Juan Carlos de Pablo tomó café con todos los ministros de Economía desde Cafiero (1975) hasta hoy. “Salvo entre Lavagna y el gobierno de Macri”, aclara. Los conoció, los entrevistó y los estudió. Liberal, didáctico, irónico y descontracturado, se burla de los economistas que hacen pronósticos. “Sabemos poco”, sostiene. “Desde diciembre de 2015 convive en mí la preocupación profesional con el optimismo ciudadano”, aclaró en la entrevista que le realizó Visión Desarrollista en el marco de una charla de la Fundación Frondizi; de la cual compartimos un fragmento.

Cambiemos intentó salir de los desequilibrios heredados del gobierno anterior con un enfoque gradualista, pero no funcionó. ¿Cómo ves la situación actual?

En Argentina no hay un solo ejemplo exitoso de gradualismo. Todos los programas que funcionaron fueron de shock. Y solo uno fue recesivo: el de 1959. Y lo fue por un problema de credibilidad inicial. Todos los demás fueron reactivantes. Funcionaron todos y ninguno fue eterno. Hay que aprender de esto. Me parece que lo que pasó fue que competían en la influencia del presidente los que decían “es ahora Mauricio, hay que hacer el shock” y los que lo endulzaron con el gradualismo. Y ganaron esos.

Si no hay antecedentes de un modelo gradualista exitoso, ¿por qué se optó por este camino?

Es como si consultaras a dos médicos. Uno te dice: “Déjate de joder, larga el asado y el helado”. El otro te dice que no es grave, que con tomar algo y comer menos vas a estar bien, pero podés seguir con el asado. El segundo te parece una maravilla y capaz que no tiene idea. Un tipo que habla con voz seria, pero no dice nada concreto… ese tipo es un poeta.

¿Pero se podía prever?

El tipo que tiene a cargo la responsabilidad de la política económica le tira con todo y, después, ¿sabés que hace? Reza. Sabemos poco. Que hablemos mucho y con suficiencia no quiere decir que sepamos. No hago apología de la ignorancia, pero me mato de risa de la pseudosabiduría. A mí me molesta cuando un tipo dice “sin lugar a dudas”. Yo estoy lleno de dudas. O un funcionario que dice: “No me preocupa la deuda”. Bueno, a mí me preocupa que a vos no te preocupe. ¿Se entiende?

¿Qué opinás de los que dicen que el problema del gobierno empezó cuando anunciaron los cambios de las metas de inflación?

En la conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2017 se habló más de que [Marcos] Peña ninguneó a [Federico] Sturzenegger que del problema de fondo. La sustancia era que la meta de inflación es conceptualmente una estupidez en Argentina. Tenías números absurdos y jugaste a números un poquito menos absurdos. Si son economistas, tienen que entrenarse para ir la sustancia no estas boludeces.

¿Dónde hay que enfocarse para estabilizar el país, en el déficit fiscal o el déficit comercial?

En política económica hay una sola pregunta: ¿qué hacemos? Hay una discusión de si la cuestión fiscal y la cuestión externa son dos cosas diferentes o la misma cosa. Yo creo que ni una ni otra, que la política económica es una. Es muy importante la macro, que quiere decir juntar y coordinar los pedacitos, no que cada uno hace lo que le parece.

El ajuste es mala palabra en Argentina; nadie lo quiere hacer. Vos, sin embargo, lo ves como una necesidad. ¿Por qué es tan resistido?

Es un reflejo de quien tiene la manija.[El politólogo italiano Giovanni] Sartori recordaba un principio de la Revolución Gloriosa [que tuvo lugar en Reino Unido en 1688]: “No taxation without representation”. Es decir, que los únicos que pueden votar impuestos son los que los pagan. Hoy en Argentina deciden los impuestos los que son beneficiarios del gasto público. Tres de cada cuatro mangos que paga el Estado son gasto social. Los contribuyentes impositivos son varios millones, pero están mal organizados. Por eso los guerrilleros del gasto público siempre nos joden. El ministro mira los cortes y las marchas y no están los que pagan los impuestos, sino los que dicen: “Queremos más beneficios”.

¿Cuáles creés que son las prioridades para el desarrollo en el contexto actual?

Es una pregunta demasiado grande que nos pasamos discutiendo los argentinos sin resolverlo. Sí tengo para aportar lo siguiente: desde el punto de vista económico, tenés que hacer cosas perdurables y evitar las tentaciones. Pasa que es difícil.

¿Por qué es difícil?

Cuando viene un extranjero, yo le hago un gráfico con estimaciones del PBI desde 1875. Tuvimos épocas doradas de 6% de crecimiento anual promedio y después empezamos a tener oscilaciones fenomenales. ¿Y ustedes pretenden que tengamos políticas de Estado? Mi consejo es: “¿Quiere invertir acá? Lo felicito, busque una oportunidad de negocios que sea tan buena que sea a prueba de argentinos”. No funciona la sarasa y el discurso político de que “vengan porque es un momento de transformación”.  Te aplauden por educación, pero después no ponen un mango. Las teorías de que el problema es el populismo o el neoliberalismo no explican nada. Hablemos de cosas concretas: reforma laboral, por ejemplo.

Tenés una visión liberal de la economía, ¿se puede aplicar esa concepción de la política en un país como Argentina?

A mí no me hizo liberal la lectura de [Friedrich] Hayek o [Ludwig] Von Mises, sino las cagadas que se mandan los intervencionistas de acá. Maxicagadas. Acá no es un tema de escuela económica, sino de sentido común. Se hacen estupideces que cuestan mucha guita. Y ni hablar de la corrupción.  El sector público toma decisiones donde el privado no lo haría, porque no es su guita. Es así de fácil. Esa es la razón por la que en Argentina soy mucho más liberal que en Alemania. Capaz que los tipos cuidan más el mango allá.

¿Qué harías si fueras ministro de Economía?

La primera cosa sería hablar con el presidente. Parece obvio, pero cuando le preguntan a algunos colegas cuales serían sus primeras medidas, los boludos contestan. La política económica se da en un contexto político y en un escenario internacional, no es aislada. Vos traés lo tuyo, pero te tenés que adaptar a eso. Te tenés que adaptar al presidente y al resto de los ministros, que en muchos casos son enemigos naturales. Las razones por las que un ministro de Economía se inmortaliza son las razones por las que los otros ministros no se inmortalizan. ¿O conocés un gran ministro de Educación que haya cerrado escuelas? En condiciones normales, el presidente de la Nación está con los otros ministros. Es cuando se pudre la cosa cuando está del lado del ministro de Economía.

¿Qué política adoptarías para apoyar a las PyMEs?

Si tenés una PyME, lo primero que querés es que el Estado no te ponga obstáculos. La energía que un empresario tiene que gastar en impuestos, trámites, aduana, formularios… ahí tenés un montón de cosas. Hay que dejarlos hacer. Mis héroes son todos aquellos tipos que se levantan a la mañana y no saben qué van hacer para llevar a la familia para comer a la noche. Un tachero, un mozo de bar, un comerciante. ¿Querés ayudarlos? Simplificales la vida.

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