El Presidente, en su hora más crítica

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Buenos Aires (Por Emiliano Rodríguez/NA).- La rebelión lanzada por el kirchnerismo dentro del Gobierno tras la ruidosa derrota del Frente de Todos (FdT) en las PASO del domingo pasado ubicó al presidente Alberto Fernández en su hora más crítica desde que asumió en el cargo en diciembre de 2019.

Ese delicado equilibrio que existía puertas adentro en la Casa Rosada entre los distintos sectores que integran la coalición oficialista encontró un punto de ruptura con la decisión de funcionarios que responden a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner de poner su renuncia a disposición del jefe de Estado, entre ellos, el estratégico ministro del Interior, Eduardo «Wado» de Pedro.

La jugada grupal del kirchnerismo, que muy probablemente deje cicatrices en el FdT, condiciona a Fernández, lo obligó a recurrir a ministros leales para salir a defenderse del fuego amigo recibido por estas horas y también supone un debilitamiento de su posición en la relación por conveniencia que mantiene con su mentora y jefa del espacio.

Incluso esta reacción del sector más duro del Gobierno, tres días después de la hecatombe electoral del pasado 12 de septiembre, también pone en evidencia el malestar que generó en el seno del oficialismo ese inesperado resultado: el peronismo perdió en 17 de las 24 jurisdicciones nacionales.

El resultado de los comicios, además de desencadenar un sostenido pase de facturas dentro del Gobierno desde el domingo pasado a la fecha, encendió luces de alarma en el Senado, allí donde justamente reside el poder real del oficialismo, con Cristina a la cabeza, ya que el FdT podría quedarse sin su «quórum propio».

En este contexto, el kirchnerismo en las últimas horas había comenzado a ejercer presión sobre Fernández para que impulse cambios en el Gabinete, como sucedió en 2009 y en 2013, por ejemplo, después de los tropiezos electorales que sufrieron los gobiernos de Néstor Kirchner, primero, y de Cristina, luego, en los comicios legislativos de esos años.

Este miércoles, el sector más duro del oficialismo redobló su apuesta y desató una crisis institucional que, por cierto, dejaron completamente al descubierto las «grietas» internas del FdT en el poder, con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el ministro de Economía, Martín Guzmán, ubicados hoy en el centro de la tormenta después de la debacle del domingo pasado.

De todos modos, trascendió que la vicepresidenta se comunicó con Guzmán para comentarle que no había solicitado su renuncia, a pesar de la crisis económica por la que transita el país, incluyendo una inflación que asfixia a la población y supera el 50 por ciento anual.

Tanto en 2009 como en 2013 se produjeron cambios en ambos puestos luego del «mensaje» de las urnas: primero asumieron Aníbal Fernández -que pasó este miércoles por la Casa Rosada, donde charló con Fernández- y Amado Boudou, y cuatro años más tarde Jorge «Coqui» Capitanich y Axel Kicillof, hoy gobernador bonaerense y que en aquel momento argumentaba que medir pobreza era «estigmatizar» a los sectores más postergados del país.

Tras la maniobra política -y también mediática- de los funcionarios que amagaron con renunciar, Fernández reunió a los «leales» y se mostró dispuesto a resistir la embestida del kirchnerismo, horas después de haberse reunido incluso con la vicepresidenta para evaluar la derrota del fin de semana pasado, en medio de un contexto político definitivamente con pronóstico incierto para el Gobierno.

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