El sinuoso camino que viene recorriendo a los tumbos la firma COTAPA desde hace un par de décadas, la hace propicia para los oportunistas, como ha sucedido en su momento con el emblemático frigorífico de Santa Elena y varias otras empresas fallidas de Entre Ríos. Y los oportunistas saben aprovechar todas las debilidades e inoperancia de la burocracia, a la que no respetan y a la que no le pagan los tributos, poniendo como rehenes a los empleados cuando se los intima.

Recientemente un grupo de vecinos de COTAPA, radicados sobre la parte trasera que da sobre las calles Rondeau y Francia, volvieron a convocar a los medios por una situación grave, insólita, que afecta a su salud, más de lo que ya ha sido afectada por años de polución, con humo de caldera que quema mal, y pérdida de amoníaco que se esparce por el vecindario, probablemente proveniente del sistema de enfriado. Esta vez, vencida por el óxido y la falta de mantenimiento, el 29 de diciembre último se derrumbó una enorme chimenea que evacúa el humo de una caldera que funciona usando aceite quemado como combustible. Ya contaminaba, pero ahora, caída sobre el techo sin que nadie se ocupe siquiera de retirarla, el humo sale directamente desde el entrepiso, a baja altura, e invade los domicilios.

Cotapa, cuyo frente se ve muy bien sobre Avda. Almafuerte de Paraná, en su área industrial al fondo del predio muestra un rostro diferente. Da la impresión de que los vecinos no les importan a una empresa cuyos directivos deberían asumir la responsabilidad social que les compete, sobre todo a las pocas industrias que se han negado a relocalizarse y permanecen trabajando en medio de una ciudad, en este caso puntual con desagües pestilentes, contaminación ambiental por humo y contaminación auditiva.

La marca y la planta productora de Cotapa son actualmente propiedad de la firma En Premieur SA, uno de cuyos rostros visibles ha sido siempre el señor Acevedo Díaz. Su presidente es Enrique Tossolini. Si En Premieur SA pagó una cuantiosa deuda pendiente al Estado provincial, es algo que siempre estuvo sombreado por afirmaciones y desmentidos. Su realidad hoy es muy distinta a cuando el gobierno de Urribarri intervino en rescate de la cooperativa con el propósito de ir en auxilio de “129 trabajadores y sus familias, en un grupo de 100 tambos, la mayoría pequeños y medianos” (Mensaje del Gobernador a la Asamblea legislativa 2010). Lo cierto es que ya no están esos tambos zonales que entregan y es difícil saber de dónde procede la materia prima.

Hay vecinos con problemas respiratorios a los que el neumonólogo les ha dicho que sus pulmones se ven como si hubiesen fumado toda la vida. Así lo han testimoniado a Paralelo 32 y también lo dijeron públicamente cuando medios audiovisuales de Paraná concurrieron a un llamado para que filmaran y tomaran nota de la chimenea caída. Y en este punto hay que añadir otro dato. Allí se ve una segunda chimenea, aún en pié y aparentemente en buen estado, que pertenece a una caldera que funciona con gas, pero no se usa. Una versión dice que la empresa tiene el servicio de gas cortado, otra que no lo usan por razones de costos. Aseguran también los vecinos que se está trayendo aceite de desecho y es usado como combustible en la caldera que humea a través del techo a baja altura. El humo negro los delata.

Si nuestro título menciona a la burocracia como estructura que unas veces dificulta o impide los emprendimientos privados y otras veces resulta propicia a los que saben aprovecharse de sus debilidades, es porque en Mesa de Entrada de la Municipalidad de Paraná consta un reclamo de los vecinos  ante la Secretaría de Ambiente y Acción Climática (Expdte 2772/21), el 12 de febrero de 2021 y el 18 de ese mismo mes y año pasó a la Dir. De Fiscalización y Control Ambiental. Dentro de 20 días deberían reunirse los vecinos de calle Rondeau para encender la primera velita por cumplirse un año de aquel expediente que no les trajo mejoras.

Aseguran los vecinos que el 18 de enero de 2022 también presentaron una nota, de la que sin embargo no hay constancia en Mesa de Entrada. Aún así, Fiscalía municipal actuó.

Hemos tratado de comunicarnos con la Directora de Fiscalización, Lorena Caminos, pero se halla en uso de sus vacaciones. Tras insistentes llamadas, en ambos casos, el jueves fuimos atendidos por un empleado de la Subsecretaría de Ambiente a cargo del Ing. Barrone. Solo se nos pudo informar que Cotapa ha sido intimada, que se le labraron dos o tres actas por el tema de la chimenea, con multas que son acumulativas.

Pocos días después de ocurrida la caída, al medio que le hizo declaraciones el Ing. Barrone es a Radio Nacional Paraná, donde habló de comprobaciones, evaluación de aspectos ambientales, etcétera, y que se labró un acta que fue remitida al juzgado de Faltas de la Municipalidad. Significa que todo terminará en una falta administrativa, multas, intimaciones, y si no se cumplen se seguirá labrando actas “acumulativas”. Si los vecinos recurrieran directamente a la justicia civil… los tiempos de la justicia son bien sabidos. Y aquella ordenanza municipal que un par de décadas atrás ordenaba la relocalización de la empresa láctea, también quedó en letra muerta.

En las últimas décadas los edificios municipales, provinciales, y ni hablar de los nacionales, se han poblado de organismos defensores de los humanos, los vecinos, los humillados, los postergados, los que padecen inseguridad pública, los que relaman respirar aire puro, etcétera. Se trata de un enorme y laberíntico aparato burocrático donde se superponen y desencuentran organismos y jurisdicciones, pero “la gente” sigue desamparada. Algunos dicen que es por inoperancia, otros por intereses espurios o por la propia trabazón del sistema; a los afectados poco les interesan los porqués, solo quieren respuestas tan rápidas como cada caso amerita. En este caso, el gobierno y el propietario saben que si Cotapa debiera ajustarse a las normas sanitarias, fiscales y ambientales, debería cerrar sin más demora. No queremos eso porque hay familias de por medio. En cuanto a los problemas sin solución, seamos justos en ponerlos en su debido marco, que en este caso no requiere más de tres palabras: Estamos en Argentina.

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