En vísperas de la octava ronda de negociaciones con Bruselas, el primer ministro británico Boris Johnson advirtió que no se debe excluir la posibilidad de un divorcio sin acuerdo e insistió en la necesidad de conseguirlo antes del Consejo Europeo del 15 de octubre.

«Si no nos ponemos de acuerdo para entonces, -15 de octubre- no creo que vaya a haber un acuerdo, deberíamos aceptarlo y dar vuelta la página», fueron las palabras de Boris Johnson.

El Gobierno británico ha multiplicado los mensajes sosteniendo la tesis de que no teme la posibilidad de un «No Deal». El negociador británico David Frost, -en sintonía con Johnson-, afirmó que el Reino Unido no se convertirá en «vasallo» de la Unión Europea.

Es verdad que el bloque europeo precisa de al menos 11 semanas para ratificar un eventual documento, pero también con estas advertencias, Londres busca presionar a Bruselas para redactar cuanto antes un acuerdo con los aspectos menos controvertidos, dejando de lado los mas difíciles.

Reacciones de Bruselas

Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, reaccionó este lunes afirmando que el gobierno británico está legalmente comprometido con el acuerdo de salida del bloque firmado con Bruselas, condición previa para cualquier futura asociación.

Para los europeos, el Reino Unido se obstina en una posición intransigente. Michel Barnier, el negociador de la Unión, asegura que no habrá acuerdo comercial de no ser durable y justo en materia de pesca, terreno en el cual los británicos no han manifestado ninguna voluntad de avanzar, utilizándolo, al contrario, como mecanismo de presión.

Bruselas no quiere avanzar únicamente sobre los puntos que interesan al Reino Unido, ante el temor de que a última hora los negociadores británicos consigan imponer una serie de «miniacuerdos» que dejen fuera los aspectos que más preocupan a los socios comunitarios.

Temores europeos

Uno de los principales objetivos de los socios europeos es impedir que Londres utilice su salida de la UE para ofrecer a sus empresas ventajas competitivas respecto al mercado único. Esperan que los británicos se mantengan alineados con las normas comunitarias en materia de fiscalidad y subsidios, algo que el Reino Unido rechaza estimando que es algo que atenta contra su soberanía como país independiente. Durante la cumbre europea del año pasado en Bruselas, la canciller Angela Merkel pronunció una frase que tal vez viene al caso recordar : «Tendremos un competidor en la puerta», sostuvo. Una frase que, en pocas palabras, resume la inquietud de los europeos y lo que se juega con este divorcio.

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