Aprender de las lecciones de la historia

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Ladislao Fermín Uzín Olleros

Por Ladislao Fermín Uzín Olleros (Abogado).- Napoleón Bonaparte no pudo someter a Gran Bretaña, potencia marítima; antes había fracasado en la conquista del norte de África, con la que pretendía dominar esa parte del continente para lanzarse a la conquista de la India y ahogar al imperio británico; le siguió la campaña a Rusia, que le significó una durísima derrota a fines de 1812; Waterloo (Bélgica, 1815) implicó el derrumbe del Gran Corso y con ello de la ambición imperial que lo motivaba; moriría en 1821 en la isla de Santa Elena, dominio británico en el Atlántico.

Sin tomar nota de esos datos de la historia, Hitler se lanzó a la conquista del mundo y en 1940 sufrió la primera gran pérdida, la Batalla de Inglaterra (1940); su adlátere Hermann Göring –comandante de la Lutfwaffe- enderezó la actividad de la fuerza aérea alemana concentrando los ataques sobre Londres cuando debió hacerlo inutilizando las bases británicas del Canal de la Mancha donde estaban emplazadas los radares que anticipaban las incursiones de la aviación germana. Perdería el norte de África con las derrotas de Tobruk y El Alamein (1941-1942) y con la locura de la invasión a Rusia (Operación Barbarroja en junio de 1941) sellaría la suerte adversa y fatal para el III Reich; Stalingrado (agosto 1942 – febrero 1943) implicó la primera rendición de un ejército alemán en el curso de la II Guerra Mundial, con la capitulación de Friedrich Paulus; le siguió la derrota en la batalla de Kursk, el enfrentamiento de tanques más grande la historia (6.300) en julio-agosto de 1943, que facilitó el avance soviético hacia Berlín, alcanzando la victoria aliada en la capital alemana en los primeros días de mayo de 1945.

El militarismo japonés, creciente en la primera mitad del siglo XX, cuya cara visible fue el general Tojo (ejecutado en 1948 por crímenes de guerra), se expandió por gran parte del Asia para obtener recursos de los que Japón carecía y, ante los embargos de petróleo y sanciones económicas impuestos por EE.UU., no encontró mejor alternativa que el ataque a Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941), despertando un gigante que le significaría al Imperio del Sol Naciente la hecatombe de Hiroshima y Nagasaki (agosto de 1945).

El colonialismo francés padeció su humillación en la batalla de Dien Bien Phu (1954), generándose la República de Vietnam del Norte (comunista) y el Estado Vietnam del Sur, éste con preponderancia de la presencia de EE.UU. para impedir la unificación del norte con el sur; esta guerra culminó en 1975 con el retiro de los EE.UU. y la pérdida de alrededor de 60.000 vidas (la mayoría jóvenes) que explica –en parte- la negativa de Biden de enviar tropas a Ucrania, dada la impopularidad de esa guerra en la sociedad norteamericana, vívida en su memoria.

Más acá en el tiempo, el dislate trasnochado que incitó la Guerra de Malvinas (649 hermanos caídos), es otro testimonio de las consecuencias que apareja ignorar los datos de la historia, de la realidad del mundo contemporáneo y de la importancia que tienen para las potencias dominantes los enclaves geográficos (Malta, Gibraltar, Isla Ascensión, Malvinas, Isla de Pascua).

La invasión de Ucrania por la Federación Rusa ha provocado la reacción del mundo libre y ha despertado la reacción de un pueblo que se resiste a la dominación rusa sobre su territorio; hombres y mujeres del orgulloso pueblo ucraniano se han armado para luchar aun en inferioridad de condiciones, para no claudicar ante el atropello del invasor. Así fue como la invasión alemana generó el movimiento de la resistencia francesa (Francia Libre) que bajo la égida de Charles de Gaulle se opuso al gobierno títere de Vichy, y el país galo fue liberado de la ocupación alemana en agosto de 1944.

El avance ruso sobre Ucrania no está acompañado por la totalidad del pueblo ruso (en definitiva, hermanos de etnia con los ucranianos); la sanciones económicas motivan su descontento con las restricciones al retiro de fondos bancarios; la prohibición de eventos deportivos internacionales en territorio ruso (por casos, la suspensión del Gran Premio de Fórmula Uno, la prohibición de participación en el Mundial de Fútbol, las recomendaciones del Comité Olímpico Internacional); la expulsión de Rusia del “SWIFT”, sistema internacional para operaciones bancarias, con sede en Bélgica, que se rige por la legislación de la Unión Europea, que conecta más de 11.000 bancos en más de 200 países; y los altísimos costos de emprender y sostener en el tiempo la aventura bélica, habrán de aquejar severamente a la economía rusa; el gas que no exportará a Europa será abastecido por EE.UU., y China pondrá condiciones para comprarlo, seguramente a precios más bajos que los que pagaba Europa.

Vladimir Putin, cuyas capacidades para la política no se discuten, quizás debiera reflexionar sobre los ejemplos que enseña la historia.

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