«Jesús López», una historia fantástica con un protagonista inesperado

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Cine (Telam).- La mimetización con su difunto primo como búsqueda en un destino sin rumbo fueron los puntos que Maximiliano Schonfeld puso en «Jesús López», película que cuenta con el protagónico de Joaquín Spahn, un adolescente entrerriano que, «de canchero», se presentó para el casting.

«No recuerdo si estaba en cuarto o quinto año, pero sí que estaban buscando en la escuela a alguien para una película. Buscaban a algún rubio, tipo de campo, y como yo trabajo en el campo y me gusta, dije: ‘vamos a probar algo nuevo’. Me hice el canchero con un amigo, le pregunté a la directora y al otro día estaba Maxi en la puerta de casa», dijo entre risas Spahn desde la estación de servicios donde trabaja, a 13 kilómetros de Aldea Brasilera, su hogar en Entre Ríos.

El joven de 18 años comenta que a Shonfeld no lo conocía, como tampoco a nadie que participó del rodaje, pero que si bien al comienzo esto le retraía, jamás se sintió sapo de otro poso, sino que, por el contrario, le gustó el ambiente «como de familia» que se armaba al final de cada día, cuando se juntaban a cenar y charlar.

«Con Maxi siempre hubo muy buena onda. Siempre estuvo conmigo. Si yo tenía algún problema de horarios, él lo arreglaba para coincidir. Cuando me vino a buscar, primero le dije que sí, luego que no y luego, al final, acepté (risas). Él estaba en Victoria y cuando le dije que no iba a hacer el papel, se vino desesperado. Yo pensaba que tenía que memorizar cosas y me daba miedo olvidarme. Pero él se portó muy bien», cuenta sobre el trabajo de una película que ganó como Mejor Película Latinoamericana en el último Festival de Mar del Plata y también se impuso en el Festival de Biarritz América Latina.

Spahn interpreta a Abel, un adolescente con muy pocas ideas de lo que quiere. La película comienza con él, en el velorio de su primo, un corredor de autos local, muy querido en el pueblo y entre sus amigos y competidores. Ante el fallecimiento, sus tíos, padres del difunto, lo empiezan adoptar como propio. Los padres de Abel notan esto, pero ante el dolor, dejan que las cosas fluyan.

Y casi sin que nadie se diera cuenta, Abel comienza la transformación hasta la mimetización con su primo, Jesús López. Vive en la casa de sus tíos, viste la misma ropa que Jesús, usa la misma moto, sale con la novia de él y hasta se prepara para correr con el auto de carreras que dejó.

«Nunca vi algo como lo que plantea la película. Me pareció muy bueno cuando Maxi me lo dijo y yo ya me lo quería imaginar. Esta película era algo que yo quería hacer. Ver cómo se sentiría. Necesitaba saber como era esa transformación del personaje», comentó, a la vez que cuando se vio en pantalla grande, en Mar del Plata, sintió una mezcla de vergüenza con orgullo.

«Si se me da la oportunidad para seguir actuando, lo voy a seguir haciendo. No sabía lo que era y me encantó», comentó.

¿Cómo fue el proceso de trabajo con Schonfeld?

A mí la película no me la había contando. Yo me la imaginaba. A mi me decía cinco minutos antes lo que tenía que hacer, de la forma más natural. Eran todos cortos de cinco minutos. La mejor parte era cuando estábamos reunidos hablando. Era todo muy natural, fluía muy bien. La mitad de la película surgió entre nosotros, los actores. Uno daba una opinión y él la seguía.

¿Y la construcción del personaje?

Tenía a Maxi y las productoras ayudándome para meterme en el papel. Me pedían que imagine que yo era Abel, que pensara cómo estaría y la cara que tendría que poner. Al comienzo era un chico tímido y pensaba en todo lo que tenía que interpretar. Y esa extrospección del personaje fue de la mano a cómo yo me fui soltando. También había partes que eran muy como soy yo, como las escenas en las que estoy trabajando en el campo. Eso me salió solo. El personaje se iba soltando a medida que lo hacia yo.

Y el trabajo con los otros actores ayudó, ¿no?

Yo tuve que imitar a Lucas Schell durante mucho tiempo. Tenía que ver como movía las manos, como se paraba, las formas de hablar. Nos juntamos con un chico que nos hizo practicar esas cosas. Ahí nos conocimos bien. Él se paraba común y tomaba mate y yo tenía que seguirlo. No fue difícil.

¿Cómo refleja la vida de campo y de los corredores de carreras locales?

Para mí la película es muy fiel. Sobre todo para mi, que trabajo en el campo. Se vive así. Se hizo en un campo conocido, al igual que los momentos de carrera. Es algo que se vive todos los días acá.

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