Crespo.- La licenciada Mónica Fassoni estuvo a fines de año en el salón municipal realizando una disertación sobre “Orientaciones básicas para la educación sexual de niños, niñas y adolescentes con discapacidad o diversidad funcional”, organizada desde el área de Desarrollo Social de la Municipalidad, destinada a padres, profesionales y docentes. Se trató sobre la sexualidad de las personas discapacitadas, centrando en “su derecho a tener una sexualidad segura, placentera y responsable, que aporte a la calidad de vida”, dijo la profesional.

En diálogo con Paralelo 32 destacó que reconocer “el derecho a la sexualidad de las personas discapacitadas sacudió muchas estructuras mentales”. Al iniciar la entrevista, Fassoni destacó: “Pensamos a la sexualidad como una fuente de autonomía, por lo tanto la Educación Sexual es una estrategia para promover autonomía, en particular a las personas con discapacidad”.

–  ¿Por qué es importante la sexualidad en la persona discapacitada?

—  Porque con las personas con discapacidad hay toda una batería de recursos invertidos por la ciencia médica y por las familias para rehabilitar funciones sociales de estas personas. Eso significa que estas personas pueden lograr un grado de adaptación a la sociedad adquiriendo capacidades que no tendrían. Pero integrarse a la sociedad es otra cosa. Uno se integra desde todas las dimensiones humanas y se integra también desde la dimensión sexual. Una cosa es rehabilitar para que sepa leer, escribir, tener autonomía en la calle, hacer de todo, trabajar, estudiar. Pero los sujetos nos sentimos integrados a una sociedad cuando nos reconocemos como sujetos sexuales y sexuados. Cuando uno entra a un lugar, no sabe si hay trabajadores, artistas u otras profesiones. Lo primero que ve son varones y mujeres. Es el primer punto en el que uno se siente integrado al contexto. En las formas tradicionales de ver la discapacidad se negaba el género. Se los veía como ‘discapacitado’ o ‘discapacitada’; no como hombre o mujer. Hoy se trata de trabajar y ver que esa dimensión existe porque es la forma de integrar al sujeto.

–  ¿Ha habido un pedido específico desde los discapacitados para atender esto?

—  La sexualidad es una construcción absolutamente social y antropológica. En cada momento de la historia de la Humanidad una norma sexo-erótica ha establecido que ‘lo normal es esto’ y por ahí se aglutinó y homogeneizó a la gente. Históricamente, se dejó afuera la sexualidad de las personas con discapacidad, se dejó afuera la sexualidad de las personas transexuales, las que no cumplían con el parámetro del binarismo sexo-género. Así como el colectivo LGTBQI (Lesbianas, Gay, Transexuales, Bisexuales, Queer, Intersexuales) hizo su lucha para que se visibilice su condición sexual y que se traduzca en leyes, el colectivo de adultos de la discapacidad está haciendo una lucha a nivel internacional para que se reconozca que su sexualidad sigue siendo invisible, pero que está presente. A lo mejor no es una sexualidad reproductiva ni coital ni genital, pero es una sexualidad.

El mito de la educación sexual

–  Al educar a menores, ¿cómo evita la denuncia del ‘se los induce a…’?

—  Es el temor a que la educación sexual despierte la curiosidad. Es un temor, un mito y un prejuicio. Corresponde a una manera de entender la sexualidad como equivalente a genitalidad o a actividad erótica. Pero la sexualidad es¡¡muchiiisimo!! más amplia.

–  ¿Con qué cosas se amplía?

—  Desde que me levanto a la mañana hasta que por la noche me voy a acostar, todo lo que hago está determinado por mi sexualidad. Y a lo mejor no tuve relaciones eróticas ese día. El tema es que hay miedos en las familias con niños o niñas con discapacidad. En el sentido común está la idea de que si uno hace educación sexual va a despertar interés. Uno, lo que va a hacer es prever un montón de situaciones. Básicamente, va a estar trabajando habilidades y competencias para las relaciones humanas. Las relaciones entre géneros, entre varones y mujeres, son relaciones sociales. Un modo de esas relaciones, puede ser la relación íntima genital, pero eso es un plano, es un modo, una forma de manifestación.

En la cotidianeidad nos relacionamos varones y mujeres o personas de otros géneros en montones de planos. Por otro lado, más vale información suficiente y precisa a tiempo, que poca información tarde. Muchas veces, las familias tienen miedo a actuar, no saben. Se viene la adolescencia y miran para otro lado. O, porque muchas veces la medicina impone un diagnóstico sobre ese niño o niña, creen que nunca va a poder asumir responsabilidades sexuales o socioafectivas. Queda como un eterno niño. Cuando llega a la adolescencia, muchas veces no se hace nada, o se actúa en un momento de crisis cuando hay un daño severo. Otras familias buscan ayuda porque saben que algo le está pasando a esa edad y saben que algo hay que hacer.

ESI y discapacidad

–  ¿Cómo incluye la Educación Sexual Integral (ESI) en la discapacidad?

—  Como con cualquier persona. Parto de la idea de que un niño o niña con discapacidad, ese sujeto que biográficamente se construye como un sujeto sexuado –o sea, que tiene órganos reproductores y genitales–, y como un sujeto sexual –o sea, que se percibe a sí mismo o se autodefine como varón, como mujer o como fuere–, tiene una identidad y un rol de género, tiene una orientación de su deseo sexual. Además, ese sujeto se relaciona con otros sujetos que son sexuales y sexuados; se relaciona con relaciones familiares, afectivas y también sexuales. Además, la Educación Sexual implica otra posibilidad: que el sujeto se asuma con sus propias particularidades.

¡Hay que trabajar el conocimiento del cuerpo! ¡Hay que trabajar la idea de que el cuerpo es de él o ella y que él o ella puede decidir quién va a acceder a su cuerpo! Si no, después tenemos situaciones críticas y conflictivas. Hay que trabajar la diversidad, porque los deseos sexuales diversos también se presentan en personas con discapacidad. Hay que trabajar el género, el conocimiento de todos los derechos. Un niño o una niña con discapacidad debe tener las competencias para detectar situaciones de riesgo. Esos son los lineamientos curriculares de la ESI (Educación Sexual Integral).

–  Hay muchos temores en torno a enseñar sobre sexualidad.

—  Lo que pasa es que la gente cree que desde que apareció el ser humano en el mundo, hubo una sola manera de entender la sexualidad. Cuando uno recorre la historia de Grecia Antigua, de Roma Antigua, de la Edad Media, del judeocristianismo hasta la actualidad, va a ver que hubo distintas formas de concebir la sexualidad, distintos valores asociados a la sexualidad, distintas maneras de entender las relaciones sexuales.

–  ¿Cómo está el debate sobre la sexualidad en Argentina? ¿Quién está ganando y quién está perdiendo?

—  Creo que en la Argentina contemporánea hubo un gran avance en términos de reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, que significó no sólo reconocer el derecho a la maternidad segura, a decir cuándo quiero tener un hijo y si no quiero, el derecho a acceder a un método anticonceptivo. También, como parte de la Constitución y de la Declaración de Derechos Sexuales y Reproductivos, el derecho a tener una sexualidad segura, placentera y responsable, que aporta a la calidad de vida.

Eso fue un gran avance y sacude muchas estructuras mentales. Se expresó en leyes como la de ESI, de matrimonio igualitario, de identidad de género, derechos de los adolescentes y un montón de normativas legales. Es uno de los temas más espinosos y conflictivos; entonces, hay una división. Y también hay una discusión, que para mí es un retroceso, poner en duda estos derechos.

Información científica en debate

–  ¿Cuál es la información científica? ¿El doctor Albino seguramente no estaría de acuerdo con Ud. en mucho de lo que dijo hasta ahora?

—  Pero la Sexología es una disciplina científica que toma aportes de la medicina, de la veterinaria, de la biología, de la antropología, de la psicología. Disciplinas que han logrado consensos sobre un montón de conceptos. Y esos consensos se han logrado, en algunas cuestiones, como el tema de los anticonceptivos y los preservativos. Más allá de las opiniones de este médico, hay fundamentos físicos materiales que muestran que el virus del VIH no pasa a través de los poros del preservativo.

–  También es cierto, como dice el refrán, que ‘a seguro lo llevaron preso’. Nada es 100% seguro en la vida. Tampoco el preservativo.

—  Por supuesto. Su uso puede tener un 2% de posibilidad de fracaso. Lo que se mide es ese 98% de seguridad, frente al 100% de seguridad de contagio si no tomo ninguna medida de seguridad. Yo me paro desde la ética de los derechos sexuales, tengo derecho a ejercer mi sexualidad individual en forma libre y sin coerción, pero no puedo poner en riesgo el proyecto de vida ni la integridad del otro. Si al otro lo obligo, lo induzco o lo presiono a tener relaciones sexuales inseguras no estoy actuando en un contexto de libertad.

–  Por otro lado, hay límites penales que no se ponen en duda: el abuso, la violación, el acoso.

—  Está buena la aclaración porque no es que todo vale. El límite de la ética de la sexualidad es que debo respetarme y respetar al otro. También hay que trabajarlo en la discapacidad. Si los dos acordamos hacer algo, debemos estar ambos de acuerdo, y si los dos somos suficientemente adultos como para saber las consecuencias, ese es el límite de la ética, que para mí da amplitud en el ejercicio de la sexualidad.

Por supuesto que hay otras perspectivas, como las religiosas, porque también la sexualidad es un compendio de aspectos físicos, biológicos, psicológico-emocionales, culturales, políticos, jurídicos y espirituales. Algunas veces esta dimensión espiritual puede acotar los límites. El problema es cuando se acotan límites, se niega y se reprime el despliegue de una sexualidad bien vivida, que no es solo genitalidad y erotismo. El respeto a roles de género amplios va a enriquecer la personalidad, va a potenciar las posibilidades de comunicación, amor y encuentro entre los seres humanos.

Quién es

Mónica Fassoni es licenciada en Trabajo Social, diplomada en Salud Sexual,  Reproductiva y Género; tiene un postgrado en Sexología Educativa y es orientadora en Sexualidad y Diversidad Funcional. Fue coautora y estuvo a cargo, hasta que se jubiló hace un año, del Programa de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud de Entre Ríos. Además, en forma independiente trabaja con docentes de escuelas integrales, haciendo asistencias técnicas sobre Sexualidad en la Discapacidad.

Actualmente trabaja en el Instituto Provincial de la Discapacidad, sobre orientaciones básicas para la Educación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes con Discapacidad dirigido a familiares, cuidadores y público en general.

El aborto y la sexualidad

–  ¿Cómo entra la despenalización del aborto en las discusiones sobre ESI, sexualidad y discapacidad?

—  Es un derecho más. Desde mi experiencia en el área de Salud creo que no es un problema penal, es un problema de salud.

–  En la práctica está casi despenalizado, pero sigue clandestino.

—  No es fácil acceder a una interrupción del embarazo en condiciones de seguridad sanitaria. Pero, estamos retrocediendo porque estamos discutiendo la ESI.

–  ¿Teme que pueda avanzar ese retroceso?

—  Le temo. Lo que pasa es que hay que tomar conciencia y no tenerle miedo a la sexualidad humana. Aparte, la educación sexual implica transmitir valores, pero esos valores no pueden atentar contra las leyes, por ejemplo. Ni pueden atentar contra lo que está científicamente comprobado. Cuando se hace educación sexual se brinda información que muchas veces en la casa hay miedo a dar. Aparte, muchos padres somos de una generación que, para muchos, ser sexuado fue una desgracia. Hemos tenido experiencias no satisfactorias porque nadie nos preparó. Nos enseñaban a cruzar la calle, a ser respetuosos, a comer bien, querían que de adultos fuésemos sexualmente exitosos y eficaces, pero no nos prepararon.

Sexualidad adolescente

–  Hoy el ingreso a la sexualidad es a muy temprana edad.

—  Porque lamentablemente los medios de comunicación ponen al sexo como un objeto de consumo. Consumo que va a satisfacer ya! una necesidad que tengo en forma inmediata y que es transitoria, urgente, con cero posibilidad de planificar el cuidado.

–  En nuestra época de niños y preadolescentes, los padres pedían a los maestros que dieran clases de sexo. Hoy la situación es mucho más compleja…

—  Sobre todo porque debemos enfrentar los daños que estamos viviendo sobre la salud. Creo que hace unos años atrás había una lógica de represión de la cuestión y se fue a una liberación de prejuicios. En definitiva, ninguna de las dos posturas extremas es saludable para el ser humano. A través de la ESI (educación sexual integral) debemos definir una ética para el ejercicio de la sexualidad que no ponga en riesgo la salud ni la vida de nadie, que respete las valoraciones personales de cada uno porque hay una dimensión espiritual propia, una dimensión sociocultural que va a atravesar lo psicológico y el uso del cuerpo, pero no puede poner en riesgo esa seguidilla de dimensiones que se van articulando. No pueden poner en riesgo la vida de nadie en pos de una creencia, que a veces puede actuar como un dogma.

No me gusta centrar la ESI en la mera cuestión de disminuir el embarazo no intencional o disminuir el abuso sexual. Pero la realidad es que el 70% de los abusos sexuales se dan en el contexto familiar y que las chicas se embarazan a una edad en la que no están preparadas emocionalmente ni en otros aspectos del cuerpo, aunque ya estén menstruando.

–  ¿El embarazo adolescente empeoró con el tiempo, o sólo es más visible ahora?

—  Hice una investigación con un recorrido epidemiológico sobre embarazo adolescente en los últimos diez años y en el país la tasa se mantiene constante. A partir de desarrollar los programas de salud sexual y reproductiva ha bajado el embarazo en líneas generales, pero en edad adolescente se mantiene constante. Lo peor es el embarazo en la etapa precoz de la adolescencia, porque habla en forma muy clara de abuso sexual. Entonces, hay muchísimo para hacer y no podemos poner en riesgo por un prejuicio religioso. Respeto, porque soy creyente en Dios, pero no puedo negarme a la realidad.

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