A partir de alguna semilla generosa, nació un fresno en la boca de tormenta que resume el agua de calle Moreno, llegando a la esquina de Rivadavia, desde donde cae al túnel pluvial. No es el lugar apropiado para un árbol, pero ningún municipal se molestó en sacarlo a tiempo y los vecinos temían ser denunciados por atentar contra le ecología, el medio ambiente y el color verde que ahora se ha vuelto muy emblemático. Y quedó.

Frente a él fue reemplazado recientemente el hormigón de la calle, sobre ambas manos. Mucha gente trabajando durante varios días, pero, aunque el arbolito llegó a estorbar, nadie se molestó a sacarlo (“no es mi función”, se supone que dijeron todos). Tampoco los jefes que decidieron y supervisaron la obra parecen ser responsables de sacar a tiempo un arbolito que crece en el hormigón y frente a una boca de tormentas.

Los vecinos han llegado a encariñarse con él y ahora están molestos porque el camión de descarga de hormigón lo estropeó. Ni lo sacaron ni lo cuidaron. Estaba verde y lozano y ahora está pelado y luchando por su recuperación.

Cruzando la calzada, la otra boca de tormenta, que está bien en la esquina, tiempo atrás fue levantada y vuelta a colocar… mal. Quedó más cerrada en una punta. Estaban los obreros ahí y podrían haber reparado ese error, pero no, no es su función. ¿Serán responsabilidad de quién estas cosas?

El hormigón nuevo

La otra curiosidad es que ayer viernes debió intervenir la Municipalidad con un camión cisterna para lavar el tramo nuevo de calle, a solicitud de un vecino que tiene en el lugar un lavadero de automóviles. El hecho es que en la mano noreste se desprende una gran cantidad de cemento de la superficie, el viento lo arrastra y perjudica la labor del lavadero.

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