El papa Francisco inicia este martes el viaje más largo de su pontificado, con un recorrido de siete días a Tailandia y Japón.

Francisco llevará su misión de prohibir las armas nucleares a los dos únicos blancos de ataques atómicos en la historia, las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

Las comunidades católicas en ambos países son pequeñas en comparación con las multitudes que han recibido al papa argentino en otros destinos. En Japón hay unos 536 mil católicos y en Tailandia 389 mil, lo que hace menos del uno por ciento de la población total en esas naciones.

En Tailandia, la primera escala del viaje, el Pontífice se reunirá con el patriarca supremo de los budistas tailandeses, Somdet Phra Maha Muniwong, de 91 años, y con el rey Maha Vajiralongkorn.

Allí se espera que hable sobre las plagas del turismo sexual y el tráfico humano, muy notables en Tailandia.

Su traductora, curiosamente, será su propia prima, Ana Rosa Sivori, una monja argentina que ha trabajado como misionera en Tailandia por más de 50 años.

Después de cuatro días en Tailandia, Francisco viajará a Japón, donde visitará Hiroshima y Nagasaki el 24 de noviembre.

Se calcula que unas 400 mil personas murieron, en los ataques o después víctimas de la radiación, en Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 agosto de 1945, cuando Estados Unidos lanzó bombas atómicas en ambas ciudades para poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

El papa quiere una prohibición total de las armas nucleares y ha ido más lejos de sus predecesores cuando en 2017 dijo que los países no deben acumularlas incluso con el propósito de disuasión.

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