Por Jorge Nicolás Lafferriere.- La película “Joker” ha cautivado multitudes y desatado amplias controversias, sobre todo por la acusación de que incita a la violencia. También ha sido destacada por la actuación de Joaquin Phoenix. En este breve comentario no entraré directamente en ese debate, sino que quisiera compartir algunas reflexiones sobre lo que a mí entender es el horizonte más perturbador que presenta la película: la violencia que nace cuando se pierde la esperanza.

Arthur Fleck es un joven comediante con un pasado tortuoso, que vive solo con su madre en una Ciudad Gótica asolada por una huelga que llena las calles de basura y ratas. Arthur padece una rara condición que le provoca risas involuntarias y que le genera no pocos problemas. Se desempeña como payaso en una agencia laboral y su horizonte de vida está signado por fracasos e incomprensiones. Distintas circunstancias van marcando su vida, de modo que su camino se va torciendo hacia una violencia cada vez más marcada. Así, en distintos pasajes vemos progresivamente la transformación de Arthur en el malvado Joker, quien al mismo tiempo es criminal y víctima, en una ambivalencia moral que atraviesa toda la película.

La película presenta un mundo adulto sin esperanza. No hay personajes que sean benevolentes o caritativos con Arthur. Desde incomprensiones hasta violencias y burlas de distinto tipo, la película retrata un mundo de relaciones hostiles, nunca amigables, marcadas por el egoísmo o la indiferencia. Sólo los niños reconocen la alegría que quiere transmitir nuestro personaje central, pero ellos son prontamente apartados de Arthur por los adultos que nunca llegan a reconocer la vocación a la comedia.

Arthur vive traumáticamente todas las relaciones: con su madre, con el presentador de televisión que admira, con la trabajadora social, con Thomas Wayne, con sus compañeros de trabajo, con su vecina. Ninguna relación está marcada por la gratuidad o la caridad. No hay amor en el mundo adulto de Joker. Además, Arthur es una persona “sin identidad”. A lo largo de la película, vemos que sus vínculos más constitutivos aparecen atravesados por violencias, abusos y abandonos. Es una persona que no encuentra sentido a su vida y de hecho, una de las frases que repiten en redes sociales algunos espectadores resume este sin sentido: “Espero que mi muerte signifique más dinero que mi vida” (“I hope my death makes more cents than my life”).

Es justamente ese nihilismo el tema de fondo que perturba al ver la película. En definitiva, no hay esperanza. Todo es despiadada y hostil convivencia entre verdaderos extraños. No hay superhéroes. Nadie encarna el bien. Así, no extraña que la violencia sea el camino elegido por Arthur para “emanciparse”. Es como si la única liberación que queda en medio de tanta incomprensión sea la revolucionaria.

En tal sentido, la película no se queda solo en la “liberación” violenta del Joker a título individual. Involuntariamente, Arthur se convierte en símbolo de la reacción de los “desclasados”, en líder de una multitud que reclama de forma violenta. Su violencia se transforma en lucha de clases, en revolución, en protesta destructiva contra el sistema. En un comentario en youtube se explica que la película hace estallar las narrativas políticas y resulta difícil de descifrar qué busca la historia.

Para Matthew Becklo, la película no es un manifiesto político, sino una auténtica pesadilla. En su crítica se pregunta si hay alguna luz en el film. Y responde que en dos momentos: en los ojos del joven Bruce Wayne y en una pequeña pintura de la Madre y el Niño Jesús en el departamento de Penny. Para Becklo aquí se ven destellos de una vida mejor, una vida con disciplina personal y virtud, con fe y compasión. Y considera que Joker es la historia de un hombre que desesperadamente necesita la curación de la compasión pero nunca la recibe. Y ofrece un vívido y aterrador retrato de las pesadillas que se siguen por ello.

A mi parecer, Becklo es muy optimista en su visión. En realidad, durante la película, hay dos momentos en que irrumpe una poderosa luz blanca que parece generar una sensación de redención. Pero ambos momentos señalan pasajes de la película en que Arthur se libera de ataduras al mundo convencional y parece liberarse hacia la violencia emancipatoria que caracteriza la película.

Como señala Andrew Sweeny, el Joker no tiene idealismo, no sueña con la superación personal como su predecesor Arthur Fleck. No hay historia de redención para el Guasón, sólo la negativa “voluntad de poder”. Arthur Fleck no será salvado, sino que renacerá espiritualmente como el Joker, o una versión nihilista del anticristo de Nietzche.

El nihilismo de la película recuerda algunos pasajes de la profética encíclica Spe Salvi del Papa Benedicto XVI, que remite a Kant quien “toma en consideración la posibilidad de que, junto al final natural de todas las cosas, se produzca también uno contrario a la naturaleza, perverso. A este respecto, escribe [Kant]: «Si llegara un día en el que el cristianismo no fuera ya digno de amor, el pensamiento dominante de los hombres debería convertirse en el de un rechazo y una oposición contra él; y el anticristo […] inauguraría su régimen, aunque breve (fundado presumiblemente en el miedo y el egoísmo). A continuación, no obstante, puesto que el cristianismo, aun habiendo sido destinado a ser la religión universal, no habría sido ayudado de hecho por el destino a serlo, podría ocurrir, bajo el aspecto moral, el final (perverso) de todas las cosas»” (Spe Salvi, 19).

Como dice Benedicto, “el esfuerzo cotidiano por continuar nuestra vida y por el futuro de todos nos cansa o se convierte en fanatismo, si no está iluminado por la luz de aquella esperanza más grande que no puede ser destruida ni siquiera por frustraciones en lo pequeño ni por el fracaso en los acontecimientos de importancia histórica. Si no podemos esperar más de lo que es efectivamente posible en cada momento y de lo que podemos esperar que las autoridades políticas y económicas nos ofrezcan, nuestra vida se ve abocada muy pronto a quedar sin esperanza. Es importante sin embargo saber que yo todavía puedo esperar, aunque aparentemente ya no tenga nada más que esperar para mi vida o para el momento histórico que estoy viviendo. Sólo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor y que, gracias al cual, tienen para él sentido e importancia, sólo una esperanza así puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar” (n. 35).

La esperanza cristiana es un horizonte que nunca debemos dejar de proponer. Ante la dura constatación del poder perverso del mal, existe una salida, un Amor redentor que ofrece esperanza.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here