No pudo contener su indignación, pocos días atrás, el juglar entrerriano Jorge Mendez. Supongo que hallándome en Entre Ríos no tengo que explicar quién es, aunque llevando un nombre y un apellido que pueden repetirse de a centenas en nuestro pago, solo agregaré que hablo del autor de tantas canciones que tarareamos aún sin saber quién las compuso. Para abreviar y quedarnos cortos: uno de los mayores exponentes de nuestra canción litoraleña.

Según pudimos entender de sus airadas expresiones en el sitio de Facebook de Santiago Rinaldi, fue un programa para niños en la Televisión Pública lo que colmó su tolerancia, porque se les enseñaba a los chicos el Martín Fierro adaptado al pretendido lenguaje inclusivo, y aquel verso tan conocido como repetido: “Los hermanos sean unidos” se convirtió en “Les hermanes sean unides”.

En una publicación posterior agradeciendo una cantidad enorme de adhesiones, volvió a decir que le “lastima el alma volver a hablar de esta irrespetuosa y antipoética versión Nac & Pop de un “revolucionario” idioma que se pretende meter en las inocentes cabecitas de nuestros candorosos niños como un necesario aporte cultural, ofrecido por la tv pública para que los gurises del litoral, los changuitos del norte y los pibes y pibas de la “Capi”, disfruten de un “cacho de cultura” en estos días de interminable cuarentena.

“Leen a mi amado Martín Fierro con una falta de respeto que me duele”, le dijo a Rinaldi antes de completar el sexteto que comienza con aquella estrofa, “les hermanes sean unides” y termina con “les devoran les de afuera”, y exclama: “¡Qué dolor, hermano, qué dolor!”

Méndez se pone irónico al decir que teme que se obligue a los chicos a cantar su Canción de Puerto Sánchez con estas deformaciones: “Por entrerriane, por paisane, soñador”…

Repasemos

Tiene razón en indignarse el poeta que compuso cosas tan bellas como “Puentecito de la picada” o “Canción de Puerto Sánchez”, y nació a la fama con lo más parecido a un himno de protesta: “Canción del jornalero”. Se trata, ni más ni menos, que del canal del Estado, donde vaya uno a saber quién (aunque es fácil sospecharlo) dio luz verde para que desde allí se predique un lenguaje llamado “inclusivo” propiciado por una minoría, si haber sido discutido en un congreso nacional de lengua ni aceptado oficialmente por la Academia Argentina de Letras. Es allí donde se deberían reescribir las normas gramaticales y ortográficas. No es potestad de un partido político, como tampoco puede haber un lenguaje de izquierda, otro de centro y otro de derecha.

Cuando José Hernández empleó algunas reducciones vocálicas, como “pacencia” en lugar de “paciencia”, y redujo algunas formas consonánticas escribiendo “vítima” en lugar de “víctima”, en su Martín Fierro, lo hizo para acercarse a la pronunciación del habla rural de la época. Es decir que así se hablaba y él adaptó, por excepción, su escritura. En cambio hoy nos quieren imponer “Les hermanes sean unides” cuando nadie, ni el gaucho ni el citadino, lo expresan de esa manera.

 

(Luis Jacobi)

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