Kismara Franco

Crespo.- Kismara Franco es periodista que llegó a trabajar en una gran cadena de televisión en Venezuela, Globovisión. Como muchos venezolanos, debió emigrar ante el derrumbe de la economía y el creciente deterioro de la sociedad. El 1º de septiembre pasado cumplió un año en Entre Ríos y decidió agasajar con una fiesta a todas las personas que le han ayudado a ella y a su familia, estacionada en Colombia, de donde pronto esperan emigrar a Argentina. Es una más de más de 70 mil venezolanos que desembarcaron en Argentina en busca de un futuro que se les niega en su país. En un extenso y ameno diálogo con Paralelo 32, Kismara se refirió a la vida que dejó atrás en Caracas, la situación en su país y las actividades que viene desarrollando para salir adelante.

–  ¿Es muy difícil salir de Venezuela?

—  Si, está muy difícil por el dinero para sacar a la familia. Desde hace mucho tiempo, si no hay una persona de la familia, por lo menos, afuera del país, es muy difícil sobrevivir en Venezuela. Es muy complicado porque no alcanza ni que tengas tres trabajos para prácticamente nada. Entonces, cuando una persona está afuera es ‘la salvadora’, literalmente. Los planes se hacen logrando que salga uno y envíe dinero. Al principio era genial enviar dinero hasta que estén bien. Si les envías dinero de acá, van a estar bien, comer, tener lo básico. Eso al principio. Como todo se fue…

–  …degradando.

—  Degradando; este último año fue impresionante. Entonces, se tomaron medidas extremas. Tanto para mi familia como para muchas familias, la decisión fue salir. Primero, un cuñado. Luego mi cuñado se posicionó un poco. Está también el detalle en Colombia con los permisos para trabajar, que no encuentran buenos trabajos, no ha sido tan sencillo como en Argentina. Después se fue mi hermana con una sobrina. Y así, poco a poco. Llegan a Colombia más de 5 mil personas diarias, estamos hablando de más de un millón de venezolanos en Colombia.

En Globovisión

–  Antes de venir a Argentina, ¿qué hacía en Venezuela?

—  Soy comunicadora social y periodista. Estudié en la Universidad URBE de Maracaibo, trabajé más de 15 años con medios de comunicación. Tenía mi propia empresa productora de televisión y eventos en Caracas. Trabajé en Globovisión.

–  Entró a trabajar en la ‘contra’ (sonrisas)

—  (sonrisas) Sí, nosotros le decíamos la ‘Globovisión buena’. Entrar no era tan sencillo, eran 500 empleados. Yo hacía producciones independientes. Es el canal de noticias más importante del país. Siempre hubo tres canales importantes de señal abierta: Radio Caracas, Venevisión y Televen. Tenían muchísimos años trabajando. Luego entra Globovisión con sólo noticias, era la propuesta inicial y se llevó por delante todo, porque tenía los mejores profesionales. Fue un canal fantástico. Yo entré a trabajar a los cinco o seis años de estar Globovisión. No era empleada en ese momento, pero tenía producciones para ellos.

–  ¿Qué producía para Globovisión?

—  Programas de televisión sobre modas, deportes extremos. Hicimos programas internacionales, cubrimos la Semana de la Moda en Nueva York, por ejemplo, la de Medellín y diferentes lugares. Sobre deportes extremos también cubríamos eventos nacionales e internacionales. Yo era gerente de y me encargaba de la producción ejecutiva; aparte estaba la comercialización. No fui empleada de Globovisión, pero luego entré a trabajar en la nueva Globovisión, que ya era chavista pero no tan radical en ese momento. Trabajé dos años, hicimos programas donde ayudamos a gente de las comunidades. Visitamos todos los estados del país, y los lugares más recónditos. El programa se llamaba “Mi gente es noticia”. Se entrevistaba a gente en condiciones muy precarias de vivienda o de estilos de vida, que ayudaban a otros, ponían escuelas de música y hacían cosas por sus comunidades. Aparte, con la productora hacíamos spots publicitarios para televisión, radio, escritos.

–  Le quedaron cosas por hacer.

—  Antes de venirme tenía el libreto de un deporte nacional, los “Toros coleados”, como ustedes tienen las jineteadas. No hay nada documentado sobre ese deporte. Hice todo un proyecto para un canal web. Ahí estaban, como ustedes dicen, los más ‘grosos’ en el tema. Tenía inversionistas que me pagaban para investigar todo eso. Tenía un documental para hacer, un proyecto muy lindo.

–  ¿Toros coleados es un deporte taurino y rural?

—  Sí, es practicado en más de 14 estados. En una manga, un espacio cuadrado, cuatro jinetes, que compiten entre ellos, enfrentan a un toro. En cuatro minutos deben tomar al toro por la cola y tumbarlo. En Colombia se hace una variante de un solo competidor contra el toro. Ahí escribí un montón de cosas que quedaron para más adelante.

El derrumbe

–  ¿Cuándo se fue de Venezuela?

—  Hace más de un año. Llegué el 1º de septiembre de 2017 a Argentina. Salí el 31 de agosto de Venezuela.

–  Estaba en la ‘crema’ de los medios de Venezuela, y aún ahí no podía trabajar bien. ¡¿Es un derrumbe muy fuerte?!

— Lo que pasa es que lo íbamos llevando. Yo tenía como cinco años llevándolo. Cuando tenías 20 clientes en un mes y pasas a diez, bueno tú dices ‘con diez sigo’. Después pasas a cinco, y sigues. Y así. Luego ya no van más, no es prioridad; muchas empresas clientes se fueron del país. Las empresas grandes son los clientes que te dan la estabilidad. Seguí con Globovisión, pero no podía vender publicidad. Entonces, todo se va cerrando, a pesar de tener este proyecto tan hermoso de “Toros coleados”. El proyecto estaba perfecto, tenía dinero, un inversor que era gente que amaba y ama el deporte y se maneja muchísimo dinero en ese deporte, como en todos los deportes con caballos. Había un movimiento muy hermoso. Pero para hacerle una entrevista a la persona que más sabía del deporte, perdí dos meses.

–  ¿Por qué?

—  Porque cada vez que iba, no podía pasar la ciudad por las manifestaciones. Total de qué, el señor se murió. Parece de película. Estaba la esposa y nunca pude llegar a la esposa tampoco.

–  ¿A qué ciudad debía viajar?

—  A Maracay. De Caracas estamos a dos horas, ahí mismo. Estaban las manifestaciones en contra del chavismo y no podía pasar. Y así van pasando las cosas. Se transforma en una cuestión moral. Salir al supermercado y no poder comprar lo que quieres. Antes de venirme, hacía seis meses que me había mudado al lugar de mis sueños, por así decirlo. Donde siempre quise vivir, y luego tuve que venirme. Pero, antes de eso, cuando decido mudarme, era porque estaba en un edificio y la panadería, quedaba a una cuadra. Cuando iba a la panadería, allá hay que hacer cola para comprar pan. Pero cuando volvía de la panadería a mi casa, a una cuadra, me quedaba sin pan.

Ciudades grises

–  ¿Le robaban?

—  No, era por la cantidad de gente que te pedía para comer. Entonces, podía traer lo que quisiera pero llegaba sin nada a la casa. Eso fue algo que… no puede ser. La gente en la basura. Yo sé que acá también pasa. Pero allá es una cosa desmedida. Me mudé al lugar que quería, pero todo siguió igual. Vas al supermercado y no encuentras comida. La gente está muy triste, las ciudades son muy grises. ¿Sabes lo que es caminar por acá a la una de la tarde cuando no hay nadie en las calles? Así es todo en Venezuela.

–  ¿Caracas, por ejemplo?

—  Caracas, Maracaibo, todo. Barquisimeto es una de las ciudades más hermosas de Venezuela. Siempre estaba hermosa, igual que Maracaibo. Aunque Maracaibo ya estaba muy mal. A Barquisimeto había ido hacía como tres años y todo bello. De repente vas, y es todo gris.

–  ¿Casas derruidas?

—  Sí, las calles. La gente en la calle, los negocios cerrados. Los concesionarios hace cuatro años que no tienen autos. No hay autos dentro de los concesionarios, están vacíos. O te ponen un cinturón de seguridad o cositas para vender. Y comprarlos es casi imposible. Entonces, es eso. Si tienes 22 años, tú dices ‘la remo’ o te pasas igual afuera o acá. Pero yo tengo 38 años, tengo una vida hecha. Y no puedes seguir remándola. Estas pensando en tu carrera.

–  ¿O tener familia, hijos?

—  Ahora, tener un hijo allá… el solo hecho de pensar en ir al supermercado y que no hay pañales, aunque tengas toda la plata del mundo, pero no existen.

La inflación

–  ¿Cómo es vivir con una inflación tan fuera de control que ni siquiera se la puede medir?

—  Ahora se habla de 4 millones por ciento de inflación.

–  ¿Eso implica que todos los días las cosas aumentan al doble?

—  Todos los días y por hora.

–  ¿Cómo hace sus cálculos?

—  No los haces. Hace mucho que no hacemos cálculos. Es decir, hoy ‘cuánto me entró’ y ‘voy a ver para qué me alcanza’. Así. Porque el aumento no es diario, es por horas. Tu puedes ir a la mañana y a la tarde ya es otro precio. Es descabellado.

–  ¿Y qué precios o valores?

—  El sueldo mínimo hasta el mes de agosto, cuando hicieron una locura en Venezuela (cambiaron los bolívares por petros), te alcanzaba para comprar una lata de atún. Es un dólar. A veces te preguntan y tú terminas por ni contar, porque te sientes como mentirosa. Porque no te cuadra en el cerebro. Tú mismo lo sientes como exagerado. Uno mismo, que lo vivió y la gente que lo vive, no te cuadra en el cerebro. Imagínate que tienes que trabajar un mes para que te alcance para una lata de atún. Es literal, no estoy exagerando ni un poco. Ahora hicieron un cambio, le quitaron cinco ceros a la moneda. El sueldo en setiembre era de 1.800 petros, se llama la nueva moneda, que es digital. O un millón 800 mil bolívares. Un kilo de carne vale 100 petros, son 18 kilos de carne en el mes.

–  Quedan afuera el pan, los alquileres…

—  Sobre los alquileres me tomé el trabajo de buscar, varía entre los 200 dólares y 1.200 dólares. ¿Quién gana 200 dólares, cuando no llegas ni a 10?

La decadencia

–  Además de las responsabilidades del gobierno por la mala situación, ¿hay dentro de Venezuela gente que juega a propósito a empeorar todo?

—  Puede ser, hay muchos intereses. Ves muchos políticos que te preguntas ¿de qué lado están? Juegan en contra pero parece que estuvieran a favor. O un día están a favor y otro día en contra, y te preguntas dónde está la jugada.

–  ¿Y en el abastecimiento?

—  Quizás al principio podía estar el que decía ‘me guardo todo porque está muy desequilibrado, yo voy a salir para ganar más’. El problema ahora es que no se está produciendo nada. No tenemos para exportar, no tenemos para importar. No hay carne. El gobierno comenzó a regular la carne hace meses. La carne iba del productor al negocio para venderla al precio regulado. ¿Qué dijeron los productores? No nos conviene, no producimos más. Carne no hay.

–  ¿Las industrias paralizadas?

—  Es total. Los negocios cerrados. Y no estamos hablando de productos que no se necesiten. Los supermercados. O vas a un supermercado y tienes una botella y al metro otra botella, para que haya algo en los anaqueles. Hay un grupito, llega el del supermercado y se lo vende por bulto a unos pocos que, en vez de pagar la carne a un dólar, la paga a 50 dólares. Entonces se la venden a ellos.

–  ¿Le tocó pasar hambre a Ud. o a su familia?

—  No, gracias a Dios. Por suerte tenían varios trabajos, buena administración y comiendo lo más básico.

–  ¿Si uno va al supermercado, lo esencial va a encontrar: arroz, fideos, pan?

—  No hay en los supermercados. ¿Dónde lo va a encontrar? En alguien que ofrece por redes sociales, o por ‘el amigo de un amigo de mi amigo’. Te informan ‘tengo 20 kilos de arroz’ ‘¿en cuánto?’. Si cuesta un dólar cada kilo y tiene 20 kilos, ‘okey, guárdame dos’. Y tú sacas dos dólares de donde no tienes y lo compras. Y vas acaparando en tu casa. Si vas a la casa de cualquier persona, tienes un cuarto con comida, lo que pudo comprar. Yo nunca lo hice porque me parecía tan loco. Pero mi mamá, cuando me visitaba en Caracas, hacía las colas y compraba así: pasta dental, y mucho más. O comprando mucho más caro. Mi cuñado era gerente en un banco y conocía a ‘los chinos’ que tenían un supermercado… era toda una transacción oscura, rara…

–  Se pasan todo el día buscando contactos para acceder a los productos básicos.

—  Eso. Trabajas para comer, y si no tienes techo propio, para pagar el alquiler. Por suerte, tenemos todos los servicios muy económicos: luz, agua. Porque si hubiese sido acá, habría un montón de casas sin luz y sin nada. A pesar de eso, hay estados que pasan hasta 18 horas sin luz.

Sostén de familia

–  ¿Qué está haciendo acá?

—  Varias cosas. Estoy en la empresa Folmer haciendo marketing digital y comunicaciones. Tengo un programa de radio de lunes a viernes, de 22 a 24. Se llama “El arte de emprender”, para emprendedores. Está interesante porque hemos entrevistado a personas de diez países vía Skipe. Tenemos alianzas con TED de Uruguay, también por BiiA Lab, que nació en Perú. La idea es dar todo sobre el tema emprendimientos, que parece una moda, pero no lo es. Estoy súper contenta. Me enorgullece decirlo, hasta ahora yo sola con mi trabajo en Argentina he logrado mantener a mi familia en Colombia durante seis meses a todos. Prácticamente ellos no han trabajado allá; no les daban trabajo porque no tenían permiso de residencia.

Perspectivas

–  ¿Cuál es su perspectiva en Argentina?

—  Trabajar de lo que sé y me formé. Ahora no estoy haciendo ni la mitad de lo que hacía en Caracas. Creo que Dios ha sido muy benevolente conmigo porque la mayoría de los venezolanos están haciendo cosas que nada que ver con su trabajo habitual en Venezuela.

La llegada a Entre Ríos

–  ¿Cómo llegó a estar entre nosotros?

—  Llegué a Diamante, primero. Hay un discurso de Steve Jobs (creador de Apple) que habla de unir los puntos. Dijo que, cuando salió de la universidad se inscribió en un curso de mecanografía, lo hizo y luego se olvidó. Cuando crea la computadora Apple, hace las fuentes inspirándose en lo que hizo en ese curso. Dijo que ese curso era su punto hacia atrás para inspirarse. Igual hice yo, hace ocho años conocí una familia de Diamante, la familia Rey, en Isla Margarita, en Venezuela. Nunca perdimos la amistad, siempre hubo un contacto. Hasta que hace dos o tres años, me dijeron ‘Kismara, si quieres irte está nuestra casa en Diamante para recibirte’. El festejo que hice por mi primer año en Argentina fue para ellos, la familia Rey, porque gracias a ellos yo estoy acá, bien. Eso se valora mucho.

–  ¿Cómo se lleva con el mate?

— Me encanta el mate amargo. Se nota que te da energía; si bien para Uds. es una adicción, te da energías.

–  Más que una adicción es un acto social.

— Eso es verdad. Porque al tercer día de estar acá me tocó ir a Paraná a entrevistarme con gente de la Provincia. El chico que me entrevistaba sacó un mate y yo me decía ‘¿cómo tomo de la misma bombilla?’ Para nosotros, venezolanos, es muy fuerte eso, no es habitual tomar de la misma bombilla.

–  ¿Vivió cambios físicos al venirse?

—  He engordado más o menos ocho kilos. No por hambre ni por comer menos, siempre fui muy delgada, pero tengo ocho kilos más en un año. Es la tranquilidad. En Caracas y ciudades grandes vives muy acelerado siempre y no comes a la hora. En cuanto al clima, amo el invierno; el verano pasado… nunca me había sentido tan agobiada. Me mató el verano.

Kismara Carolina Franco Araujo tiene 38 años, nació en la segunda ciudad de Venezuela, Maracaibo. Creció en el Estado Trujillo, en la región andina. Luego se fue a vivir y trabajar a Caracas. Su madre, sus dos hermanas, dos cuñados y tres sobrinos viven en Bogotá (Colombia), desde donde esperan emigrar a Argentina. Su padre está divorciado de la madre y vive en Venezuela. Estudió comunicación social y periodismo en la Universidad URBE, universidad privada de Maracaibo, en el Estado Zulia, una de las zonas petroleras del país. Tiene más de 15 años trabajando en medios de comunicación, especialmente para Globovisión. En Caracas tenía su propia empresa productora de eventos de todo tipo.

Cuándo se jodió Venezuela

–  En su novela “Conversación en La Catedral”, Mario Vargas Llosa comienza la historia con una pregunta famosa en la literatura ‘¿cuándo fue que se jodió el Perú?’. ¿Cuándo fue que se jodió Venezuela?

—  Cuando Maduro llegó al poder. Porque estábamos mal, pero era muy paulatino, muy lento. Muy sutil, sobre todo porque había un discurso muy interesante y muy fuerte de Hugo Chávez Frías. Era un mago con el discurso de masas. Era un Hitler, totalmente. Era un estratega en realidad, y sabía cómo mover los puntos. Maduro no tiene idea de cómo llegar a la gente. Imposible. Así hubiese sido Obama quien hubiese llegado al poder, hubiese pasado algo similar. Porque tienes un maestro y logras llegar… es como el Papa Francisco, le está costando un montón porque viene de un Papa como Juan Pablo II. A Chávez la gente lo amaba o lo odiaba, tenías sentimientos encontrados con él, pero…

–  Pero había liderazgo y mucho carisma.

—  Mucho carisma, en eso era innato. Y segundo, trabajó muy bien todo su carisma, su discurso, su liderazgo, era un mago. Yo soy máster en Programación Neuro-Lingüística, hice tres años, y en las últimas formaciones estábamos horas estudiando el discurso de Chávez. A pesar que sabías cómo usaba todo lo que él usaba, tú sentías la necesidad de quererlo. Llega Maduro y todo empezó a caer. La gente desconfiaba. ‘Éste qué va a hacer, va a destruir lo que el Comandante dejó’. Hace dos años, la caída fue muy fuerte; y hace un año, en el 2017 fue total. De hecho, lo dicen los escritos y estudios. ¿Qué ayudó a Chávez? El precio del petróleo. Cuando llega Chávez al poder había el mejor precio del petróleo en el mercado. Justo Maduro toma el poder y todo fue en contra. Entonces, se les acabó el dinero con el que Chávez nos tenía muy contentos, o al menos a algunos. Ahora no tienen dónde sacar más y no hay una estrategia de gobierno.

–  Comparado con otros proyectos revolucionarios en Latinoamérica, que surgieron de la movilización social, Chávez llegó al gobierno y convenció con discurso y con plata ‘desde arriba’.

—  Sí, porque no éramos para nada populistas ni menos socialistas. Éramos totalmente capitalistas. Cuando llegó Chávez queríamos salir de algo que estábamos acostumbrados. Decíamos Copei y AD (partidos socialcristiano y socialdemócrata que se habían turnado en el poder durante más de 40 años, en una democracia liberal altamente corrompida, N. de R.) robaban. Él llegó con el discurso muy lindo y llegó a la gente de clase pobre. Toda la gente que no había podido estudiar antes y ahora sí; gente que no había podido llegar a una casa y ahora sí; que no comía todos los días y ahora sí. Obviamente, ayudó a un montón. Las misiones y los círculos bolivarianos en teoría eran excelentes.

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