recelo justamente por el hábito de compartir o incluso por el nombre de la materia prima principal (‘yerba’ mate) que, en algunos casos, ha sido asociada incorrectamente a sustancias prohibidas.

– ¿Qué representa el mate en la cultura nacional?

— Creo que el mate representa muchas cosas diversas para distintas comunidades dentro de nuestro país. Es difícil pensar en una cultura nacional unificada, sin embargo algunos elementos como el fútbol, o el mate parecieran unir a personas de diversas comunidades y lugares geográficos. Sin embargo, la relevancia de esta práctica cultural para las personas que viven en el Litoral, las reglas que siguen para preparar la cebadura y los tipos de mate que utilizan, son diferentes a otras zonas del país. En la Patagonia o en el Noroeste la significación del mate es distinta. Pero sí podemos acordar que en nuestro país y otros de la región se le otorga un valor importante a este hábito cultural dentro de la vida cotidiana.

– ¿Por qué realizaron esta investigación?

— Iniciamos esta investigación a partir del interés de una de las integrantes del equipo, Mariángeles Metivié, quien al realizar una capacitación sobre patrimonio inmaterial advirtió que los elementos inscriptos en la UNESCO hasta ese momento se asociaban fuertemente a la cultura porteña (el tango y el fileteado porteño). Su inquietud y activismo en pos del patrimonio unieron a quienes formamos parte del equipo y permitieron generar esta investigación.

Libro y equipo

En 2021, el equipo de investigación que lidera Levrand publicó los resultados en el libro “Mati-ando: El mate como patrimonio cultural inmaterial en Entre Ríos”, que está disponible en el sitio web de la Editorial Fundación La Hendija de Paraná. La obra reúne un conjunto de trabajos realizados entre 2017 y 2020 desde la óptica de la salvaguarda del mate como patrimonio cultural inmaterial.
Además de Levrand, investigadora del Instituto de Estudios Sociales (CONICET- Universidad Nacional de Entre Ríos) y docente de la Facultad de Ciencias de la Gestión – UADER, intervinieron en el estudio los docentes de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales –UADER magister Mariángeles Metivié, magister Claudio Staffolani y licenciado Lucio Gonzalo Alcaino; junto a la magister Silvia Tessio Conca, docente de la misma facultad y de la de Ciencias de la Vida y la Salud, también en UADER.
Sobre el tema, también se publicó un artículo científico no dirigido a la población en general, disponible en: https://publicaciones.unpa.edu.ar/index.php/1/article/view/822.

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