Hay que evitar la xenofobia. O el racismo, porque la mayor parte del mundo aún sigue asegurando que hay varias razas, y no una, la humana, a la que pertenecemos todos. Algo tan simple de explicar y muy difícil de entender para muchos. Aclarado esto, prosigo: la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC), a la que también se llamaba virus del Congo, convirtió en fantasmas a los congoneses ante el resto del mundo (utilizo el gentilicio «congoneses» en lugar de «congoleños», haciendo referencia a la expresión utilizada en uno de los primeros libros que me sumergió en la cultura de esas tierras —mejor dicho, su traducción: «Las Razas Humanas» de Federico Ratzel); y el Ébola (nombre de un río nacional) los transformó en demonios. «Una situación de mierda, nos discriminaban por portación de cara», me explicó un amigo de Kinshasa tras un partido de fútbol, hace algo más de cinco meses. Al nuevo coronavirus se lo conoce y reconoce como el virus de Wuhan, o incluso el virus chino (hasta escuché esa nomenclatura en algún que otro medio).

Hoy los chinos, mis amigos chinos, se ven discriminados. «Por ser chinos, no quiere decir que estemos infectados», dicen.

La cosa es que es inevitable. El hombre está en alerta constante. Y lee noticias, y las escucha, y las ve, y las comparte por Facebook, las tuitea. Hay miedo. Y los del Imperio Medio tienen razón, no por ser chinos están infectados; así como mi amigo congonés tampoco lo estuvo, así como en 1918 le pasó a los españoles, así como varios países sacrificaron miles de cerdos por temor a la gripe porcina. Son nombres, eso y nada más; pero no se puede evitar que la gente haga chistes, porque los seguirán haciendo. No se puede detener la producción masiva de memes, porque continuará creciendo.

No es el mundo contra China, es el planeta atemorizado. Como lo estuvo antes y lo estará después, como lo está hoy.

Fuerza Wuhan. Fuerza Hubei. Fuerza China. Y fuerza al mundo entero. En este cacho de piedra que flota en el espacio, nos subimos todos y no nos podemos bajar. Tampoco bajemos los brazos.

 

(*) Locutor nacional, oriundo de Crespo (ER), radicado en China.

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