¿Hace falta saber música para componer?

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Muchos escritores de ciencia ficción han escrito historias de distopías donde las máquinas dominan el mundo. La filosofía de esto, claro, es poco humanista. Es decir, en un mundo así no se ve al hombre como un fin en sí mismo, sino como un puente hacia otra cosa, algo que hay que superar. Y no son villanos de ficción los que sostienen esto, ya que el transhumanismo es un argumento presente en nuestro mundo.

Pero para no irnos tan lejos (¿tan lejos?) y pensar en la temática cyborg o en la inmortalidad, veamos cómo está el panorama en la actualidad. La Inteligencia Artificial (IA) ha avanzado mucho. Tanto que hay complejos programas, por ejemplo, que ‘aprenden’ a jugar al ajedrez y son imbatibles; tanto que con IA se ha escrito una editorial en el Guardian; incluso se ha producido una obra teatral (con chistes que no causan gracia, diálogos sin sentido y cierta predilección para hablar de sexo) que no tuvo mucho éxito.

El último logro, si se lo puede llamar así, de la IA es producir bases musicales. El resultado son obras rítmicas y bastantes, obvio, robóticas.

Según la revista italiana Focus, en los últimos años se han creado decenas de aplicaciones que permiten a sus usuarios sentirse como nuevos compositores musicales: entre las más famosas se encuentran Boomy y Voisey, que con unos pocos clics y unos segundos de espera permiten crear melodías pegadizas, que pueden, luego, modificarse cambiándole el tempo, agregando ecos o coros y quitando o insertando instrumentos musicales. Se han producido más de cinco millones de canciones con Boomy: el 5 por ciento de la música grabada en el mundo (según Boomy).

También, en Focus se marca que el uso de la tecnología en la música no es nada nuevo, pero la diferencia es que estos compositores de software ahora son más baratos y, por lo tanto, cualquiera puede usarlos. Ya en los años 80 del siglo pasado David Cope, compositor de música clásica, había desarrollado un software informático capaz de componer piezas musicales inspiradas en el estilo de Johann Sebastian Bach, lanzando el resultado (5.000 canciones compuestas en pocos minutos) en un álbum titulado «Bach by Design«. Más recientemente, en 2019, otra compositora, Holly Herndon, había lanzado un álbum producido en colaboración con un sistema de inteligencia artificial llamado Spawn.

¿Llegará el momento en sean las máquinas las que creen el arte? Probablemente no. El avance de la IA no ha matado el ajedrez, continuando con uno de los ejemplos del principio, sino que hasta lo ha fortalecido, ya que muchos jugadores se entrenan con estos programas y preparan partidas con esta herramienta. Y ahí está la clave, ver la IA como una herramienta, no como algo superador del hombre. No todo lo que la ciencia puede hacer, debe hacerlo. No hay que divorciar el avance tecnológico de la ética. En definitiva, no serán las máquinas las que causen nuestra perdición, sino nosotros mismos, llegado el caso.

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