Según estimaciones de la AFP, basadas en fuentes oficiales, el número de contagios es de al menos 25.029.250 casos, de los cuales 842.915 muertes. Prácticamente 4 de cada 10 casos se registran en los Estados Unidos y en Brasil, los dos países mas afectados con 5.960.652 casos (182.760 muertes) y 3.846.153 casos (120.262 fallecimientos), respectivamente. Sin embargo con un millón de nuevos casos detectados cada cuatro días desde mediados de julio, el ritmo de la pandemia parece estabilizarse a nivel global.

El continente americano, registra más de la mitad de los contagios, que superan los 13 millones de enfermos en los últimos meses, seguido de Asia, con más de 6,5 millones de casos y Europa, que ronda los cuatro millones con España a la cabeza.

En el continente europeo, la reanudación de la actividad, los contactos sociales y la movilidad que implican a las vacaciones han puesto el evidencia la aparición de nuevos focos infecciosos

Rusia es el país con mayor número de casos (más de 982.000), España encabeza la tasa de transmisión y es el segundo con más casos (439.289), con un repunte desde mediados de julio que se atribuye a un desconfinamiento acelerado y el ocio nocturno.

La pandemia también ha repuntado en Francia, donde el viernes pasado alcanzaba un récord de 7.397 positivos en un día, mientras que Alemania, Italia y el Reino Unido superan el millar de contagios diarios.

A pesar de la desaceleración generalizada, el mundo se ha visto obligado a aprender a convivir con la COVID-19 a la espera de una vacuna. Lavarse regularmente las manos, usar mascarillas y mantener la distancia social, son las únicas medidas capaces de contener la propagación, situación que puede tener un fuerte impacto sicológico sobre la población, como lo expresó el director de la OMS Tedros Adhanom: «Somos seres sociales y es natural que queramos juntarnos, la falta de interacciones sociales ha tenido un profundo impacto sobre la salud mental ».

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