Crespo– El desafío de Cáritas es lograr el desarrollo integral de todas las personas, especialmente las comunidades más pobres. Hoy ya no se trata de dar alimentos o abrigo, sino de acompañar a las familias en proyectos de promoción humana y  microemprendimientos productivos y de autoconsumo. Cáritas de la Parroquia San José impulsa desde el año pasado el cultivo de huertas familiares, donde las personas aprenden a producir la tierra, aún en espacios reducidos.

“Cáritas –explica Valeria Silvero, una de las voluntarias- hace unos cuantos años cuando empezó este servicio pastoral daba asistencia en ropa y alimentos, pero con el correr del tiempo fuimos dándonos cuenta como iglesia que no alcanza con eso. Volviendo al evangelio, teníamos que enseñar y aprender a pescar, porque en esto todo es compartido”. Así surgió la idea de fomentar las huertas familiares, proyecto del que participan cuatro familias del Barrio San Miguel. En su visita a Paralelo 32 la acompaña Ana, una de las señoras que creó con su familia una pequeña pero muy variada huerta.

“Ana –la presenta Valeria- es una mujer muy emprendedora, tiene el sí fácil para trabajar, ella y su familia contagian entusiasmo”.  Seguidamente ella cuenta su experiencia. “El terreno no es muy grande, asi que tengo de todo un poquito: zapallitos, acelga, lechuga, tomate, remolacha, albahaca, perejil, cebolla, pepinos, repollo, cebolla de verdeo”.

– ¿Alcanza para el consumo familiar?

– Sí. Como ser plantines de albahaca di muchos. Lo demás lo vamos sacando y consumiendo, hay bastante tomate y pepino, que como se cortan los chicos los lavan y comen. Ahora, las plantas de primavera se están secando y hay que volver a plantar las de la nueva temporada.

– ¿Quién da vuelta la tierra?

– Entre mi marido y yo. En el lugar que teníamos el agua se llevaba la tierra, él hizo traer tierra negra, linda, y armamos almácigos con ladrillos y maderas. Algunas plantas tenemos en macetas y en tarros. Ahí hacemos la semilla y después trasplantamos.

– ¿Con la huerta en casa, hay un mayor consumo de verduras en la familia? ¿Antes se compraba o solo se consumía lo elemental para algunas comidas?

– Tomate siempre se compró, al pepino no lo comen. Al zapallito lo prefieren en guiso o en estofado y al repollo en pirok. Después a la albahaca, la cebolla, cebolla de verdeo y perejil se le pone a la comida y nadie se entera. Al tomate los chicos lo sacan de la planta, lo lavan y lo comen. No tiene nada de fertilizantes ni se fumiga, es una huerta agroecológica. Tengo caléndulas, menta, orégano, que ahuyentan los bichos.

“A las herramientas para trabajar las huertas las compró Cáritas, y a la semilla –aclara la voluntaria – la conseguimos del INTA y como demoraron en llegar las del plan Pro Huerta, Miguel Pusineri nos dio una gran cantidad”.

“Dentro de Cáritas –agrega- somos varias, Mirta Holzhuz y Estela Gareis de Spretz, también están muy presentes, cada una hace su aporte  y nos acompaña Mario Wagner en esta tarea. Las familias del grupo también tuvieron  una charla con Carla Liberatore del Inta  para armar la huerta y la semana pasada, con Mirta Kahl, para aprender a elaborar compost. Conseguimos baldes de MTH para la huerta, ellos los descartan y a nosotros nos sirven, así que vamos a volver a pedir para el compost”- agrega sobre los recursos que se utilizan para resolver la escasa disponibilidad de espacios.

La de Ana es una de las huertas más completas, otras familias tienen huertas más sencillas. “Lo que tiene Barrio San Miguel es que los terrenos son reducidos y a veces en un terreno hay más de una casa –plantea- En el caso de Ana, tuvieron la creatividad de trabajar en forma vertical, con pallets y media sombra. Los chicos colaboran. Augusto me enseñó cómo se planta en una botella, algo que era novedoso para mí. Lo vio en YouTube y lo aplicó. Son nenes que van aprendiendo porque ven a la mamá que va marcando esa huella”.

“El acompañamiento de las familias va dando sus frutos –agrega Valeria-. No es fácil, valoramos mucho la actitud de ellos en poner un poquito más de empeño y superar esta crisis, que son crisis para todos pero que a algunos los afectan un poco más que a otros”.  Ver ese entusiasmo animó a Cáritas en pensar qué hacer cuando la producción excede el consumo y decidió planificar una capacitación para producir conservas y mermeladas, que dioen el Salón de la Parroquia el chef Lautaro Marche. “Es un paso chiquito- afirma la representante de Cáritas- pero está en mira un microemprendimiento, más adelante, por eso necesitamos capacitarnos”.

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