“Estamos dejando de vender por no tener gente capacitada”

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Por Nahuel Amore (Dos Florines).- Las empresas de base tecnológica reconocen su enorme potencial para crear valor a cada paso, generar divisas y miles de empleos, sobre todo en la franja etárea de los más jóvenes. La pandemia fue una bisagra que sacó a la luz su papel transversal en la vida de las comunidades y, por ello, se multiplicó la demanda de sus servicios. Sin embargo, comenzaron a chocar más fuerte contra lo que consideran el principal freno de su expansión y que ya venían advirtiendo: la escasez de recursos humanos formados.

“El sector de tecnología es el único que creció en empleo en los últimos años. Venimos creciendo mucho y ese crecimiento se ve frenado por la disponibilidad de recursos humanos. Cada vez hay menos para la cantidad de trabajo que tenemos. El crecimiento lo estamos frenando nosotros por no tener la gente capacitada para poder hacer frente a toda la oferta de trabajo”, reconoció María Laura Palacios, vicepresidenta de la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi).

La profesional tiene más de 30 años de experiencia en el sector y desde febrero de 2020 se sumó como CEO de G&L Group, una de las firmas de tecnología más importantes del país. Junto a José María Louzao Andrade, presidente de dicha empresa, fue invitada para exponer ante los colegas nucleados en el Polo Tecnológico del Paraná y, en ese marco, destacó el desafío que enfrentan en la cadena. En ese sentido, interpeló directamente al Estado para que genere las condiciones que permitan contener a los jóvenes y muestren las oportunidades laborales.

—¿La falta de recursos es la principal limitante del sector?

—Totalmente. Hoy es el gran limitante. Estamos dejando de vender por no tener la gente capacitada para hacer lo que tenemos que hacer.

—¿Se relaciona con una política educativa que no promueve las carreras afines?

—Es directamente relacionado a la cantidad de chicos que eligen estudiar estas carreras. Las universidades tienen opciones para seguir, pero no las elige la cantidad suficiente de chicos para poder satisfacer esta industria. Oferta educativa hay y muy buena, pero lo que falta es mostrarle a la juventud o a quien se quiera reconvertir que la tecnología es un sector donde tienen que empezar a mirar porque es transversal a los otros sectores. Hagas lo que hagas, tecnología vas a tener que aplicar. Entonces, si sabés de tecnología, tenés un diferencial muy grande.

—¿Qué o quiénes fallan? ¿Por qué no se muestran estas oportunidades?

—Por un lado hay que desmitificar lo que es trabajar en tecnología. Muchos piensan que tenés que ser un erudito, que tenés que saber mucha tecnología o que sólo algunos pocos son capaces de trabajar en esta área. Hay que desmitificarlo totalmente. Cualquier persona que tenga la voluntad de hacerlo, con constancia y estudio, no tiene limitantes. Hay que capacitarse y tener el conocimiento. Hay que hacer que los chicos se enteren, mostrarles desde edades tempranas que trabajar en tecnología está bueno. Además, hay que enseñarles a familiarizarse con la creación de tecnología. Los chicos están muy familiarizados con el uso de la tecnología, pero no con la creación.

—¿Cómo se logra ese paso?

—Eso se logra cuando para los chicos la creación de tecnología es algo natural. Se logra cuando les empezamos a enseñar desde muy temprana edad. Tienen que empezar a tener contacto con la tecnología desde jardín de infantes y salir del secundario sabiendo programar. Cuando logremos eso, la ecuación va a cambiar radicalmente.

Competencia

Ante esta escasez, ¿cómo analiza la fuerte competencia entre empresas por quedarse con los recursos humanos?

—Sucede un recalentamiento del mercado muy grande porque todos luchamos por los mismos escasos recursos. Lo importante es poder generar nuevos e insertar más gente al mercado. Eso se da con la evangelización y las capacitaciones. Tenemos que ser muy cuidadosos, no romper el ecosistema y trabajar con responsabilidad. Por supuesto que siempre va a pasar que una empresa tome un perfil de otra empresa. Lo que no tendríamos que hacer es desmantelar empresas o incentivar a que uno se traiga a todos sus compañeros. Eso no está bueno.

Eso ya va más con la ética empresaria.

—Sí, va con la ética. Pero también es un tema de supervivencia. Si respetamos las formas, en el mediano y largo plazo siempre es mejor, por más de que en el corto plazo te perjudique, porque, en definitiva, no podés deliberar tu proyecto.

¿Cómo afectan las políticas macroeconómicas que inducen a muchos jóvenes a trabajar freelance para empresas del exterior e incluso cobran fuera de Argentina?

—Como empresarios estamos en total desventaja ante ese sistema porque tenemos que tributar todo acá y pagar legalmente a todos los empleados. Es una competencia bastante desleal. Lo que nosotros hacemos hincapié es que esa persona que está cobrando en el exterior está precarizando su trabajo, porque no aporta a ninguna jubilación -por más buena o mala que sea-, no aporta para la salud pública, no aporta en nada. Contra eso no podemos competir. Lo tiene que ver el Estado. Nosotros cumplimos con nuestras obligaciones al momento de contratar, facturar y tener clientes.

¿Qué medidas consideran necesarias para contener a los recursos humanos en sus empresas?

—En este caso, el desdoblamiento cambiario es un tema importante, al igual que la carga tributaria a nivel empleo. Son dos factores determinantes a la hora de hacer los cálculos.

Pandemia

Para las empresas de base tecnológica, ¿fue realmente la pandemia una bisagra? ¿Se generó un cambio radical como ocurrió en otros sectores?

—Las empresas de base tecnológica fueron las que mejor estaban preparadas para lo que pasó. Teníamos la modalidad de home office implementada en nuestras compañías, en mayor o menor medida, pero la teníamos. El cambio radical fue que nuestros clientes tuvieron que aceptar en tiempo récord lo que veníamos planteando, que contemplaran la posibilidad de que determinados perfiles trabajaran de forma remota. Muchos de nuestros clientes no lo aceptaban. La pandemia demostró que se puede hacer y lo debieron aceptar. Pero nos fuimos al otro extremo del péndulo porque ahora todos quieren el ciento por ciento virtual, lo cual tampoco es aconsejable. El mix es lo ideal.

¿Qué capacidad de adaptación tuvieron los trabajadores?

—En general respondieron muy bien. Pero lejos de ser la panacea tener que trabajar en home office, se detectaron distintas situaciones que no fueron tan felices. El estar trabajando ocho horas por día, toda la semana, desde la casa, cuando no está preparada para eso, trae problemas, sobre todo si vivís en un contexto familiar, con hijos y pareja, en el que todos trabajan y estudian en el mismo lugar. Eso requirió adaptación. Al principio fue bastante caótico y se debían contemplar horarios para que las parejas pudieran dar un servicio bueno en sus trabajos.

La situación impulsó al Gobierno a dar un marco legal, ¿qué opina de esa regulación?

—La ley de teletrabajo existía y la verdad que regularla en medio de la pandemia no fue muy feliz, porque no era una cuestión de elección sino de necesidad. No había otra alternativa. Además, había muchas cosas que nosotros no podíamos cambiar.

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