Victoria.- Con solo 4 años se lo suele ver arriba de algún escenario vestido con prendas gauchas y acomodando como puede un pequeño acordeón, juega, sueña y también imita a su padre.

Para Gaspar Padularrosa es un hábito que cada vez que puede repite, y pide. Pudo haber sido un capricho de niño intentando seguir los pasos de papá, Joaquín Padularrosa, consagrado chamamecero de Victoria de larga trayectoria y paso por los principales escenario de este género bien litoraleño; pero para Gaspar ya forma parte de su propio deseo.

Joaquín cuenta que desde chico él tuvo la posibilidad de mezclarse con músicos porque vivía frente al Club Sportivo, donde cada año convoca a su tradicional festival del canto, pero que en el caso de Gaspar las cosas fueron diferentes, con una mayor influencia en lo cotidiano; “está creciendo junto a músicos, entre instrumentos y equipos, su padrino es Monchito Merlo, yo digo que no es capricho porque para él es un juego acompañar a su padrino en el escenario, o a nosotros cuando puede”, relata.

Cuando Joaquín, su papá, y su grupo subían al escenario, por lo general Gaspar quedaba triste; “intentamos sentarlo y quedaba conforme y después fue algo muy normal que quiera subir, que quiera vestir como los músicos, que intente acompañar con acordeón, y lo que no logra hacer con el instrumento trata suplirlo acompañando con su voz”, cuenta, y dice que el pequeño Gaspar intenta hacer en el escenario todo lo que hacen los músicos, no se despega de su instrumento.

Es la forma de entretenimiento de Gaspar, “es su juego, rara vez está con una pelota de fútbol o cualquier otra cosa, él siempre está acomodando su acordeón a su cuerpito, de hecho tiene dos, una la casa y otra en lo del abuelo”.

Por otro lado éste pequeño músico fue escuchando desde muy chiquito a quién es quién dentro del mundo de la música, y a modo de anécdota su padre relata que si él le dice que Antonio Tarrago Ros toma toda la sopa, Gaspar también lo hace, porque el propio Gaspar en su inocencia afirma que así tocará mejor su acordeón. Una historia de lo que se hereda, no se compra en ninguna parte…

 

(Julio Salinas para Paralelo 32)

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