Diseño a mano, con la huella en la suela

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Para encontrar los primeros vestigios del calzado en la historia nos tenemos que remontar más de 10.000 años atrás. Dada la sencillez de la elaboración, no resulta sorprendente que el primer calzado del que se tiene constancia son unas sandalias egipcias trenzadas con juncos.

Al igual que otras muchas prácticas y costumbres, en el mundo de los zapatos de mujer debemos mucho a la influencia de civilizaciones antiguas. Un buen ejemplo de ello pueden ser esas sandalias planas que usaban las mujeres egipcias, eminentemente prácticas, se usaban a modo de protección en terrenos agrestes o sobre la arena ardiente. Dejaban el pie prácticamente al descubierto, una característica que supieron aprovechar las mujeres, adornándolos con joyas. En la tumba del faraón Tutankamón se encontraron las primeras sandalias adornadas con detalles de oro.

Estas primeras sandalias no solo cumplían la función de proteger los pies. Ya desde estas épocas antiguas, el calzado revelaba detalles sobre la posición social de quien los llevaba, y durante muchos años las sandalias han denotado alternativamente símbolos de prestigio o pobreza, castidad o coquetería. En la Edad Media por ejemplo, los monjes franciscanos usaban sandalias de madera como signo de desapego hacia los lujos terrenales.

Dentro de la gran variedad de estilos que existen de zapatos planos, como son los mocasines o loafers, las mulés o babuchas, los slippers… hay un tipo bajo que destaca por encima de todos y representa a la perfección la esencia femenina en el calzado sin tacón. Hablamos de las bailarinas, con un estilo muy marcado y fácilmente reconocible.

El origen de las bailarinas proviene del calzado que se usaban en las obras de ballet clásico. Con algunas diferencias respecto a las actuales, este tipo de calzado lo empezaron a usar en las representaciones de ballet a principios del siglo XIX. Un estilo de zapatos de plena actualidad, que en realidad tiene una antigüedad de 200 años.

Muchos diseñadores de calzado, especialmente en lo referente a los zapatos de mujer, siempre han encontrado inspiración en el mundo de las artes. Las originales zapatillas de ballet dieron el salto a las calles en la década de 1940, cuando al delicado calzado que usaban en los escenarios se le coloca una suela rígida que las hace mucho más duraderas y practicas para usarlas como calzado de calle. Poco más tarde la tendencia de las bailarinas se popularizó a través del cine de la mano Audrey Hepburn, calzando unas cuando protagonizaba la película «Sabrina», motivo por el cual, muchas personas usan el termino sabrinas para referirse a las bailarinas.

Ponerle alma al pie

Raiza Rangel nace de la mente creativa de sufundadora, quien, siendo arquitecta de profesión, se apasiona por la moda en tierras extranjeras, haciendo vida en Italia y Nueva York.

Se tomó su tiempo trabajando con marcas de éxito mundial tanto europeas como americanas y asi esa pasión creció mucho más. Su pasión es tan grande que su mente y su placard esta invadido de zapatos y hay dibujos de zapatos por todos lados a su alrededor. Luego de varios años de estudio impulsó la creación de su marca personal y así materializó, en Argentina, lo que antes eran solo ideas.

«Nuestras colecciones -explica- son fabricadas en cantidades limitadas a fin que las mujeres que lleven unos zapatos de la marca, tengan la certeza que serán únicas por donde caminen. Y es que cada mujer es única y sus zapatos deben ser así también. Nos ocupamos por ofrecer colecciones inspiradas en la mujer contemporánea, trabajadora, que quiere destacar y para lograrlo nos apoyarnos en expertos artesanos zapateros e invertimos en materiales naturales de primera calidad».

Esa pasión que la capturó desde niña (cuando en sus juegos calzaba los zapatos de su mamá) se mantiene y esta latente en su dia a dia cuando diseña, innova, produce y vende calzados de dama buscando la comodidad con un estilo único y que no se repite.
Su trabajo respeta los materiales. Los elige por placer bajo la idea que baila en la cabeza, cuando llega a sus manos, esa palabra que escucho poco, pero reveencio, la pasión convierte esa maqueta mental en una arquitectura esculpida honrando al material y a la imaginación.

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