(Por Esteban Seimandi).- Tal vez el nombre no suene demasiado, pero los que andaban escuchando música por los noventa seguro oyeron a Edwyn Collins. Lo más probable es que pocos sepan quién es y menos le conozcan la cara. Pero seguro lo escucharon cantando A girl like you. Una canción que nos recuerda muchas cosas buenas. Parece de un imitador de Elvis hijo ilegítimo de Iggy Pop y David Bowie que está cantando una canción de una película de James Bond dirigida por Tarantino.

Profundamente respetado en el ambiente por colegas, críticos y seguidores, el escocés Edwyn empezó su carrera en 1976 y no se quedó quieto nunca, entre sus ocupaciones se pueden contar: cantante, compositor, multi instrumentista, productor musical, productor de televisión y actor. Le sacó el jugo a su cerebro hasta más no poder. Casi literalmente.

Porque en 2005, el cerebro de Edwyn Collins no dio más. Casi literalmente. Dos derrames cerebrales masivos. Los doctores dijeron que, si llegaba a sobrevivir, poco iba a quedar de él. Y así fue: las dos bombas que explotaron en su cabeza lo dejaron sin poder caminar, sin poder mover los brazos, sin memoria y sin poder hablar, leer o comprender el lenguaje (afasia).

Luego de una operación en la que le salvaron lo que le quedaba del cerebro, Edwyn logró decir cuatro palabras: sí, no, Grace y Maxwell.

Edwyn no podía decir ni su propio nombre. Pero sí el de su esposa.

En los tratamientos de rehabilitación de la afasia, los médicos recomiendan darle tiempo a los pacientes. Y paciencia, como su nombre lo pide. No completarles las frases que quieren decir, dejar que encuentren el camino, estimularlos sin presionar.
Grace Maxwell hizo todo lo contrario.

Lo bombardeó con recuerdos, con estímulos, con música, con palabras. Edwyn no sabía cómo se llamaba, ni que había tenido un par de éxitos planetarios, no sabía que había llenado teatros o que sabía tocar la guitarra, el piano, el bajo y el violín. No recordaba sus canciones. Todo eso y quién sabe cuántas cosas más tuvieron que volver a entrar en su cerebro como la restauración de un back up del disco rígido de una computadora que mandamos a reparar. Y ese back up era la memoria de Grace.

Hoy Edwyn no solo recuperó la memoria y la capacidad de hablar. También, en el camino, se convirtió en un ilustrador más que respetable (publicó un par de libros con sus dibujos de pájaros de Escocia). Pero, más que nada, volvió a cantar. Ya no puede tocar instrumentos porque tiene disminuidos los movimientos de la mitad del cuerpo, pero volvió a cantar sus antiguas canciones. Y a componer nuevas. Y a producir a otros artistas. Y a actuar en vivo. Su voz no es la de antes, pifia alguna nota como sucede en las mejores familias rockeras, parece un abuelo medio achacoso, pero sus canciones siguen recordando muchas cosas buenas.

Ya lleva editados cinco discos desde su recuperación. Tres con canciones nuevas y los otros dos grabados antes de los derrames.

Badbea, el último disco, aclamado por la crítica mundial, es una delicia de principio a fin. Como dice mi amigo Jorge, un disco para escuchar con whisky. Y si es escocés como el cantante, mejor.

Pocas cosas nos gustan más que encontrar pistas sobre el futuro cuando revisamos el pasado de alguien. Así, en biografías y crónicas, aparecen los llamados momentos decisivos, donde nuestros personajes admirados tomaron el camino que los llevaría a la cima o donde predijeron con exactitud lo que vendría. La verdad es que eso no sucede nunca. Nadie sabe lo que va a venir y las predicciones certeras solo se encuentran cuando se mira hacia atrás y vemos que lo que alguien dijo en un momento coincide casualmente con algo que sucedió después. Son nuestras enormes ganas de que exista una gran trama o un gran plan que podamos entrever lo que nos hace encontrar decisiones definitivas, predicciones iluminadas y grandes planes cuando revisamos el pasado de alguien. Nadie planifica tan bien y nadie sabe qué decisión lo ha llevado hasta dónde llegó. Lo único que nos lleva hacia dónde queremos ir es la persistencia. Las decisiones muchas veces son equivocadas cuando parecen acertadas o al revés. La insistencia te hace llegar, el ideal a grandes rasgos. Luego, la suerte (o la mala suerte), el caos y la entropía se encargan de desviar los planes. Y, a veces, corregirlos.

Con esta salvedad, rescato una canción de su disco más vendido, (Gorgeous George, 1994) que podría ser vista como una premonición para Edwyn Collins, el escocés renacido:

And you’ve been down this road before
Which is not to say you’re bored
Or that you shouldn’t want for more
It’s just your expectations should be lower

(Y anduviste por esta calle antes.
Y eso no significa que estés aburrido
O que no debas pretender algo más.
Solo deberías bajar tus expectativas)

Me lo imagino cantándose estas palabras a sí mismo, advirtiéndose que no volverá a ser el de antes. Y su amada Grace, a prueba de todo, persistiendo. Hasta que él le cante con todo su vozarrón el estribillo de su máximo éxito:

Nunca, nunca, nunca, nunca, nunca conocí una chica como vos.

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