Keili González: “Ser travesti es un acto de militancia profundo”

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Entre Ríos (Agencia AIM).- El día internacional de la Visibilidad Transgénero pone en evidencia las necesidades del colectivo más marginado de la sociedad. “Ser travesti es un acto de militancia profundo en nuestra vida cotidiana, más allá de que hoy es un privilegio salir luchar por nuestros derechos porque el 92 por ciento de los travas están preocupadas en buscar un plato de comida”, afirmó Keili González, referente del colectivo Lgbtq+ y militante del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST).

El Día Internacional de la Visibilidad Transgénero fue establecido por la activista transgénero de Michigan Rachel Crandall en 2009, como una reacción a la falta de días de fiesta Lgtb que celebren la visibilidad de las personas trans.

“Nosotres entendemos el 31 de marzo no solo como un día de visibilización, sino de lucha y reclamo, porque en nuestra vida cotidiana ser travesti es un acto profundo de militancia”, indicó la dirigente socialista, quien aclaró: “Hay compañeras que no participan de la política porque la militancia y el activismo son actos de privilegio y quienes están en los márgenes, es decir, quienes piensan en cómo sobrevivir diariamente no acceden a los bienes culturales y educativos, menos aún, tienen tiempo para participar en organizaciones políticas partidarias o sociales lo que se presenta como una enorme barrera. Además, la participación se vio afectada profundamente por la pandemia”.

“La crisis económica, que no es nueva, y la pandemia afectaron y profundizaron la vulnerabilidad habitacional, alimentaria, sanitaria y económica golpeando al colectivo trava- trans y la situación no da para más”, contó Keili, quien detalló: “Actualmente más del 92 por ciento de la comunidad no accede a tener un trabajo y si accede, lo hace de manera precarizada. Hoy la prostitución sigue siendo el único medio de subsistencia, es decir, que permite garantizar el plato de comida. Esta actividad fue también imposibilitada por la cuarentena, hecho que recrudeció lo que ya venimos describiendo hace tiempo”.

En ese marco, advirtió la ausencia de políticas públicas para contener e incluir al colectivo, ya que “la asistencia del Estado no permite ni siquiera garantizar un plato de comida, ya que son dos paquetes de fideos, un puré de tomate y pará de contar y a eso se suman las miserias políticas que exponen a las compañeras a sacarse una foto y lo celebran, lo que es terrible”. Asimismo, lamentó que el cupo “lamentablemente no fue reglamentado aún en Entre Ríos, lo que hace que el ingreso a la administración pública sea irregular y se contrate a militantes oficialistas lo que, de alguna manera una contención que hace que el movimiento en la provincia siga en veremos. Celebramos que ingresen todes les travas y trans, pero entendemos que debe ser sin distinciones evaluando la vulnerabilidad estructural del colectivo”.

En ese sentido, lamentó “que los gobernantes toman laboralmente a personas del colectivo por compasión porque no entienden que es un derecho nuestro, por eso aseguramos que los gobiernos provincial y de Paraná hacen política del relato. También, discutimos contra la militancia y el activismo oficialista selectivo que no se hacen cargo de lo que militaron y votaron y no salen a poner el cuerpo de una vez, porque esa indiferencia duele y violenta. Parece que sufren amnesia sobre nuestras luchas”.

Además, las travas y trans “no tienen acceso real al sistema de salud y de educación formal y menos a la vivienda o al trabajo estable”, agregó la activista, quien aclaró que más allá del escenario distópico para el colectivo “la lucha está presente y estamos dispuestas a arrancarle al Estado de clase los derechos que nos corresponden: queremos estar visibles y sin restricciones a nuestros derechos».

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