Andrés Malamud en FARO 2026: por qué la distancia puede convertirse en una ventaja para los alimentos argentinos
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El politólogo analizó el escenario internacional de vacío de liderazgo, la fragilidad de las reglas del comercio global y las oportunidades que este contexto puede abrir para la agroindustria argentina. “La distancia era cara y hoy la distancia es segura”, afirmó.
Uno de los momentos centrales de FARO 2026 fue la disertación de Andrés Malamud, profesor de la Universidad de Lisboa y especialista en relaciones internacionales. En su charla “El mundo sin árbitro: qué es el G-Zero y por qué importa al agro”, analizó cómo la pérdida de liderazgo global modifica las relaciones entre países y plantea nuevos desafíos para la producción y el comercio de alimentos.
Malamud partió del concepto de G-Zero, formulado por el analista Ian Bremmer para describir un escenario en el que ninguna potencia consigue ejercer un liderazgo efectivo sobre el sistema internacional. En ese contexto, las reglas pierden capacidad de imponer límites, los acuerdos se vuelven más frágiles y las actividades productivas quedan expuestas a una mayor incertidumbre geopolítica.
“Los problemas se tienen que resolver por la fuerza de uno o por el acuerdo de dos, no por la decisión independiente neutra de un tercero”, sostuvo el politólogo.
Según explicó, la debilidad de los mecanismos de arbitraje internacional, como los vinculados a la Organización Mundial del Comercio (OMC), deja al comercio más condicionado por las relaciones de poder entre los países que por la aplicación de reglas compartidas.
En ese escenario, Malamud destacó la importancia de contar con mecanismos imparciales para resolver controversias. “La diplomacia es el second best. Si no podés conseguir lo mejor, que es un juez, conseguí lo segundo mejor, que es acordar entre las partes”, señaló.
Guerras sin salida y un mundo cada vez más incierto
El conflicto en Medio Oriente fue uno de los ejemplos utilizados para explicar las consecuencias de la falta de coordinación internacional. Malamud señaló que Estados Unidos intentó durante años evitar quedar atrapado en guerras prolongadas, pero volvió a involucrarse en un enfrentamiento con Irán.
En su análisis, advirtió sobre las dificultades de Washington para coordinar sus decisiones con Europa, las Naciones Unidas y los países árabes, en un escenario atravesado por intereses contrapuestos y alianzas cambiantes.
También puso el foco en la identidad persa de Irán y en las relaciones que el país construyó en la región. Desde esa perspectiva, advirtió que las grandes potencias pueden asumir elevados costos políticos, económicos y militares sin conseguir los resultados que buscan.
“En el G-Zero perdemos todos”, resumió.
Sin embargo, el especialista marcó una diferencia entre la seguridad internacional y la economía. Mientras los conflictos y las disputas entre potencias condicionan cada vez más las decisiones políticas, las relaciones comerciales mantienen su dinámica de interconexión.
La demanda de alimentos, además, continúa vinculada a factores estructurales, entre ellos el crecimiento y los cambios demográficos.
“La economía nos sigue interconectando aunque la política nos separe”, afirmó. Para la agroindustria, esta dinámica plantea una oportunidad: aun cuando aumentan las tensiones geopolíticas y aparecen nuevas barreras, las cadenas de valor internacionales siguen funcionando y sostienen la demanda de materias primas y alimentos.
Argentina, entre el equilibrio fiscal y la oportunidad agroindustrial
Al trasladar su análisis a la Argentina, Malamud se refirió a la situación fiscal del país en un contexto internacional en el que numerosas economías desarrolladas mantienen elevados niveles de déficit.
“Por una vez estamos haciendo lo contrario que el resto, no tenemos reputación para gastar, así que no nos queda más remedio que equilibrar”, expresó, en referencia al esfuerzo argentino por sostener el equilibrio de las cuentas públicas.
Pero su planteo incluyó otro factor que consideró estratégico para el futuro de la agroindustria: la distancia geográfica respecto de los principales focos de conflicto internacional.
“Lo que siempre nos perjudicó hoy nos beneficia, que es la distancia. La distancia era cara y hoy la distancia es segura”, afirmó.
La idea apunta a una transformación en la valoración de la ubicación geográfica. Si durante décadas la lejanía de los principales mercados representó un costo logístico para la producción argentina, en un escenario de creciente inestabilidad internacional también puede ofrecer una ventaja relativa por la distancia respecto de determinadas zonas de conflicto.
Para el sector agroindustrial, esta condición puede adquirir relevancia en un comercio internacional cada vez más influido por cuestiones de seguridad, abastecimiento y estabilidad de las cadenas de suministro.
El desafío para la Argentina no consiste únicamente en aumentar la producción, sino también en aprovechar sus recursos, desarrollar valor agregado y fortalecer su capacidad de abastecer mercados internacionales.
En un mundo con reglas más débiles y alianzas cambiantes, la capacidad de producir y exportar alimentos desde una región relativamente alejada de los principales conflictos puede convertirse en un diferencial estratégico. Ese fue uno de los ejes centrales del análisis de Malamud en FARO 2026.

