El stan up del escenario político

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** Mientras el fin de año se nos acerca en picada como loro a los higos y nos da un poco de miedito verle la cara, los que estamos obligados a cumplir con nuestros lectores cada semana con una columna que sea realista y a la vez divertida, estamos como Carrió, cada vez que hacemos un chiste tenemos que explicarlo. Tiempos encarajinados. Hasta el humor se ha desvirtuado en el país. No porque los argentinos hayamos perdido la capacidad de reírnos de nosotros mismos aún en los peores momentos, el problema es que los políticos se dedican a decir chistes y los humoristas tienen más ganas de putear que de hacer reír.

** El autor de esta columna no es humorista y lo ha aclarado un millón de veces (permítanos usar la tercera persona para que parezca que lo dice otro; lo hace más creíble). Muchos lectores, tratando de ser amables nos dicen que se divierten leyendo esta columna, lo cual se debe a que la realidad nuestra de cada día parece un chiste, un doloroso chiste.

** La Argentina se ha vuelto un país surrealista donde hoy se puede, con voz grave y ceño fruncido, soltar contra el Presidente alguna frase letal tipo “me franelea o se cae”, y dos días después aclarar que fue un chiste. Es parecido a descolgar una corona en la sala velatoria y ponérsela al cuello gritando alegremente ¡campeón, campeón!.. en el momento más dramático del velorio.

Hacete amigo del juez       

** Un país surrealista, donde leemos y oímos cada día que el peronismo está fragmentado por el encanto y Cambiemos unido por el espanto. Nada más parecido a una familia desavenida. Lo que hemos visto por estos días es que el oficialismo central es una familia donde ella le grita a su cónyuge ¡te vas de esta casa, no te quiero ver más! y al ratito planean ir juntos a un baile de disfraces. No es una familia normal, por lo menos no podemos decir que sea armónica.

** Surrealista es todo lo que funciona fuera del control racional. “Salvador Dalí aportó al surrealismo el llamado método paranoico-crítico, que consiste en la mezcla de imágenes creadas al azar con otras que le son obsesivas”. Si Quinquela Martín quisiera pintar hoy las calles de Buenos Aires, se calificarían dentro de esta escuela pictórica.

** Un país donde el multiempresario Hugo Moyano convoca a los gremios para aclamar triunfalmente a su hijo a su llegada al aeropuerto (estuvo en Singapur), por el mérito de seguir libre un par de meses más. ¿Cómo puede un experimentado dirigente sindical cometer un error así?, de ir a aplaudir a un aeropuerto y no a la casa del juez amigo que le hizo la gauchada.

Piqueteros de oficio         

** También un país de records insólitos. Desde enero de 2008 hasta diciembre de 2017 se registraron 45 mil piquetes en el país, sumando los de la CABA y cada provincia. El dato, que no se actualizará hasta finalizar 2018, surge de un informe anual de la consultora Diagnóstico Político (DP). Durante 2017 se registraron 3 cortes por día en territorio bonaerense y 2 en las calles porteñas. No se superponen ni coinciden en los mismos espacios, como si en alguna parte hubiera algún CEO del piqueterismo profesional que coordina y concede fechas.

** Lo pintoresco es que un alto porcentaje es realizado por organizaciones piqueteras y sociales con dedicación full, que siguen sin conseguir trabajo y descuidando la búsqueda. Si no se deciden, el poco laburo que queda seguirá cayendo en mano de venezolanos, bolivianos, colombianos. Quizás ya no de paraguayos, país cuyo Producto Bruto aumentará este año un 4% mientras el nuestro caerá 2,8%. Atento Paraguay que el año que viene… ¡allá vaaaamooosss!

Pispeando por la hendija           

** Mirar TV ya no es lo que fue. En los canales informativos, ‘salarios devaluados, canasta de alimentos y tarifas por las nubes, desocupación…”, y uno que hasta la noche ya llenó su tazón de estrés, se evade haciendo zapping en busca de alguna película en la que no actúe Julia Roberts (intento que generalmente termina en frustración). En ese ejercicio del dedo índice, me encontré con Madame Bovary, película filmada en 2014 que a Flor Peña le habría encantado protagonizar y sin dudas le aportaría más realismo a las escenas de cama.

** Es la historia de una joven esposa que por aburrimiento se entrega a lo que en la era post Google la gente ‘superada’ llama poliamor, con la diferencia de que en la época en que se escribió la novela de Flaubert (1856) en la que se basó la película, no otorgaba méritos recorrer los medios de prensa para contar las aventuras de entre sábanas. Son historietas de Billiken al lado de lo que se puede ver hoy en televisión a las cinco de la tarde, pero la diferencia sustancial pasa por el lugar que ocupaba y ocupa la mujer en cada momento en la sociedad.

** A los jóvenes de hoy que consideran un bodrio las películas de época, románticas, como la nombrada, y tantas otras como Lucrecia Borgia (hija del Papa Rodrigo Borgia)… les aconsejo guardar copias para dentro de un par de décadas cuando tengan ese atractivo tan tentador de lo prohibido.

Démosle un poco más de tiempo al colectivo feminista y serán reducidas a cenizas todas las salas que osen proyectarlas y multados los canales de TV que se atrevan a hacerlo. Y lo prohibido siempre termina siendo un éxito. Además ya es un bien escaso.

Hay que besarse más  

** En el párrafo anterior no hay nada, ni una sola palabra, que deba molestar al colectivo feminista, una de las expresiones naturales de nuestra sociedad que poco a poco se va curando de mitos y culpas. Hecha esta salvedad, digamos que se han multiplicado las tribus modernas, llamadas colectivos, y han servido para crear conciencia sobre múltiples temas en la sociedad, aunque no siempre con persuasión a la hora de querer imponer sus puntos de vista y su lenguaje a quienes no piensan igual.

** Por este camino no se observa todavía un horizonte de unidad a mediano plazo, ni de tolerancia mutua, porque también hay intolerancia en contra de esos colectivos, y eso hace que, cuando miramos hacia el futuro, vislumbramos un país dividido en tribus, cada una con un pañuelo que la distingue, verdes, celestes, blancos, rosados, policrómicos… que ojalá no terminen convirtiéndose en banderas, porque éstas han sido históricamente un símbolo a veces para incluir y otras para dividir.

** Quien describió la definición más célebre de las banderas fue el gran novelista francés Gustave Flaubert, a quien ya hemos mencionado párrafos más arriba: “Están tan manchadas de barro y sangre que deberían desaparecer de una vez”. El autor de Madame Bovary redactó estas palabras en 1869, en una carta a George Sand, en el momento en que las banderas acababan de aceptarse como símbolos nacionales.

** Chau. Un ramito de violetas para las damas sensibles.

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