Normalmente pensamos en empresas de todo porte y tamaño de facturación, así como cuentapropistas o trabajadores en negro, que por causa de la cuarentena están en dificultades para cumplir con sus obligaciones pecuniarias, pero también las parroquias e iglesias de otras denominaciones cristianas están en serias dificultades desde el primer día.

La suspensión de misas y cultos cortó con las ofrendas, colectas, intenciones de misa, destinadas no solo al pago de servicios como la luz, gas, teléfono, aportes sociales, gastos de mantenimiento, sino también a la ayuda social que silenciosamente realizan muchas de estas instituciones, nunca indiferentes ante las necesidades de la gente.

Este fin de semana será el séptimo sin percibir las contribuciones de los fieles, algunos de los cuales seguramente, conscientes de esta situación, habrán consultado sobre la forma de oblar para el sostén de sus instituciones religiosas.

El caso nos lleva a la reflexión de que creyentes y no creyentes pagan para la atención de su salud, seguro del automóvil, la educación, a cuenta del sustento para su vejez, y los primeros no siempre son totalmente conscientes de la importancia de sostener a quienes alimentan su vida espiritual manteniendo viva la llama de la fe.

Si, aunque no se hable de esto por las razones que sea, el servicio religioso también está en serios problemas económicos por causa de la cuarentena y la feligresía debería tomar cuenta de ello.

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