El sueño de Nacho, un joven atleta que no baja los brazos
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Historias de vida que, aún cuando recién comienzan, proyectan una fe en los objetivos capaz de estimular a muchos de su edad.
A los 9 años descubrió que correr era mucho más que un deporte. Desde entonces, Ignacio "Nacho" Albornoz (15) convirtió el atletismo y calleras combinadas (duatlón) en una pasión que lo acompaña todos los días. Aunque debió interrumpir los entrenamientos en algunos momentos por cuestiones de estudio y familiares, nunca dejó de perseguir su sueño: competir algún día en las grandes pruebas.
"Empecé a correr a los 9 años. En todo este tiempo solo dejé un par de semanas y después retomé. Lo hice más que nada por los estudios, pero siempre volví porque correr es lo que más me gusta", cuenta.
Para Nacho, el deporte significa mucho más que competir. "Me deja un buen estado físico y a mi mamá le gustaba verme correr. Eso también me motivaba mucho", recuerda con emoción.
Actualmente entrena los lunes, miércoles y viernes junto al profesor Tomás Salcedo, alternando entrenamientos en zona de la costa, partiendo desde el Club de Pescadores. Cuando el tiempo se lo permite, suma entrenamientos por su cuenta y realiza actividades recreativas que de alguna manera forman parte de lo que necesita para encontrar un equilibrio.
Su realidad, sin embargo, representa un desafío permanente. "Por ahora solo estoy entrenando. Muchas veces no puedo ir a competir porque no me sobra la plata, soy consciente que estamos atravesando un momento difícil, todos. También corro en pista sintética con zapatillas comunes porque los clavos son muy caros y no puedo comprarlos", explica.
Pese a las dificultades, ya representó a su ciudad en distintas competencias, como los Juegos Entrerrianos, disputados en Concordia y Concepción del Uruguay. Esta semana volverá a competir en Gualeguay, representando a la Escuela Agrotécnica, en una prueba de 2.000 metros. "Si ganamos, nos clasificamos para ir a Concordia", señala con entusiasmo.
Su historia también está marcada por la superación. Después de atravesar algunos problemas que lo llevaron a repetir un año escolar, hoy cursa segundo año en la Escuela Agrotécnica y combina los estudios con los entrenamientos. "La vamos remando, pero vamos bien", resume.
Fuera del atletismo disfruta del fútbol con sus compañeros, de los autos y las motos de competición, y de navegar junto a un tío que trabaja con un barco de hacienda. "Cuando no hay clases lo acompaño y hasta manejo el barco", cuenta orgulloso.
Cuando habla del futuro, no duda. "Mi sueño es competir en Brasil, también en Mar del Plata. Quiero llegar a ese nivel y seguir corriendo esas carreras que tanto me gustan."
Antes de terminar la charla, Nacho deja un mensaje especial para quienes lo acompañan en cada paso: "Le mando un saludo a mi papá, a Andrea, a mi hermana Ana Paula Muñoz y a mi mamá, que está en el cielo."
Historias como la de Nacho demuestran que, aun cuando el camino presenta obstáculos, la pasión, el esfuerzo y la perseverancia pueden mantener vivos los sueños. Objetivos como el suyo también inspiran a otros jóvenes, demostrando que la vida saludable y la juventud pueden transitar el mismo camino.

