Adoptaron cuatro niños y a casi dos años están felices por esa decisión

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Victoria (Por Santiago Minaglia – Paralelo 32).- Tener cuatro hijos no estaba en los planes de la familia Faccendini Kemerer, por lo menos no de un día para el otro. En realidad, para ser precisos, desde el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines de Adopción (RUAER), les dieron cuatro días para decidir si adoptaban a los cuatro hermanos en cuestión. Nelson tenía clara la respuesta, al segundo día se había decidido: no. Sin embargo, cuando atendió el teléfono, ya cumplido el plazo, dijo lo contrario: pronunció un rotundo sí. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

En primer lugar, su mujer, Alejandra, no dudó un instante. Por más que junto con el equipo de profesionales del RUAER habían establecido un perfil de hasta dos niños, cuando les comentaron que había una posibilidad de adopción que se pasaba “ligeramente” de ese perfil trazado, Alejandra estaba dispuesta a adoptar a los cuatro niños. De hecho, ella junto a otros familiares incentivaron a Nelson para que dé el sí. Y así lo hizo.

“Verla tan convencida a Ale me ayudó a tomar la decisión. Básicamente sentía temor de tomar una responsabilidad tan grande”, recuerda Nelson. A su vez, Alejandra señala: “En su momento nos decíamos que nada garantizaba que criar a dos chicos era más fácil que criar a cuatro. Eso nunca se sabe”.

Estefanía (12), Violeta (8), Julián (6) y Miguel Ángel (4) son los hijos de Nelson (45) y Alejandra (42). Los adoptaron hace dos años. El 12 de junio de 2019 los vieron por primera vez.

Nelson, oriundo de Victoria, nacido en zona rural aledaña a Antelo, se puso de novio con Alejandra en 2004. Ambos son ingenieros agrónomos y viven en Paraná. En 2016 decidieron comenzar los trámites para adoptar. Después de un año de entrevistas, donde los profesionales del RUAER los ayudaron a establecer el perfil de familia, los inscribieron en el padrón. Finalmente, en 2019, recibieron la propuesta de adoptar a los cuatro hermanos.

“La espera es angustiante, es un embarazo sin fecha de parto”, expresa Nelson. Luego, Alejandra aclara: “Desde RUAER buscan padres para los niños, no niños para los padres”.

El matrimonio destaca la importante labor del RUAER y enfatiza que el trabajo del organismo es de vital importancia. En este sentido, Nelson sostiene: “El trabajo del RUAER es esencial para que las vinculaciones sean exitosas”.

“Nosotros tuvimos la suerte de contar con un juez, Dante Command, muy comprometido con la causa”, comienza Nelson. “Conocimos a los chicos el 12 de junio [de 2019] y nos dieron la adopción plena el 20 de noviembre [de 2019]. Es decir, la intervención del juez fue ágil”, continúa Alejandra.

El cambio, claro está, no sólo fue para la pareja, sino también para los cuatro niños. Tal es así que, Julián, cuando vio su cama por primera vez, preguntó a sus padres, sin terminar de creer lo que veía: “¿Esta cama es para mí? ¿Este colchón es sólo mío?”. Por su parte, Estefanía, la más grande, tuvo que aprender a ser una niña y dejar de ser la protectora de sus hermanos. A Violeta le costó socializar y adaptarse, acostumbrada a encerrarse en sí misma ante situaciones de estrés, pero pudo mejorar eso notablemente gracias a la dedicación de la familia y a la escuela a la que asiste. En tanto, Miguel Ángel se apegó muchísimo a Alejandra. En definitiva, cada niño tuvo que acostumbrarse al cariño de familia y, además, al apoyo de toda una comunidad compuesta por la institución educativa a la que asisten y a los vecinos que tienen en el barrio.

“Tomar un remedio para ellos es un mimo, siendo que para otros niños significa un gran escándalo. Incluso, agradecen ir al médico, porque saben que uno los está cuidando”, enfatiza Nelson.

El bautismo

“Yo los voy a bautizar”, había dicho el sacerdote Héctor Trachitte cuando conoció a los cuatro niños. El padre Héctor, también, fue quien casó a la pareja. Si bien el primer plan era bautizar a los niños en Paraná, donde vive actualmente la familia, el cura propuso: “¿Por qué no los bautizamos en Antelo y, de paso, le damos una alegría a los abuelos? [Los padres de Nelson todavía viven allí]”.

Así fue. El domingo 20 de junio bautizaron a los cuatro chicos juntos en San Miguel Arcángel, de Villa Ángela (Antelo). Esperaron, otra vez, a que las medidas por la pandemia lo permitan y, ni bien pudieron, fueron con sus cuatro hijos al lugar de nacimiento de Nelson y los bautizaron.

“Salimos corriendo [risas]. Cuando nos avisaron que los podíamos bautizar, le pedimos lugar a Héctor y en seguida lo hicimos. No sabíamos si estaban bautizados y nos pareció un acto muy bueno hacerlo, incluso para ellos”, cuenta Nelson.

Llegado a este punto, Nelson dice que el principal motivo por el que aceptó compartir su historia con Paralelo 32 fue que la gente se anime a adoptar y que se derriben aquellos prejuicios de las personas para adoptar a niños no tan pequeños de edad. “Para ser sincero, yo mismo tenía miedo de adoptar niños de mayor edad. Cuando comenzamos las entrevistas con los profesionales del RUAER había dicho que la edad máxima que buscaba era cinco años, pero cuando empezaron a repreguntar el porqué, descubrí que tenía miedos infundados. Nosotros aceptamos las historias que traen nuestros hijos y las respetamos. Esto se nota, sobre todo, en Estefanía, la más grande, quien necesita ser aceptada con su historia. Ella contaba muchísimo lo que se acordaba, es muy importante hacerle saber que nosotros la respetamos y aceptamos”. Por último, Alejandra añade: “Hay que confiar en la resiliencia de los niños. Por otro lado, quiero agregar que cuando uno comienza el proceso de adopción no lo ve como algo lindo, se sale de las entrevistas algo angustiado. Sin embargo, después te das cuenta de que todo eso está bueno, porque es parte de lo que se tiene que trabajar para adoptar, y lo agradecés eternamente”.

En conclusión, el matrimonio expresa una grandísima alegría cuando habla de sus cuatro hijos. Nelson y Alejandra saben perfectamente que el desafío no fue sólo para ellos sino también para los más pequeños. Aunque es incorrecta esta diferenciación entre ellos y los niños, ya que ahora forman una única familia que fue posible gracias al interés de un juez que se involucró realmente en la causa y al profundo trabajo del equipo del RUAER. Por todo esto, la familia Faccendini Kemerer está eternamente agradecida.

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