Victoria.- Carlos Alberto Sánchez Boado nació en Victoria. Treinta años después, se dedicó a viajar. Empezó recorriendo Sudamérica y ahora le es casi imposible narrar todos los lugares que visitó sin que el diálogo se diluya en una interminable enumeración.

El año pasado, el comienzo de la pandemia lo sorprendió en Suiza. Por un momento barajó la posibilidad de volverse a Argentina. Sin embargo esa idea no le duró demasiado. Carlos decidió seguir viajando, después de todo ése es su sueño.

“Así como el sueño de muchos chicos es ser futbolistas, el mío siempre fue viajar. Mi primera idea era ir hasta México y luego volver. Obviamente, nunca llegué a México ni nunca volví. Arranqué para cualquier lado y la vida me fue llevando. Una vez que empecé a viajar, no pude parar”, contó.

Casi toda Sudamérica, la península balcánica, India, Nepal, Rusia, Inglaterra, Egipto, Israel, y un largo etcétera, son algunos de los lugares en los que vivió Carlos. Siempre durante tres meses y por medio de trabajo voluntario donde se le paga con techo y comida.

El comienzo de la pandemia

Como habíamos dicho, el año pasado la pandemia sorprendió a ‘Carlitos’ en Suiza. “Pasé el principio de la pandemia en Suiza y fue un paraíso porque estaba todo súper controlado. Así que ni viví el Coronavirus, porque allá la gente por sí misma tomaba los recaudos normales de distancia y demás, pero se hacían fiestas, podías ir a nadar, a los parques y demás”, narró.

Actualmente está en el sur de Italia, precisamente en Sicilia. “Creo que me voy a quedar acá por lo pronto el verano, ya no quiero más frío”, comentó. Ese “creo” del comienzo de la frase anterior se debe a que su filosofía de vida consiste en no planear las cosas y dejarse llevar.

“Estoy en un pueblo muy chiquitito. Acá la gente es como una familia, todos saben todo de todos. Me quieren mucho y son unos divinos”, dijo.

Quietud en movimiento

Ahora Carlos busca lugares tranquilos como el campo y las montañas para quedarse. Los voluntariados que realiza son al aire libre, en la naturaleza y en soledad. No siempre sus viajes buscaron esa paz, pero ahora cambió de estilo y prefiere, casi irónicamente, la quietud.

“Estoy bien tranquilo. No sufrí la pandemia. Me aislé en las montañas, en la nieve, en Bosnia. Después en la casa de unos amigos, en el campo. Gracias a Dios nunca sufrí el Coronavirus. El único momento que molesta es cuando, cada tres meses, me tengo que mover y hacer el PCR, que es carísimo. Creo que he gastado más plata en hacerme los PCR para cruzar la frontera que en cualquier otra cosa”, desarrolló.

“Mi estilo de vida me ha llevado al medio de la naturaleza. Entonces, he estado aislado, pero por voluntad propia”, aclaró. “Por lo pronto estaré acá en Sicilia, luego no lo sé. Les contaré el año que viene. Realmente no tengo una decisión tomada. Cuando me enteré lo de la pandemia no me sugestioné. La gente habla, pero yo no soy de escuchar esas cosas. Con las redes sociales es imposible no leer sobre esto, pero no le doy mayor importancia. A mí no me interesa volverme loco por cosas que no vivo. Gracias a Dios no he padecido la pandemia y no me interesa andar prendido a las redes sociales, mi vida va por otro lado. Obviamente, siempre tomo los recaudos de distanciamiento y mascarilla”, concluyó.

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