Huevo: cinco mitos que cambiaron y por qué Argentina lidera su consumo
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Argentina se ubica entre los países con mayor consumo de huevo por habitante y Entre Ríos es una de las principales provincias productoras. Mientras la actividad avícola continúa creciendo, distintos conceptos instalados durante años sobre este alimento fueron revisados a partir de nueva evidencia.
Durante décadas, el huevo estuvo rodeado de recomendaciones y advertencias. Su contenido de colesterol llevó a limitar su consumo, mientras que también se instalaron otras creencias: que los huevos marrones son más nutritivos que los blancos, que comerlos crudos permite aprovechar mejor sus propiedades o que la clara es siempre la parte más saludable.
Muchas de esas ideas hoy requieren ser revisadas.
El huevo aporta proteínas de alta calidad, vitaminas y minerales y forma parte de la alimentación habitual de millones de personas. En Argentina, además, tiene un protagonismo particular: el consumo anual ronda las 400 unidades por habitante, uno de los niveles más altos a escala mundial.
La cifra supera ampliamente a la de otros países de la región. Brasil registra alrededor de 283 huevos por habitante y Chile unos 251, mientras que el promedio latinoamericano se ubica cerca de las 304 unidades.
Qué aporta el huevo
Dos huevos, equivalentes aproximadamente a 100 gramos, aportan unos 13 gramos de proteínas, además de vitamina B12, vitamina D, ácido fólico y biotina.
También contienen minerales como fósforo, hierro, zinc y selenio y son una fuente importante de colina, un nutriente que participa en distintas funciones del organismo, entre ellas el funcionamiento del sistema nervioso.
El valor nutricional no se concentra exclusivamente en una de sus partes. La clara aporta buena parte de las proteínas, mientras que la yema contiene grasas, vitaminas, minerales y colina.
Por eso, salvo que exista una indicación médica específica, consumir el huevo completo permite incorporar el conjunto de nutrientes que ofrece el alimento.
Cinco mitos sobre el huevo
1. “El huevo dispara el colesterol”
El contenido de colesterol del huevo fue durante años uno de los principales motivos para limitar su consumo. Actualmente, la evaluación del riesgo cardiovascular contempla el conjunto de la alimentación y otros factores del estilo de vida, y no solamente el consumo de un alimento aislado.
En personas sanas, el huevo puede formar parte de una alimentación equilibrada.
2. “Los huevos marrones son más nutritivos”
El color de la cáscara está determinado principalmente por la genética de la gallina. Por sí solo, no indica que un huevo sea nutricionalmente superior a otro.
3. “El huevo crudo conserva mejor sus nutrientes”
No necesariamente. La cocción mejora la digestibilidad de algunas de sus proteínas y, además, disminuye el riesgo de enfermedades asociadas a microorganismos como Salmonella.
Por eso, desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, se recomienda consumir el huevo adecuadamente cocido.
4. “Hay que lavar los huevos antes de guardarlos”
La cáscara cuenta con una barrera natural que ayuda a proteger el contenido. Lavarlos antes de almacenarlos puede afectar esa protección y facilitar el ingreso de microorganismos a través de los poros.
La manipulación y conservación deben realizarse siguiendo las recomendaciones de seguridad alimentaria.
5. “Comer solamente la clara es siempre más saludable”
Clara y yema tienen composiciones diferentes y complementarias. La clara concentra una parte importante de las proteínas, mientras que la yema aporta vitaminas, minerales, grasas y colina.
Por eso, el huevo completo ofrece una combinación más amplia de nutrientes.
Una producción que sigue creciendo
El consumo también tiene su correlato en la producción. El plantel argentino de gallinas ponedoras superó los 62 millones de aves durante el último año, con un crecimiento cercano al 9%.
Las proyecciones para 2026 ubican el número entre 65 y 67 millones de ponedoras. La producción, que cerró 2025 en torno a los 19.000 millones de huevos, podría superar los 20.000 millones durante este año.
En este escenario, Buenos Aires y Entre Ríos concentran cerca del 70% de la producción nacional, lo que ubica a la provincia dentro de los principales polos de la actividad avícola argentina.
Para Javier Prida, presidente ejecutivo de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), el crecimiento responde a años de inversión en genética, sanidad y tecnología.
“Cada gallina que sumamos al sistema tiene que estar acompañada por los más altos estándares sanitarios”, sostuvo.
La sanidad comienza en la granja
El recorrido del huevo hasta la mesa comienza mucho antes de la postura. La prevención de enfermedades, los planes de vacunación, las medidas de bioseguridad, el monitoreo de las aves y el acompañamiento veterinario forman parte de los controles necesarios para sostener la producción.
En Argentina, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) establece requisitos sanitarios y de bioseguridad para los establecimientos avícolas, incluyendo planes sanitarios y la intervención de profesionales veterinarios responsables.
Estos controles tienen un doble objetivo: proteger la salud de las aves y garantizar condiciones adecuadas para la producción y comercialización de alimentos.
En una provincia como Entre Ríos, donde la avicultura ocupa un lugar central en la economía regional, el crecimiento del consumo y de la producción plantea también el desafío de sostener esos estándares sanitarios mientras la actividad continúa expandiéndose.

