Dos expertos analizan las consecuencias de una bajante que alarma

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La actual bajante del Río Paraná está llegando a niveles preocupantes y constituye un acontecimiento histórico, pocas veces visto desde que se siguen registros de hidrometría en los puertos sobre sus orillas, hace más de cien años. Para conocer desde una perspectiva científica qué ocurre y, lo más importante, qué puede pasar en el futuro próximo, Paralelo 32 contactó a los investigadores Pablo Aceñolaza y Eduardo Pujato para que den sus pareceres sobre la situación actual.

Pulso de inundación

Aceñolaza describió que los sistemas fluviales del mundo, como el Paraná, tienen sus caudales asociados a las precipitaciones en las cuencas medias y altas. Esas lluvias, según la época del año, van a producir crecientes (inundaciones) o bajantes (estiajes). “La variación climática en nuestra zona está principalmente asociada a los eventos Niño y Niña”, aclaró.

La variación en los niveles hidrométricos, desde el punto de vista ecológico para la llanura de inundación, es lo que se denomina pulso de inundación. “El pulso de inundación es el principal parámetro en nuestra zona porque los ríos son una sucesión de distintos tipos de comunidades vegetales: en las partes altas, que llamamos los albardones, encontramos bosques, en las partes bajas están las lagunas y en las partes medias pajonales y arbustales. A cada una de esas zonas el agua llega con distinta frecuencia y se queda distintos tiempos. No es lo mismo recibir una inundación todos los años, como en las lagunas, que una gran inundación cada cinco o diez años que cubre los bosques”, describió Aceñolaza.

Poco frecuente

El investigador recordó que a nivel histórico, las bajantes como la actual no son muchas. “Por ejemplo, a fines de 1917, en la década de 1940. No son excepcionales, pero son poco frecuentes. Lo frecuente es inundación y bajante anuales, con período de aguas altas desde fines del verano hasta el invierno, y períodos siguientes de aguas bajas”.

Agregó que “así como tenemos bajantes extraordinarias, tenemos crecientes extraordinarias, como las de 1982/1983 y de 1997. Hay recurrencias anuales, interanuales y otras decánicas, cada diez años o más. La actual bajante no es anormal, pero es muy poco frecuente”, subrayó.

Incendios luego de las heladas

Aceñolaza se refirió a los condicionantes, principalmente climáticos, por la falta de lluvias en Brasil, en la cuenca alta; a los que se fue sumando con el paso del tiempo la influencia humana. Las represas en el Alto Paraná fueron acumulando y ya no liberan el agua de la misma manera que lo haría el río en la forma de pulso natural de inundación. “Esos dos factores están influyendo principalmente en el nivel actual del río. Cuando no hay más agua, queda más superficie susceptible de ser quemada o incendiada, sobre todo vegetación herbácea. Probablemente, cuando terminen las actuales heladas y se empiecen a secar las plantas en las islas, comience una secuencia importante de incendios, que traerá aparejada otra problemática, la liberación de anhídrido carbónico al aire como gas de efecto invernadero; también, la pérdida de algunos nichos ecológicos para animales”.

Reproducción de peces

Es fundamental para el ciclo de vida de los peces, sobre todo para la fase reproductiva, la presencia de inundaciones. “Si no hay inundación los alevines no se desarrollan porque necesitan de las lagunas. Con uno o dos años sin crecientes, con bajantes como la actual, vamos a ver camadas faltantes de peces que van a impactar a mediano plazo de manera muy importante en la dinámica de las comunidades de peces, porque al sábalo, que es detritívoro en las lagunas, lo consumen el dorado o el surubí. Si falta el sábalo, hay un efecto en cadena hacia la porción superior de la cadena alimenticia. Si no hay inundación no hay reproducción de peces. Eso trae aparejados problemas ecológicos y también sociales porque hay mucha gente que vive de los peces”.

Actividad del hombre

“A mediano y largo plazo, el río tiene variaciones muy amplias. Así como ahora hay una bajante extraordinaria, va a tocar, en no mucho tiempo, una situación contraria. No soy ni pesimista ni optimista con las variaciones naturales, pero hay que controlar las variaciones antrópicas, las producidas por el hombre. Hay que controlar las deforestaciones, que producen mayor escurrimiento del agua, incrementan la erosión. En toda la cuenca del Paraná está ocurriendo esto. El otro problema es el cambio de los regímenes de pulso por medio de represas, endicamientos, drenajes, polderizaciones, que ocurren tanto en la cuenca alta como en la baja, el delta. Esto lamentablemente, va convirtiendo los humedales en ambientes pampeanos”, desarmando sus ecosistemas, señaló Aceñolaza.

Brasil sin agua

Por su parte, en tono vehemente, el geofísico Eduardo Pujato alertó sobre lo dramático de la situación actual. Se opone a quienes plantean “que esto va a pasar, que es parte de la naturaleza, que nos vamos a olvidar, porque es no ver el panorama general”. Explicó que “Brasil está soportando una sequía histórica y ellos tienen un manejo hidrológico 20 o 30 años más adelantado que nosotros. Pero están sufriendo de forma terrible en la parte hidroeléctrica, y tampoco pueden abastecerse de agua”.

Subrayó que “es preocupante porque vamos a estar en el mismo problema que el año pasado con el agravante de ya no hay más recursos, porque ni siquiera se puede gestionar que Brasil largue agua, porque no tiene agua y no puede largar nada”.

Agregó que “el panorama es desolador, pero seguimos tirando las cloacas crudas al río, seguimos con pesca indiscriminada sobre todo en la zona de Victoria, y la captación de agua es algo que nos va a complicar muchísimo. Se mira para otro lado y pagamos las consecuencias”.

Julio, mes crítico

Pujato aseguró que “julio será un mes crítico, el peor mes de los últimos años, y se corre un serio peligro de desabastecimiento del agua”. Dijo que no hay pronósticos de repunte hidrométrico en lo inmediato, “dada la escasez de lluvias en las cuencas de aporte al río en los próximos días. Pocos hablan en los medios dada la incertidumbre general, pero todos tienen claro que poco se puede hacer y menos aún se puede prometer, ya que es un fenómeno natural y afecta mucho a muchos lugares. Somos una provincia dependiente del agua. Por el turismo por ejemplo, con un crecimiento enorme, por las industrias que se instalan, por la producción agrícola también. El problema es mucho más grande de lo que parece”, agregó.

Sin soluciones a corto plazo

“Se está muriendo el río, porque aparte de la permanencia de la bajante, se produce la falta de oxígeno y se pone en riesgo la vida en el río. Hay contaminación, no hay tratamiento de cloacas, hay una sumatoria de cosas. La culpa es de todos. En Brasil desforestaron, está el avance de la soja y la ganadería. Nosotros también hicimos lo mismo. Seguimos desforestando en los pocos lugares donde aún quedan árboles. Todo eso desregula el clima. Al problema no lo podemos resolver en el corto plazo”, dijo Pujato. “Estamos al borde de una extinción a nivel global, no es solo de acá el problema. Hay que reaccionar a tiempo. La tierra ha pasado por muchos procesos de sequías, hay pueblos que se han extinguido incluso a lo largo de la historia. Pero siempre se patea la pelota para adelante y no se buscan soluciones que terminen con los problemas de raíz”, finalizó el entrevistado.

Cambios permanentes en las islas

Aceñolaza señaló “otro efecto de los más graves”, es que si no hay inundación el sistema empieza a transformarse en sistema de tierra alta no inundable y pierde la secuencia de comunidades de plantas. “Entonces, lo que uno reconoce en las islas como una estructura de bosques, pajonales y lagunas, se puede convertir en grandes arbustales o bosques mucho más extendidos. Bajantes extraordinarias y prolongadas pueden cambiar para siempre la fisonomía de las islas” y se deja de reconocerlas con sus estructuras actuales de bosques, pajonales y lagunas.

Cambio climático y acción política

Para Pujato la crisis hídrica del Paraná es parte del cambio climático. “Esto va a empeorar; el panorama regional de Brasil, Paraguay y Argentina es profundamente preocupante”, destacó. Criticó las acciones que se toman en la provincia: “El gobierno provincial hace macanas, desmanteló instituciones, paga mal a profesionales que son muy buenos y se van. Ponen a cargo de reparticiones a personas sin preparación, entonces muchos que toman decisiones no están capacitados para hacerlo”, finalizó Pujato.

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