‘Historias sueltas del Distrito Quebracho’, el nuevo libro de Aldo Herrera

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Crespo.- Don Aldo Herrera se considera un hombre de campo, más que productor rural. En sus ocho décadas de vida vio muchos cambios. “Cultivó la tierra y plantó sus árboles, tuvo hijos y nietos y en los últimos años publicó dos libros con reflexiones que marcaron su vida. Además, durante décadas fue un inconfundible referente del movimiento extensionista rural de la provincia, generado por el INTA y sus profesionales. Yo digo siempre que la mía fue una generación privilegiada, que comenzó arando con caballo y luego se subió a un tractor”, dijo en una extensa entrevista con Paralelo 32.



Trabajadores de la tierra

–  Ud. transmite vivencias del campo que no se conocen habitualmente. Además, logró capacidad de transmitir cosas; a otros hombres de campo les faltan palabras para comunicarlo. En el campo hay más silencios que palabras.

— También es no creernos tan importantes, lo que hacemos es lo que hacemos, y punto.

–  En su nota sobre la tierra para el que la trabaja, hablaba de que la tierra esta para ser usada, somos sus trabajadores no propietarios. La tenemos por un tiempo.

— Dos cosas digo sobre eso. Yo dueño de campo y lo cultivo, no lo exploto. En cambio, los que surgieron después del 2002 cuando la soja daba mucho, cualquiera sembraba. Era muy rentable y vos, dueño del campo, arrendaste al que te pagaba mejor. Pero no cuidaba la tierra, hacía cosas para un año, total si la tierra no era suya. En cambio, yo propietario tengo que cuidar la tierra porque es para toda la familia. Aprendés que no tenés que explotarla, sino cultivarla. Esa gente hizo mucho daño y han desaparecido muchos productores. Otra cuestión, la propiedad de la tierra era un slogan de Perón. Nosotros compramos el campo con un crédito a 33 años, y con bajo interés. Luego, llegó la inflación y se fue pagando solo.

La revolución del tractor

–  Cuando en 1956 compraron en su casa el primer tractor, ¿fue una revolución positiva que les mejoró la vida y el trabajo?

— Sí. Pero con ese tractor destruimos el suelo hasta que aparecieron los ingenieros que nos dijeron que no hay que arar cuesta abajo y que hay que hacer terrazas.

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