Conectividad: un bien de mercado que el Estado no asegura pero exige

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Victoria.- En varios ámbitos de la educación ya se habla de la llamada ‘presencialidad plena cuidada’, definición que marca una serie de cuidados basados en el uso de tapabocas, higiene de los lugares comunes, ventilación, y distanciamiento (menor al establecido en la primera ola de contagios) que asegurarían la vuelta a la normalidad en el cursado 2022.

Sin embargo, en los días institucionales de varios lugares de la provincia, se empezó a discutir otro tema, que va de la mano del sostenimiento del vínculo educativo: la virtualidad pedagógica a partir de la conectividad.

No son pocos los docentes y alumnos que seguirán sin poder retornar a la presencialidad tan anunciada, teniendo que adaptarse a como dé lugar. En el caso de los alumnos, el nivel de deserción en algunos departamentos es preocupante (por más que el estado nacional haya anunciado que se recuperó el grueso de los estudiantes). Incluso en la capital entrerriana es muy distinta la realidad si se mira desde las escuelas de mayor matrícula y preponderancia a las que están ubicadas en barrios marginales, o en las ESJA, de jóvenes y adultos, donde se registraron casos del 50 por ciento de abandono, espacios donde la conectividad pudo haber sido un puente de recupero de esa matrícula, si el Estado lo hubiera propiciado con más empeño. No hablemos del ámbito privado porque la brecha es más significativa.

¿Qué pasa en Victoria?

En un sondeo preliminar hemos podido saber que hay lugares como el Quinto Cuartel —por no trasladar este indicador a la zona rural, donde es más crítico el panorama— en cuya plaza, a menos de cien metros de la escuela Florentino Ameghino, ya no hay señal de Internet. Los docentes no pueden valerse de los datos para pasárselos al alumnado, porque prácticamente les durarían minutos.

Así que esa innovación multimedial de los contenidos queda relegada. Los mismos docentes a los que consultamos se lamentan de no poder hacer uso de esos recursos en la medida que quisieran, porque la gran limitación es la conectividad.

Desde el ámbito gremial, el secretario general Sebastián Menchaca dijo a Paralelo 32: “La conectividad la pagan las instituciones, porque el Estado no la cubre. Son esfuerzos de las cooperadoras, el kiosco de la escuela, etc. Sí hay cosas que seguirán en modo virtual, como por ejemplo los concursos para supervisor, y los institucionales se sugirió que sean mixtos, porque sigue habiendo personas encuadradas en el grupo de riesgo, que hoy es una franja menor respecto de esa Resolución 156, hoy derogada por la nueva 230/22”

Si trasladamos esta variable a los alumnos, el entrevistado menciona que “el panorama de conectividad es peor. Hay que recordar que en medio de la Pandemia por Covid 19, el Estado interviene a las empresas prestatarias del servicio congelando las tarifas, y fue a partir de allí que comenzaron los problemas de internet en las escuelas y hogares. Además, cuánto le puede durar tener datos en el teléfono a un chico/a”

Menchaca no duda en afirmar que fue crítico respecto del trabajo en plataformas virtuales. “Porque no todos podían acceder a ese servicio. Cuando hablábamos de pandemia, todos estábamos preocupados porque nadie quede afuera del sistema. La idea era que estuvieran todos contenidos, que siga la equidad. Pero era evidente que una franja de la población no iba a acceder si se lo vinculaba por Zoom o Meet; ¿qué hizo el Estado? Poco y nada”.

Recordó que recién en 2021, porque se continuaba trabajando en burbujas, los docentes comenzaron a percibir un plus por conectividad, que no superaba los tres mil pesos, pero remarcó “había muchos docentes que no tenían recursos tecnológicos para hacer frente a esa demanda. La mayoría se defendía con el teléfono (y allí se generó otro problema con la capacidad de los equipos, porque no todos tenían una capacidad acorde para bajar aplicaciones —N. de R.), y el plan para la compra de computadoras, también fue algo complicado de valorar porque era un subsidio para comprar una herramienta de trabajo”.

Sobre su experiencia puntual, dijo que “la conectividad en ese período en que se propició no fue buena, no se escuchaba bien, se pixelaba; y la plataforma Manso muchos de los chicos no la comprenden del todo, más allá que estén familiarizados con la tecnología actual, y en el caso de los docentes también genera complicaciones; pienso que debería empezarse a pensar en una formación en tal sentido, porque con cursos y demás instancias, no alcanza”.

— ¿Por qué entonces hay afirmaciones tan taxitivas sobre la posibilidad de la presencialidad plena para 2022?

— “Es un mero discurso mediático, todavía hay grupos de riesgo (en la docencia y en el alumnado), hay chicos que quedaron con secuelas, o en su entorno persisten secuelas en algún familiar y probablemente se siga trabajando de otra manera. Pienso que hay tal presión social porque la presencialidad sea una realidad, además ante el panorama que estábamos la presencialidad era lo de menos, había que cuidar otras cosas, este virus no se fue y seguimos complicados. No sé qué pasará con los no vacunados, el CGE no se expidió todavía al respecto”.

En cierto momento se acuñó el término Nativos Digitales, para hablar de esta generación donde los recursos tecnológicos están presentes desde muy temprana edad en nuestra sociedad. Hoy esa afirmación está siendo atacada desde los ámbitos comunicacionales más críticos, dado que se interpretó que ser contemporáneos a ese cambio de paradigma no asegura su apropiación, ¿pasa algo de eso en la escuela?

— “El tema conectividad es complejo, y tiene visos de ficción. Antelo, el Quinto Cuartel, escuelas rurales en general tienen un problema de conectividad y el Estado no se hace cargo del servicio, pensemos que hoy un gran número de trámites escolares están mediados por este recurso (licencias, planillas, bajas y altas, concursos, las notas, etc.); y sobre esta cuestión de ser nativos digitales, no es lo mismo nacer en una villa que en plena capital de Buenos Aires, los conocimientos disponibles y tecnológicos, son distintos. Pero más allá de eso, aquellos que están rodeados de tecnología han atravesado problemas para conectarse a la plataforma Juana Manso, no la entendían”.

Reflexión

Esta aproximación pone énfasis en un punto que parece solaparse al momento de hablar de la educación pública como tal. Sabemos que hay instancias de aproximación, docentes que trabajan en la apropiación de recursos para que lleguen al aula, y de otros que incentivan su uso para que la experiencia de aprendizaje se potencie. No es una crítica a ellos sino a esa base de sustentación que no termina de darse, y que los fuerza a transitar los caminos de la improvisación y la decepción. No se trata de resultados, sino de nuevos abordajes. Como en gran parte de las cuestiones públicas, es tiempo de sincerarse y aceptar que hay cosas obsoletas y otras tantas con fecha de caducidad.

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