Chubut: megaminería, impacto ambiental y rebelión

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Por Hugo Schira.- En Chubut, el debate sobre la megaminería estalló en rebelión popular cuando grandes manifestaciones terminaron en graves incidentes la semana pasada. A raíz de ello el gobernador Mariano Arcioni y los legisladores decidieron derogar la ley que generó el conflicto y convocaron a un plebiscito en 180 días, para que confirme o rectifique la propuesta de zonificar la provincia para proyectos mineros.

La ley derogada establecía zonas especiales en lugares como Telsen o Gastre para minería metalífera química, de plata, cobre y plomo, como excepciones a una norma de 2003 que prohíbe la llamada megaminería y el uso del cianuro.

Chubut tiene recursos hídricos escasos, agravado por los abusos durante décadas del sector petrolífero. Sobre la meseta patagónica fluye el principal sistema fluvial: el río Chubut. Hacia el sur, están el río Sengerr y los lagos Musters y Colhué Huapi. Este último desapareció en las últimas dos décadas, dejando una gran duna de tierra y arena. Tampoco fluye el río Chico, que fuera nexo entre el sistema lacustre Musters-C. Huapi y el río Chubut.

Al anunciar la derogación, Arcioni planteó a la sociedad chubutense “cómo damos trabajo a quienes no lo tienen, cómo generamos inversiones para industrializar nuestra producción, con qué recursos mejoramos nuestra educación, nuestra seguridad y nuestra salud”.

Durante las últimas décadas, Argentina se vio inmersa en un proceso de profundo extractivismo de recursos naturales, con promesa incumplida de desarrollo y riquezas. El resultado dejó un fuerte impacto ambiental, como en Chubut, donde se libra hoy una de las grandes batallas de cara al futuro de la Argentina: qué tipo de desarrollo y a quiénes beneficia, cuánto cuesta y quién paga la factura ambiental.

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