Por Casiano Carballo (*).- Es parte del A, B, C, de cualquier actividad física, sin embargo, no siempre se le otorga la importancia que tiene. Nos referimos a la entrada en calor y los beneficios que implica no arrancar la práctica deportiva o la clase de educación física con el sistema muscular ‘frío’.

Su mayor aporte es precisamente evitar las lesiones, pero también es oportuno insistir en que entrar en calor no significa producir fatiga y tampoco un gran aumento de la temperatura corporal. Debe ser moderada.

Otra particularidad que ayuda a esta fase del ejercicio es que sea motivadora y evolutiva para sumar a todo el cuerpo, e individualmente al 70% de la masa muscular.

Beneficios

• Aumenta la frecuencia cardíaca y respiratoria, lo cual permite:

-Captar, transportar y absorber más eficientemente oxígeno

• Aumenta la temperatura corporal, lo cual permite:

-Mejorar la contracción y relajación muscular

-Prevenir lesiones.

La entrada en calor, posee 2 partes: una de carácter general y otra específica, independientemente de la actividad física. La primera puede involucrar un trote continuo a baja intensidad y/o variaciones en la marcha. Le siguen ejercitaciones de movilidad articular, tendientes a mejorar los índices de la flexibilidad. Ya en la parte específica aparecen trabajos propios de la disciplina, ya sean de la educación física o del mundo del deporte.

Prácticamente: en el fútbol, el jugador tomará la pelota y comenzará con unos pases; o en el caso del lanzador de bala tomará el implemento e iniciará una serie de lanzamientos generales.

La cantidad de tiempo para una entrada en calor no es un dato menor, sobre todo cuando en una clase de educación física sólo disponemos de 5 minutos; y en una sesión de entrenamiento tenemos de 20 a 30 minutos. En este sentido, la entrada en calor dependerá de la intensidad que se le aplicará al entrenamiento, pero también de las condiciones climáticas y si está prevista una segunda parte de la clase o parte central.

Otro punto a considerar es si la persona necesita supervisión, o ya conoce las rutinas.
El profesor debe guiar la clase, mimetizarse entre los participantes, compartir y vivir las experiencias. El profesor no debe conducir la clase, sino que debe guiarla porque cuando el profesor conduce la clase no se relaciona con el alumno, solamente da los datos e indicaciones y mantiene siempre cierta distancia.

No debemos olvidar el factor psicológico. La mayoría de las personas necesita ‘Introducirse’ en la actividad de forma paulatina. Esta suerte de activación permite prepararlo mentalmente para el trabajo que tiene por delante. Si antes de iniciar la sesión el profesor ha comunicado al grupo los objetivos del día (cosa que siempre recomiendo), el deportista inicia el trote en grupo o en solitario socializando dichos objetivos. Debemos ayudar a crear confianza. Por eso, aun cuando la entrada en calor no dure más que cinco minutos, debe ser la primera fase de la sesión y que no puede obviarse bajo ninguna circunstancia.

 

(*) Prof. Lic. en Actividad Física y Deporte

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