Victoria.- Esta semana tomó estado público un hecho supuestamente ocurrido en noviembre de este año, donde un interno que cumple condena en la Unidad Penal Nº 5 denunció ante el fiscal Eduardo Guaita que fue abusado sexualmente por otro recluso.

Según pudo saber Paralelo 32, el sindicado como abusador permanece alojado en la cárcel de nuestra ciudad, mientras que el denunciante fue trasladado a Paraná, de donde es oriundo, bajo la figura de Acercamiento Familiar. Si bien luego de esta medida, quizás podría retornar a la cárcel de Victoria.

Los familiares de la persona que denunció la violación reclamaron a las autoridades penitenciarias y judiciales el esclarecimiento del presunto hecho, que habría ocurrido luego de ser reintegrado al pabellón 3, donde también ocurrió el incendio de los 6 internos fallecidos, y tras estar sancionado en el sector de aislamiento.

Asimismo, se hizo saber que el denunciante habría tenido varios inconvenientes y altercados con otros presos, y a causa de esos cruces, podría haber sido abusado.

Estos incidentes, más allá de los sistemas de videovigilancia que la UPN5 tiene instalados, parecen seguir perpetrándose, aunque no siempre son denunciados por más que no sean consentidos.

Cada tanto solemos leer o conocer de parte de los familiares, o del propio denunciante, vejámenes de esta índole. Una suerte de código implícito del que todos hablan pero pocos llegan a dimensionar el alcance de vulnerar a otro en su intimidad, si es que ocurrió tal ataque sexual; pero si la víctima no lo manifiesta a través de los canales que dispone, difícilmente se llegue a conocer. Esta denuncia, si sale a la luz pública, pondría en crisis una práctica que por habitual y plantearse dentro de los duros códigos tumberos, generalmente es guardada para siempre en la psiquis de los ultrajados, con  sus presumibles consecuencias.

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