Cómo fue el proceso de aprendizaje el año pasado y los desafíos actuales

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La deserción escolar ha sido un problema durante la pandemia y las concomitantes clases virtuales. Sin embargo, éste no ha sido el único aspecto negativo que ha sufrido la educación formal. A más de un año del comienzo de este caótico escenario, la psicopedagoga Jenifer Borches, que además de su trabajo de consultorio forma parte del equipo técnico del Servicio de Apoyo Interdisciplinario Educativo (SAIE) de Gualeguay, habló con Paralelo 32.

“Lo ocurrido el año pasado afectó a los chicos en el proceso de aprendizaje. Esto sucedió, más que nada, en los años bisagra; por ejemplo, de jardín a primero y de sexto de primaria a primer año de secundaria”, comenzó la profesional.

“Continuando con el ejemplo, los chicos que el año pasado debería haber transcurrido el primer año de primaria, realizaron un salto inmenso de jardín a segundo año de secundaria, básicamente. El año pasado no todos siguieron el esquema de la escuela y este año eso se está viendo”, señaló.

“A todo esto se le suma el actual modelo: cuando por fin los chicos logran, más o menos, habituarse, se encuentran que, de repente, a la semana siguiente no tienen clases. La semana siguiente a esa se vuelve a arrancar de cero”, dijo. Además, añadió: “Por supuesto que esta lógica también afecta a los docentes”.

Los hábitos afectados

“Tenemos un problema”, marcó Borches. “A los chicos les enseñamos siempre a compartir. O sea, si un compañero no tiene, le decimos que hay que prestarle; que, si el otro no tiene merienda, es bueno compartir. Ahora, desde los actos, les tenemos que decir que no deben compartir, que cada uno debe tener sus propios elementos”, continuó.

Sumado a lo anterior, agregó otro ejemplo: “Las maestras también están atadas de manos. La contención que antes se solía hacer con un abrazo, con ponerle una curita al niño o cualquier cosa básica del estilo, ya no se hace. Todo eso tan arraigado que teníamos, de golpe, debemos abandonarlo. Ahora estamos, cada uno, separados por una distancia de un metro y medio”.

—¿Cómo se han adaptado los estudiantes de primaria a estos nuevos hábitos?

—Se han adaptado con bastante naturalidad. El miércoles me tocó realizar una observación en jardín y vi cómo los nenes salían y se ponían, automáticamente, el tapabocas. Lo realizaban de forma automática, sin que nadie se los indicara. También, armaban la fila con la distancia que correspondía. Considero que, a nosotros, los adultos, nos cuesta más respetar los nuevos protocolos que a los niños.

—¿Hay estudiantes que todavía no han asimilado los conocimientos del año anterior y aun así pasaron de grado?

—Sí, eso se nota muchísimo. El 2020 fue un año de transición donde se hizo lo que se pudo. Los chicos hicieron lo que pudieron y con lo que pudieron. El 2020 mostró que hay chicos que tienen Internet, computadora y accesibilidad, pero otros que no. En Victoria hay chicos que no tienen ni recursos económicos ni cognitivos, a nivel familiar. Con base en lo anterior, se ve que hay padres que no cuentan con dinero suficiente como para pagar Internet, o que no han terminado ellos la secundaria y no pueden ayudar a sus hijos. Todas estas circunstancias llevaron a la frustración. Llegó un momento del año pasado, en junio o julio, en que los padres empezaron a decir: “Que repita, yo ya no puedo más, no estoy preparado”. Hay que tener en cuenta que muchos padres atravesaron situaciones socioeconómicas muy bajas.

En relación a este año, la psicopedagoga explicó: “Estamos trabajando de forma articulada con el año anterior. Estamos retomando lo que debería haberse aprendido el año pasado, tratando de avanzar con lo nuevo y hacer un andamiaje. Asimismo, vamos a tener que plantearnos cuáles son los contenidos prioritarios: qué es lo que el chico necesita saber de este año. A partir de eso, debemos continuar. Este año no podemos decir: que salga lo que salga”.

Otro de los aspectos que distinguió, y sobre los cuales según su opinión la escuela deberá trabajar, fue la diferencia entre los conocimientos de un alumno y otro. A este respecto, sostuvo que éste será uno de los principales desafíos de los docentes durante 2021. “2020 fue un año complicadísimo para todos: docentes, padres y chicos. Todos tuvimos que aprender. Espero que en 2021 se vea más valorado el rol del docente. Por otro lado, es importante respetar los tiempos de los chicos, que van a aprender en un tiempo diferente”, concluyó.

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