Por Hugo Schira (Paralelo 32).- El grupo de estudios de “Economía y Género” de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario analizó la pobreza de tiempo que sufre la población, utilizando datos de la Encuesta de Uso del Tiempo. Es una herramienta de la denominada Economía Feminista, que permite visibilizar el trabajo no remunerado, al que considera esencial en la reproducción del sistema económico y determinante para profundizar los roles de género.

Uno de los datos más llamativos, más allá de la coyuntura dominada por el tiempo libre forzoso durante la actual cuarentena por el coronavirus, es que el déficit de tiempo está presente en los dos extremos de la línea de nivel de estudios. Tanto quienes tienen menos educación, con primario o primario incompleto, como los universitarios, sufren las mayores cargas horarias en su vida cotidiana.

En el primer caso, existe una necesidad de realizar mayor cantidad de tareas para lograr la subsistencia. “El caso de los universitarios, especialmente de las mujeres, suponemos que este déficit de tiempo se debe a la complejización de la situación, con empleo de mayor responsabilidad, donde los límites del trabajo con la vida se desdibuja”, sostienen los autores del estudio. Los estratos educativos medios, de secundario completo, suelen ser el grupo que menor pobreza de tiempo sufre.

Otro dato del estudio: uno de los grupos poblacionales sobre los que recaen las tareas de cuidado son los adultos mayores. Hay un alto porcentaje de mayores de 60 y 70 años que se dedican al cuidado de otras personas, tanto dentro como fuera del propio hogar.

Estas cifras ponen en cuestionamiento dos supuestos del sentido común imperante: que los adultos mayores son una carga y que una persona puede trabajar hasta cualquier edad.

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