El solitario dolor de los que pierden centenares de colmenas bajo el fuego

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Victoria.- Las quemas en islas afecta la biodiversidad, generan contaminación en el aire que respiramos, en parte ocurridas por causa de la gran sequía y en otras responsabilidad de prácticas negligentes, pero esas columnas de fuego alcanzan también a otras producciones permitidas que intentan desarrollarse en el humedal, tal es el caso de la apicultura. 

Lautaro Torres (24) hace más de una diecisiete años que desarrolla esta actividad, la heredó de su padre Javier —a quien la mayoría conoce como ‘Poro’— y comenta que ya a los 9 años le ayudaba. “Con mucho sacrificio fuimos armando un capital para invertirlo en todos los insumos, la mayoría de éstos se adquieren a precio dólar, y ver cómo se te queman sin poder hacer nada, francamente genera impotencia”, dice el joven a un cronistas de Paralelo 32, mientras añade que su familia siempre ha luchado y no se va a quedar de brazos cruzados, “pero esto duele, te afecta, es mucho dinero que nos llevó años juntar y de pronto todo se vuelve cenizas”.

En este sentido, Lautaro agregó que se le han quemado en el último tiempo más de 300 colmenas, “Nosotros tenemos en varios sectores de la isla cajones, así que los conocidos nos han avisado y hemos podido salvar lotes, cuando logramos llegar a tiempo y sin riesgo para nosotros”.

Hace apenas dos semanas, un domingo puntualmente, a la altura del kilómetro 23 de la traza vial con Rosario, llegaron cuando las llamas habían tomado gran parte de la producción, “Y pudimos salvar un par de cajones. El resto se incineró, aquí el gran tema es que nadie respalda la agricultura, no hay un seguro que se pueda tramitar, y a la fecha hemos perdido más de 3 (tres) millones de pesos en materiales, sin contar la producción de miel”.

El entrevistado advirtió lo complejo que resulta hoy la floración, por la cada vez menor cantidad de monte. “Se trabaja con lo que se puede, todavía queda algo de chilca, y sectores puntuales de monte de quienes nos dan permiso; pero la isla es lo más conveniente”.

Desde hace doce años los Torres participan del festival internacional de apicultura que se realiza en Maciá, y si bien no han logrado premiaciones, valoran que los exhaustivos análisis de laboratorio a los que se somete su producción, la ubican entre los concursantes. “Hemos mandado distintos tipos de muestras, y dado que ingresan cerca de 4 mil muestras de todo el mundo, de esa selección terminan por quedar no más de 40; nosotros no hemos calificado al concurso de degustación, pero estar aptos en ese estricto control de calidad para nosotros es todo un logro”, dijo a Paralelo 32.

Precio

Torres (h) dijo que “La miel no vale lo que debería, el kilo hoy para exportación está en el orden de U$S 1,60; se paga poco y la inversión para arrancar el año es muy importante. Ya que desde indumentaria, cera, hasta el alambre y los clavos para los cajones, todo viene cotizado en dólares. No hablemos del disparate que están los tambores de almacenamiento; o un extractor nuevo que ronda los 300 mil pesos, y nadie asegura que la temporada vaya bien. Esta sequía que se viene afectará la floración, sin ella no hay néctar y por ende miel; incluso hay varios colegas que lo están pensando o han reducido la cantidad de colmenas”.

 Puesto en La Saladita

Los Torres también habían lanzado su producción al mercado, envasando y comercializándola en un puesto que tenían entre los feriantes de la zona costanera, comúnmente llamado La Saladita, cerrado este espacio por la pandemia, ese canal de venta también se cortó: “Seguimos colocando algo de lo que es la producción entre los conocidos, un par de comercios, pero la mayor demanda era el turismo, si bien entendemos que era un riesgo para la salud, a muchos los obligó a reconvertirse”. Su padre, por ejemplo, es uno de ellos, quien decidió reconvertirse y montó una verdulería—y por lo que hemos podido saber, no fue el único que optó por esta alternativa entre los feriantes. 

Reflexión

No por joven Lautaro desconoce de sacrificio y trabajo a sol y sombra, “imaginate que vos llegás a tu casa y se está prendiendo fuego, eso es para nosotros este trabajo, se te quema tu producción y nadie puede hacer nada para evitarlo, es una sensación de impotencia muy fuerte: es esa casa que levantaste ladrillo por ladrillo, y en un par de segundo se redujo a cenizas”. Añade que en el momento es un bajón importante, “Tantos años y dedicación te hacen pensar, pero la realidad enseña que de brazos cruzados no se gana nada. Mi familia me ha enseñado eso, y es una filosofía que aplicamos: cerramos los ojos, no vemos más para atrás, porque hay que seguir haciendo y tratar de recuperar lo perdido. No hay otra alternativa”.

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