Crespo.- El martes 26 de noviembre se realizó presentación del libro ‘Herramientas para la tutela efectiva en materia de violencia familiar y contra la mujer’, en el edificio NIDO ‘Dr. Adolfo Goldenberg’. Fue una actividad orientada a profesionales, estudiantes e interesados en la temática. Disertaron las profesionales Yanina Yzet y Virginia Bravo, autoras de la obra, que trataron temas como el proceso de victimización y los sistemas normativos vigentes en la problemática.

Antes de la entrevista con Paralelo 32, la licenciada Yzet señaló en conferencia de prensa que debió atender por teléfono, minutos antes de la presentación, una situación urgente de violencia de género que se presentó a sus colaboradores en Paraná. “Se trató de una situación de violencia con una particularidad específica, que era urgente. La Oficina de Violencia de Género, a partir de la nueva Ley Procesal de Familia, es uno de los organismos autorizados a tomar denuncias. Esto está recién en implementación porque en la oficina la directora soy yo y con mi asistente somos las personas que trabajamos para toda la provincia. Las personas que están en situación de violencia no esperan, necesitan que cuando llegan a hacer una consulta o viven una situación, tengan una respuesta inmediata. Pero a veces se superponen casos o algún otro tipo de intervención, como esta capacitación, que es también parte necesaria de nuestra actividad porque implica compartir con otras comunidades termina de enriquecernos para tomar las fortalezas. En las necesidades pensar recursos e ideas porque todos estamos tratando de garantizar la justicia a las personas”.

Interdisciplina

En referencia al contenido del libro, Yzet dijo: “Tratamos de generar diálogo entre nuestras disciplinas. Sabemos que los lenguajes técnicos son diferentes, pero necesitamos una tarea en común para enriquecernos una disciplina de la otra, para poder dar respuestas a la comunidad. Por eso fue la obra propuesta así a Delta Editora, editorial jurídica que me convoca para escribir de la temática. Yo les expliqué sobre la experiencia de más de 20 años en distintos roles como abogada que tengo, primero en la profesión liberal, luego como defensora de Menores y actualmente como directora de la Oficina de Violencia de Género cuál es desde mi experiencia la necesidad que tenemos de hacer hablar las disciplinas para dar respuesta a las personas que están atravesando situaciones de violencia. Por eso, la obra es interdisciplinaria y la pensamos como una herramienta para intervenir en estas situaciones”.

– Cuando se habla de interdisciplinariedad, suele ocurrir que cada área por separado se quedó sin elementos para trabajar. ¿Eso ocurre en estas cuestiones de violencia de género?

— En la problemática de violencia familiar y violencia contra la mujer es necesario el aporte de distintas disciplinas porque una sola no puede dar respuestas a las situaciones que llegan. Quien administra justicia es de profesión abogado o abogada, pero necesita nutrirse de las demás disciplinas para entender qué situaciones están atravesando las víctimas; cómo se dan los actos que genera el agresor; qué medidas son necesarias para empoderar a las personas que atraviesan las situaciones de violencia; qué ocurre cuando, además, las familias están integradas por niños, niñas, personas con discapacidad. La temática es compleja y es necesario comprenderla y abordarla adecuadamente. Por eso, abordamos desde las distintas disciplinas, para garantizar ese acceso a la Justicia que es necesario.

– ¿Cómo está la situación en Entre Ríos? ¿Son superados por las situaciones que se viven?

— Esto es un camino, somos una generación que está en la transición entre identificar nuestras conductas machistas y patriarcales, con las que todos hemos crecido porque fue parte de la cultura. Hay que identificarlas para ejercer nuestras profesiones adecuadamente y que no se filtren ciertas cuestiones. A su vez, identificar que tenemos la normativa necesaria para brindar protección a las personas, recursos para los seguimientos y acompañamiento a las personas que sufren violencia, para que puedan asistir a un sistema de salud si necesitan un tratamiento terapéutico, que haya equipos suficientes para realizar los informes de riesgo y seguimiento. Por eso es necesario aplicar transversalmente la ley de Protección a la Mujer, que es una ley de orden público; es transversal a todos los poderes del Estado y también a los fueros de la Judicatura. Es decir, no solo como era la ley de violencia familiar, que es la más antigua, que disponía la competencia desde los juzgados de Familia. Hoy, no sólo el fuero de familia está involucrado en la temática; también los Juzgados de Paz que han ampliado su competencia e intervienen en situaciones de violencia de familia; el fuero Laboral cuando la modalidad de violencia contra la mujer es laboral; el fuero Civil cuando se trata de una violencia institucional o en la vía pública, también en esto tiene competencia el Juzgado de Paz. Esto es para ejemplificar que todos los fueros del Poder Judicial deben intervenir en dar respuestas y necesitan perspectiva de género para esto. Y también todos los poderes del Estado porque necesitamos la adecuación normativa, los recursos que el Ejecutivo brinda. Este municipio tiene Áreas Mujer y ANAF que el municipio destina para estas políticas públicas que tienen relación con la prevención y el abordaje de las violencias.

Prosperidad y violencia

– Crespo tiene una alta incidencia estadística de violencia de género y familiar. Esta localidad también tiene otra característica, es progresista y con mucho desarrollo socioeconómica. ¿Es contradictorio que funcionen en paralelo la violencia de género en sociedades aparentemente prósperas?

— El avance de las comunidades tiene que ver con la posibilidad de identificar conductas que no se desean apropiadas. También con involucrarnos como sociedad como todos integrantes de las comunidades para reconocer que estamos hablando de Derechos Humanos. Y cuando un derecho humano es vulnerado toda la comunidad tiene un interés en su protección. De allí que se puedan recibir denuncias anónimas, que puedan realizar denuncias no sólo las víctimas sino también que se acerquen al Juzgado o a una comisaría a consultar un vecino o una vecina que pueden estar conociendo situaciones que requieren de protección. También las respuestas como sistema tienen que ver, y repercuten en la accesibilidad de las personas. Porque si alguien va a denunciar y no tiene una protección a la próxima persona le recomienda no hacerlo. Que se den respuestas tiene una repercusión positiva en cuanto a otras personas que están sufriendo situaciones de violencia puedan acercarse, hacer una denuncia y poner en movimiento el sistema jurídico y, a su vez, el sistema de intervención de los equipos interdisciplinarios que tiene el municipio.

El hombre excluido

– ¿Qué pasa cuando un hombre que fue excluido del hogar plantea que quedó ‘sin nada’? No tiene otra casa, debe pagar alimentos, ve como su ex pareja usa la casa quizás con otra pareja. Se vive también la disputa por los hijos que muchas veces quedan como rehenes de la situación. El hombre plantea que ‘le jodieron la vida’ ¿Cómo responde a esa situación?

— Si hay una situación de acoso posterior a la separación, es probable que anteriormente haya habido una situación, que quizás no se percibió. Lo que probablemente ocurra es que se agravó después. Entonces, quien está apareciendo como una víctima, en realidad es quien ha causado la situación de violencia y mal trato, que quizás antes fue psicológica y posteriormente se agravó y se expresó en violencia física. ¿Y por qué ocurre después? Porque muchas situaciones se agravan o se ponen de mayor manifiesto, cuando la mujer busca cortar esa situación. La mujer que es tomada como una cosa. Yo invitaría a reordenar la pregunta en cuanto a que quien aparece en ella como víctima en realidad es un adulto que debe comprender que cuando se pone fin a una relación, esa relación se termina, y respetar en esto a la otra persona con la que ha tenido una relación amorosa. Si hay hijos y no están en riesgo, se garantizará el contacto con los hijos. Esto también tiene que ser una condición de bienestar porque no solo las mujeres son víctimas de las situaciones de violencia, aunque sean a veces quienes reciben el golpe o el latigazo psicológico.

– ¿Los hijos son víctimas también?

— Los hijos e hijas de esas relaciones son víctimas también. Habrá que ver el nivel de riesgo y de exposición para ver si lo adecuado, porque la Convención de los Derechos del Niño establece que hay que garantizar el vínculo, pero el vínculo saludable. Estará a cargo de la administración de Justicia ver que el vínculo después de la separación, en este caso quien es parte del ejemplo que Ud. dio, este papá, no pone en riesgo ese hijo hostigándolo psicológicamente para llegar a la madre. O a veces, generando situaciones de riesgo, porque con eso lastima a la madre. Hemos lamentado muertes de hijos e hijas porque este femicidio vinculado lo que hace es castigar a la madre para toda la vida con esa pérdida a la que se le atribuye y culpabiliza.

Situaciones diversas en las separaciones

– ¿Qué pasa en el caso de hijos mayores que luego de una separación violenta, al crecer, optan por estar con el padre y cortar vínculos con la madre?

— Ocurren situaciones diversas a partir de las separaciones. Una exclusión ha causado violencia a la persona excluida. Hay situaciones en las que se saca a la víctima porque no se anima a permanecer o no se la puede proteger en el domicilio. Si hay una exclusión hay elementos de riesgo para generarla. Los hijos crecen en esas relaciones conflictivas y muchas veces ocurre, o que los hijos se dividen en la relación: uno apoya a uno, el otro al otro. Cuando está naturalizado es un modo de vincularse de las personas. A veces hay exclusiones donde uno de los hijos o hijas empieza a ocupar el lugar de hostigamiento hacia la madre cuando se saca al agresor principal que ha sido el ejemplo y el modelo de vida. Porque nadie corta abruptamente: ‘¡Ah, sí! Acá hubo una situación de violencia, la corto y se terminó’.

– Y no alcanza solo con una resolución judicial.

— No, no basta una resolución judicial para poner fin a la violencia. Es necesaria toda una serie de otros elementos que el Estado está aportando de los otros organismos que mencionamos para dar tratamiento terapéutico, brindar herramientas de empoderamiento. Y los hijos no siempre tienen las herramientas para identificar en la relación quién agrede y quién causa la violencia y quién pone en riesgo a quién. Suelen permanecer con el que se identifican. Esto no quiere decir que los hechos no existan.

– Alguien se va a identificar con el agresor dentro de esa relación ‘tóxica’ en que derivó la familia.

— Quien más se identifica con uno o con otro de acuerdo a los recursos emocionales que tengan. Esto también tiene que ver con la necesidad de generar espacios terapéuticos y talleres, como para dar herramientas a las personas para identificar situaciones. Porque algo importante es que las conductas de violencia son aprendidas, por lo tanto todos podemos desaprenderlas. Cuando identificamos una situación, cada persona puede cambiarla dentro de nosotros. No se puede cambiar a la fuerza desde afuera. Desde afuera se previenen las situaciones, se pone un corte. Pero solo puede cambiar la misma persona con una decisión propia, más allá de una resolución judicial.

– ¿La Oficina tiene estadísticas sobre cambios logrados?

— Yo le decía que esto es un camino. Si bien hemos avanzado muchísimo en consideración a mirar 20 años atrás, cuando comencé a trabajar en el tema, hoy veo que hemos avanzado muchísimo. La realidad es que nos falta muchísimo. Tenemos, en la órbita de la Oficina de Violencia de Género, el Registro Judicial de Causas y Antecedentes de Violencia (Rejucav). Y todos los análisis que hacemos nos permiten identificar las situaciones que deben mejorarse y mejorar las respuestas.

Quienes son
Yanina Mariel Yzet es abogada. Ha desarrollado su carrera en la profesión liberal, luego como Defensora de Menores en Paraná y actualmente es directora de la Oficina de Violencia de Género y coordinadora Provincial de los Equipos Técnicos Interdisciplinarios (ETIs) del Poder Judicial de Entre Ríos.  En el edificio NIDO expuso sobre “Sistema normativo de protección de violencia familiar y contra la mujer”.
La licenciada Virginia Bravo es psicóloga, con especializaciones en Salud Mental y Psicología Clínica, entre otros cursos. Es docente universitaria y expuso sobre “Proceso de victimización y desvictimización. Aportes desde la interdisciplina”.

 

“Son muchos los motivos por los cuales alguien, a lo largo del tiempo puede ir constituyéndose en víctima de una situación y no contarla, no querer denunciar o no querer reconocerla”.

Virginia Bravo

 

Mecanismos de negación de la violencia

Cuando alguien se empieza a constituir como víctima de violencia es porque desde hace mucho tiempo convive con una situación en la cual alguien ejerce violencia. Hay varios mecanismos para evadir la situación, no afrontarla, señaló la licenciada Bravo.

  • Invisibilización: No ver lo que está pasando.
  • Insensibilización: ‘No será para tanto, estás exagerando, qué sensible sos’
  • Naturalización: ‘Esto es así’. ‘Si te ama te cela’. Por ejemplo, ‘cuánto nos cuesta cuestionar que los celos son una construcción social y no son naturales en las relaciones de pareja. A veces parece que los celos son parte del amor’.
  • Encubrimiento: No decir nada, ver pero hacer que no se ve, ocultar lo que sucede. ‘Si recibo un golpe, me lo tapo, no cuento, lo oculto’.

Proceso de victimización

“La persona no pasa, de un día para el otro, a ser víctima de violencia. Es todo un proceso y por eso, hablamos de proceso de victimización. Hay un contexto semántico, que significa que a lo que sucede se le da un sentido. Lo que sucede, sucede, es un hecho. Pero cuándo ese hecho empieza a tener un valor, cuando se lo nombra. Cuando se dice ‘Sí, te maltrató’. O se dice ‘¡Ay! Está estresado’. En vez de marcar el maltrato, justificar el estrés es un hecho semántico. No es el hecho en sí. Son las atribuciones de sentido que se dan a lo que sucede, que hacen que la persona en situación de violencia no se dé cuenta o naturalice. O con mecanismos como el miedo o la vergüenza, que son obstáculos muy grandes para que las mujeres cuenten qué les está pasando, porque saben que van a ser juzgadas”. Licenciada Bravo.

No contar, no querer denunciar

“Una persona víctima de violencia tiene un montón de justificaciones por las cuales no cuenta. También se sabe que uno puede denunciar pero la denuncia no ser efectiva. No siempre se vehiculizan las formas de protección. La mujer puede estar totalmente desprotegida porque cuando vuelva a su casa tiene miedo de estar sola. Muchas veces, el momento posterior a la denuncia puede ser el de mayor riesgo y vulnerabilidad. Son muchos los motivos por los cuales alguien, a lo largo del tiempo puede ir constituyéndose en víctima de una situación y no contarla, no querer denunciar o no querer reconocerla. Eso implica muchas cosas, no es un trabajo lineal. Por ejemplo, viene un día, cuenta una parte; luego, vuelve para atrás, se arrepiente, quiere levantar la denuncia. O  movilizamos un montón de organismos e instituciones para que vaya a un refugio, para que retire sus cosas, para que se traslade con los hijos y después… vuelve. Entonces nos sentimos todos frustrados, fracasados, porque nos cuesta entender que eso es parte del proceso. No se fracasó. Es el camino entre la victimización y la desvictimización, que no es lineal, sino que requiere de intervención y de trabajo. En esa intervención participamos todos, no solo los profesionales. De hecho no funcionaría si participáramos solo los profesionales, también participan los vecinos, los amigos, la familia, la comunidad en su conjunto. Es imposible pensar en delegar la tarea solamente a los organismos”, señaló Bravo durante su intervención.

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